CÉSAR: CAPÍTULO 3 ¿BAILAMOS?

Imagen JPEG-153A1B9AC583-1Unas palabras amables,

un libro cálido

y una sonrisa honesta

pueden hacer milagros.

(William Hazlitt)

Desayunaron en la habitación, como habían hecho tantas veces en su propia casa. Salieron para hacer compras a las 10 de la mañana. Un taxi esperaba a la puerta para llevarlos a “El Chiado” donde querían hacer las compras para vestir en la noche y de allí pasarían a “La Baixa” para sentarse en una terraza de la Avenida da Liberdade y luego ir en un taxi a comer a Lisboète. Hecha esta programación que recibieron al servirles el desayuno con todas las reservas, iban seguro a pasar un día diferente.

La noche anterior cuando llegaron al hotel, Roxana ya no quiso tomar ninguna copa, Jess se sirvió un whisky del frigorífico de la suite, dos botellines se sirvió. Fue a su habitación, se desnudó y salió a la sala donde le esperaba su whisky. Roxana lo llamó desde la cama para decirle gracias porque lo estaba disfrutando y que deseaba que durmiera en la cama contigua a la suya para no estar sola. Jess le dijo que no se preocupara que lo haría aunque estuviera durmiendo y las camas estaban juntas. Jess siempre dormía desnudo, lo sabía Roxana, pero también sabía que su hermano no la tocaría. Y así fue. Jess le dio un beso y le dijo que intentara dormirse.

Las compras no iban a ser muchas porque Jess había traído ropa negra de sobra, pero toda muy sport, él vestía habitualmente de jeans y se puso todos los negros, ya que los ensuciaba por no usar ropa interior. Se dejó vestir por Roxana, pero cuando iban a las pruebas, Jess le dijo a Roxana que no llevaba ropa interior y podría ensuciar las pruebas. Roxana salió y le dijo al vendedor que se agenciase un par de tangas o jockstraps lo más rápido posible para las pruebas y que lo anotase en la cuenta con todo. Lo más fácil es vestir a un hombre, pantalón negro, camisa blanca con una línea negra a un costado, corbata michi, chaleco que desechó Jess cosa que aprobó Roxana, y una chaqueta color crema suave.

Pasaron luego a una tienda de ropa para mujeres que no estaba lejos, esto fue más difícil, Roxana se probó más de veinte piezas y no le gustó ninguna, así que salieron a otra tienda y Roxana le decía a Jess que no se enfadara porque no encontraba lo que le gustaba y Jess contestó:

—Hemos venido a comprar nuestra ropa y compraremos lo que nos guste, así revolvamos medio Portugal y parte del extranjero.

La verdad es que Roxana quería escuchar una parida como esta a las que su hermano la tenía acostumbrada y le dijo:

— ¡Qué buen esposo harías!

— Lo seré y lo haré, un día vas a venir de madrina a mi boda con Miguel, verás que dos esposos más lindos.

— ¿Vais a casaros?

— No es lo nuestro pero es nuestra seguridad.

— Lo entiendo.

Entraron en otra tienda, y de nuevo a probarse de todo, pero había un vestido rojo que le gustaba a Roxana y, sabiendo que era solo para esa noche, miró el precio y dijo que no.

— ¿Por qué?, —preguntó Jess.

— Es muy caro.

— Te lo voy a regalar yo, es para tu hijo y para mi boda, —le dijo Jess.

— Entonces me hace mucha ilusión.

Salieron del mundo de la ropa y entraron en una zapatería. Ella encontró unos zapatos en rojo de tacón muy alto en rojo y negro y le pareció que sería lo ideal. Jess aprobó, pero no encontraba para sí lo que quería después de haber visto todo. El dependiente de la tienda con ánimo de servir preguntó:

— Si el señor me dice qué busca, igual se lo encuentro en alguna de nuestras tiendas de la ciudad.

— Busco unos zapatos que no sean de cuero ni formales, algo así  como zapatillas pero con horma de zapato en azul y los pasadores blancos.

— Se los puedo enviar a su hotel y si quiere estar seguro de su talla de pie, en media hora los tengo aquí.

— Ok, vamos ahí al frente y volvemos en media hora.

Entraron en la joyería que había justo al frente de donde estaban, Jess quería unos gemelos simples para su camisa. Encontrados los que le gustaban a Roxana, quiso regalarle a su hermana un detalle para su cuello. Le hizo cerrar los ojos y le colocó una de las joya de la Colección Deco de Daniel Espinosa en torno a su cuello, era en plata, oro y negro. Cuando Roxana abrió los ojos el dependiente tenía un espejo para que se mirase en él, a Roxana se le escaparon unas lágrimas y besó a Jess. El dependiente le dijo:

— Disculpe, señor, mi atrevimiento, mucho quiere usted a su señora.

— Usted no puede ni imaginárselo.

Las lágrimas de Roxana se convirtieron en un cúmulo de sonrisas alborotando todos los músculos de su cara. Jess, sin tapujos, le dio un discreto beso en los labios.

Mientras Jess estaba con el empleado pagando mediante la tarjeta y dando las indicaciones de dónde tenía que mandarlo de inmediato, Roxana se había apartado como quien ve cosas y al rato llegó ante ellos con una señorita que tenía una cajita ya toda ella envuelta y le dijo a su compañero que lo mandara todo junto, diciendo:

— ¡Ojo con esto, mucho cuidado!

El empleado que lo entendió al ver los documentos que acompañaban, dijo:

— Ya he avisado a Seguridad para que acompañen al mensajero.

Salieron de la tienda para dar conformidad a los extraños zapatos de Jess que quedó encantado con ellos. Y de allí se fueron a almorzar a Lisboète.

Tomaron la decisión de ir al Castillo de san Jorge para pasar la tarde hasta poco antes de cenar. Tarde se fueron al hotel para descansar media hora y tomar una ducha. Ya se estaban vistiendo y Jess había ayudado a Roxana a vestirse y cerrar el collar, cuando se puso su corbata michi, entonces Roxana sacó la cajita y se la dio a Jess que la abrió y vio un diamante azul incrustado en una aureola de plata. Se quedó mirando a Roxana y ella se lo colocó justo en el centro de su corbata michi.

Salieron a cenar en taxi a Bica do Sopato y para el resto de la noche fue un chico muy guapo a recogerles para introducirles en Lux-Frágil. Estaban encantados de la buena coordinación. Pasaron por un detector de metales, que sonó pero eran las joyas, se dio cuenta la señorita del control y no tuvieron problemas, entonces Jess pidió para guardar algo en caja fuerte, firmaron unos papeles y entregó su billetera. Tenían en el salón de abajo, donde estaba la sala de baile, dos lugares reservados. Tras dar las gracias a quien los acompañaba y darle discretamente su propina se acercó un camarero. Pidió Jess dos copas a gusto del maestro coctelero, indicando que mas tarde ya elegirían otras de la carta, si se terciaba.

Jess miraba complacido el lugar, veía chicos guapos, había buen ambiente y de mucha distinción, le hizo comprender todo el barullo de la puerta. Roxana se levantó y le dijo:

— ¿Bailamos?

Nada deseaba más Jess que darle gusto a su hermana y bailaron los dos, pero Jess sudaba y cuando cambiaron la pieza, se sacó su chaqueta y la dejó en su asiento para seguir bailando con Roxana, entre bailes y refrescos pasó la noche Roxana. Jess pidió un bourbon doble y seguía bailando. A las 5:00 de la mañana tenía su camisa sudada y le molestaba y preguntó a su camarero si había camisetas para comprar y el mismo camarero le contestó que no, pero si le molestaba la camisa se la podía quitar. Jess bailó tres piezas con Roxana sin camisa dejándose colocada la corbata michi con el diamante en su cuello. Con el pantalón que marcaba todo su trasero perfectamente, a pecho y espalda descubierto, mostrando unos pectorales muy bien formados y un abdomen muy marcado por sus cuadros en un cuerpo perfectamente depilado, que todos quedaron asombrados. Roxana bailó como nunca presumiendo de un hermano como novio, con mucha elegancia y un continuo contorneo para asombro de los machos cuyos ojos se iban detrás de Roxana. Jess bailaba tentando a la pareja para entrar en formas sensuales y provocativas y, aunque sabía que era su hermana, la bailó como si de un varón se tratara. En definitiva bailaron de un modo tan sensual que al concluir todos arrancaron en un fuerte aplauso y Jess fue invitado a un bourbon doble que no supo quién se lo ofrecía. Tras descansar unos minutos y hacer unos masajes a los pies de Roxana, se fue al baño, se lavó un poco, se puso su camisa por fuera del pantalón y vistió la chaqueta sobre los hombros para subir a la terraza a esperar el amanecer. En la terraza hacía un poco de fresco y puso su chaqueta sobre los hombros de su hermana; entonces Roxana le dio otro beso acaramelado y se entretuvieron, mientras provocaban la envidia en los que los estaban mirando. Entre cafés y bourbon transcurría el tiempo conversando sin parar con Roxana que se sentía feliz. Se levantaron cuando alguien les avisó que era el momento de observar la lenta aurora y Roxana le dijo:

— Pensé que en un momento te ibas a desnudar y te hubiesen visto con jockstraps rosado.

— Estando tú no iba a hacer semejante majadería, jamás te pondré en compromiso ni ridículo, pero quiero que estos días te luzcas conmigo y disfrutes; has bailado como nunca y no han sido pocos los que te han deseado.

— Eres lo mejor y te diría sinvergüenza si no te conociera, pienso que eres una de las personas que más sabe divertirse y divertir en todo el mundo mundial.

Como Jess sabía que estas cosas se las decía para recibir un beso, juntó sus labios a los de ella y entremezclando las lenguas, estuvieron ante los allí presentes esperando el amanecer siendo poco a poco alumbrados mientras su beso se prolongaba a la velocidad de la luz del amanecer.

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CÉSAR: CAPÍTULO 2, LLEGA AL MUNDO UN NIÑO

MUJER

“Mujeres,

nunca se disculpen por sus comportamientos

o decisiones durante el parto.

Tú eres dueña de tu experiencia

y debes tener orgullo de tomar este viaje.

 No importa como lo hiciste,

¡acabas de traer a un ser humano al mundo!

El mundo debería de estar arrodillado antes tus pies”.

(Lauralyn Curtis)

Roxana, la hermana de Jess, tenía verdaderamente asco de los hombres, pero no era lesbiana, se consideraba una mujer que tomó asco a todos los hombres menos a dos, a su padre y a su hermano Jess, más tarde aceptó a Miguel, aunque a Miguel nunca se le ocurrió tocarlo y se saludaban con un beso en la mejilla sin tocarse, lo que se dice un beso totalmente hipócrita, pero si así le gustaba a ella, Miguel la respetaba. Con Jess era bien diferente, pues nunca se saludaban con un beso. Si llegaba al aeropuerto y Jess acudía a recogerla el saludo era un abrazo, como dos amigos. Si Jess iba a verla, el saludo igualmente era un abrazo. Cuando eran más jóvenes, es decir, hasta quedar embarazada, ella se acercaba a Jess, sin besarlo, pero le gustaba tocarle todo su cuerpo, aunque a él no le hubiera dejado que se lo tocara, ni a Jess le hacía falta, pero a ella le encantaba tocar el cuerpo de su hermano, incluida su polla, jamás el ano, siempre le decía “eso lo guardas para tus «maricones» que son muy fisgones”. Esto nunca lo decía en desmedro ni burla, ni desprecio, sino que se había acostumbrado y no le gustaba para nada la palabra gay, de modo que el término “maricones” para ella eran los amigos de Jess con los que se relacionaba. Un día llegó a casa y se encontró a la salida en el rellano un chico mayor que Jess que estaba de visita y lo estaba despidiendo ya, los presentó como hermana y un amigo de empresa. Cuando entró Roxana le dijo: “ese maricón sí que es guapo, casi más que tú y, además, rubio”. Entonces Jess quiso aclararle que no era maricón, que estaba casado y enamorado de su mujer que tenía tres hijos, el primero ya tenía tres años y en el segundo embarazo vinieron dos mellizos, los tres eran varones y deseaban tener una niña. Se quedó mirándole y exclamó: “¡No, pero… ¿es que hay guapos que no son maricones?”. Entonces la reconvino y le habló del sentido peyorativo de la palabra “maricón” y que es mejor hablar de una persona como homosexual o simplemente gay.

Roxana se hizo cargo de la empresa de su padre, se había preparado estudiando “Administración de empresas” y con ella trabajaba su prima Lorena. Pero ya había decidido que Miguel podía llevar los negocios de la empresa de Roxana y no estar tan volcada, para «vivir», como decía ella, expresión que utiliza su hijo César. Lorena se hizo cargo entonces de la Fundación que había hecho Roxana para Niños sin familia que consistía en asegurar los estudios para niños abandonados por sus padre, huérfanos y pobres. Eso les dejaba mucho tiempo a las dos primas que eran muy amigas a viajar e iban al pueblo de sus padres con cierta frecuencia y se pasaban allí semanas enteras. Hay que decir que Jess había preparado una bonita casa con apartamentos para todos sus primos por parte de padre, es decir los nietos de su tío abuelo Paco. Allí tenía Jess un apartamento y Roxana otro, solo tenían una cláusula nadie podía vender, sino traspasar a otro familiar, la propiedad seguía siendo de Jess.

En uno de esos viajes al pueblo Roxana y Lorena fueron invitadas a una fiesta en la discoteca del pueblo. Acudieron por pasar un rato diferente. En un momento determinado, se les presentó un chico, parecía simpático y entablaron amistad. Al acabar la fiesta este chico, Juan Ignacio Rodrigo, les acompañó a casa muy cortésmente. Conversaba con Roxana más que con Lorena, así que se estableció un tú a tú donde Lorena quedó descolocada.

Al parecer Juan Ignacio estaba muy interesado en Roxana. Ella supuso que se había informado sobre ella y le habrían dado datos firmes. El asunto es que cada día mañana y tarde iba a saludarla y a sacarla a pasear o la invitaba.

— Llama a tu hermana y que se venga con nosotros.

— Lorena es mi prima, no mi hermana, ya le dije que viniera, pero no muestra interés.

— ¿Tú muestras interés?

— No mucho, la verdad, pero como vienes continuamente y tengo educación, salimos un rato a pasear.

Así fue como Roxana fue creciendo en aprecio hacia Juan Ignacio y él la llevaba en su coche siempre a pueblos de alrededor a pasear y tomar un helado o un refresco, nunca al mismo pueblo.

Un día Roxana le preguntó por qué siempre iban a pueblos de alrededor, y Juan Ignacio le contestó con una lógica aplastante:

— Este pueblo ya lo conoces, yo quiero mostrarte toda la comarca.

Roxana estaba feliz, porque llegaba a casa y contaba a Lorena y a los demás primos los pueblos que visitaba y los lugares en los que tomaba un refresco o un helado. No obstante ellos, porque no conocían mucho a Juan Ignacio, estaban preocupados. Lo que no les había contado Roxana a sus primos es que en una de las salidas, el chico se la llevó a ver un molino. No había nadie en el molino y lo que había era paja, mucha paja. Se tumbaron para ver por el centro de la torre el alto techo donde estaban las aspas. El chico comenzó a besarla y Roxana cayó en debilidad, tuvieron sexo, ella no lo había disfrutado porque el chico simplemente le sacó el pantalón y las bragas juntamente y le abrió las piernas, la penetró y antes de que ella se diera cuenta, cuando quería interrumpir la penetración, Juan Ignacio, de fácil y rápida eyaculación, le dejó todo su esperma en el interior de Roxana.

Ese día Roxana llegó triste a la casa, no contó nada a sus primos, intentó ducharse y lavar todo su limen, se acostó, no pudo dormir y le pidió a Lorena que la acompañara a su casa de la ciudad y salió del pueblo por la puerta pequeña. Por más que preguntó Lorena, Roxana no soltó prenda.

Lorena pensó que había discutido con Juan Ignacio y por eso quiso marcharse, ya no le preguntó nada porque, aunque Lorena se cuida mucho de que los demás estén bien, si no hablan no molesta insistiendo. Así fue como Lorena la veía sufrir y no sabía nada.

Un día, al cabo de un mes, Roxana se presentó en la casa de Jess para decirle que sentía síntomas de embarazo. Jess se extrañó pero no dijo otra cosa sino que se asegurara haciéndose todo tipo de análisis para saberlo con seguridad y tomar las ulteriores determinaciones. Se ofreció Jess a acompañarla al ginecólogo y se encargó de hablar porque Roxana estaba muy compungida y no le salían palabras para nadie, solo en su hermano pudo encontrar la ayuda adecuada. Jess suspendió todas sus actividades y se fue a casa de Roxana para acompañarla día y noche y que no pasara sus preocupaciones sola.

El resultado es que estaba embarazada, ahora Jess le dijo que se iban a tomar cuatro días para viajar a Lisboa, simplemente para comer bien, dormir bien y pasearse hasta haber asumido el embarazo. Jess había comprado los billetes de avión, había avisado a Miguel dónde estaba y por qué, de modo que Miguel se quedó en Madrid y no fue al aeropuerto para que Roxana no sufriera más de la cuenta.

Jess había tomado hotel en el centro de la ciudad, una suite empresarial con dos habitaciones y salón. A Jess todo le parecía hermoso, jamás había viajado con su hermana a ninguna parte y fue una gran oportunidad.

Pasaron ante todos por ser esposos, aunque el parecido entre los dos es casi total, pero Jess, previendo todo, fue a su peluquero para que le arreglase un tipo despeinado con mechones hacia todas partes y empacó sus camisas de seda negras y blancas y sus pantalones negros, así durante los cuatro días vistió con ropa ligera pero de color negro y dentro del hotel con camisa blanca. Se sombreó los ojos de oscuro, coloreaba su rostro con mate sin brillo color carne y un gris claro para los labios. Se llevó collar de chatarra y compró varias pulseras baratas en el aeropuerto, de modo que disimulaba bastante el parecido con su hermana; era un perfecto gótico. Saliendo del hotel acicalado de tal modo, Roxana preguntó:

— ¿Te vistes y te arreglas siempre así cuando sales de viaje con Miguel?

— No; que va, mucho peor, —contestó Jess.

Ella se rió mucho en silencio. Estas extravagancias de Jess le encantaban y la hacían feliz.

— ¿Por qué te ríes?

— Porque tengo un hermano como nadie puede tenerlo. No sientes vergüenza de nada, te pintas, te vistes raro pero siempre elegante, cuando quieres haces tonterías en donde quiera que estés, no tienes complejos, me acompañas cuando lo necesito, comes lo que yo quiero, duermes desnudo conmigo y no te entra ni lo más mínimo de tocarme por eso duermo muy segura, me ayudas a bañarme, a vestirme, me peinas y te dejas peinar, ¿qué mujer será la que te habrá perdido?

— Todavía no ha nacido; te lo he dicho siempre, si tú te hubieras enamorado de mí yo no hubiera sido gay; solo he querido con toda mi alma a tres mujeres, a saber, a ti, a tía Fina y a mamá Maxi, ninguna de las tres ha sido alcanzable para mí y mira qué esposo más guapo tendrías…

— De verdad, ¿te hubiera gustado ser mi novio y mi pareja?

— Ese niño sería mío, yo lo cuidaría, le daría buena educación y me haríais los dos muy feliz, pues yo sería del todo para ti y para ese niño, yo sería más feliz que el César en Roma.

— ¿Por qué eres tan bueno, tan guapo y tan tierno?

— Porque tengo una excelente hermana que es guapa, inteligente y me quiere más que a nadie.

— Lo último que has dicho es pura verdad, voy a darte el beso que siempre has esperado de mí y nunca te complací.

Se aproximaron y se besaron en la boca, Jess la invitó ofreciéndole lengua y ella correspondió largamente.

Caminando tomados del brazo llegaron al puerto donde contemplaron el mar hasta la hora de cenar, muy juntos, como esposos en su viaje de novios, sus caritas pegadas, apuntando sus ojos, en la negrura del mar, titileando las olas de plata, hacia el horizonte ya invisible.

— Mañana quiero bailar, tú bailas muy bien, lo sé.

— Mañana bailaremos, Roxanita, ¿qué prefieres, fado, rock o latina?

— Yo quiero bailar contigo.

— Mañana iremos a comprar ropa para ir a cenar elegante y bailar, esta noche mismo lo pido en el hotel para que nos lo arreglen todo, porque no quiero que hagamos colas.

— Eres lo mejor de lo mejor, llévame al hotel y tomamos allí una copa.

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CÉSAR: CAPÍTULO 1 CÉSAR, EL SOBRINO

“Gran parte de lo mejor que hay en nosotros

está ligado a nuestro amor a la familia,

que sigue siendo la medida de nuestra estabilidad

porque mide nuestro sentido de la lealtad.

Todos los otros pactos de amor o temor

derivan de ella y se modelan sobre ella”.

(Haniel Long)

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César es el sobrino de Jess. La verdad es que es «el sobrino», el nieto de Antonio Bueno, padre de Jess, el hered
ero de la fortuna de su madre y el heredero de Jess, es decir, es el hijo de Roxana, hermana de Jess. César sabe que no va a heredar nada, sino que tanto su madre como su tío, en cuanto tenga acabados los estudios universitarios, le van a vender sus empresas, las que su madre y su tío recibieron de su padre, las que han hecho prosperar, de modo que César será doble rico que su madre y doble rico que su tío. Pero a nada de esto le da importancia César, él quiere vivir, ser y notarse a sí mismo. Jess y Roxana tienen unos sobrinos hijos de primos; tanto los primos como sus hijos han recibido lo necesario para tener trabajo y una vida digna. César es, pues, el sobrino por excelencia, lo que se dice “el sobrinazo”.

César recién ha cumplido los 18 años, justo el 3 de julio, si Jess tiene 21 más que César, Jess está ya en los 39 años, felizmente con su pareja, atendiendo a su padre en su soledad, pues a causa de la muerte de Maxi, madre de Miguel y a quien Jess y Roxana adoptaron como madre, su padre ha decaído mucho en sus ánimos. La verdad es que Máxima hizo feliz a Antonio, los que vivían como esposos y ejercían amorosamente de padres de Miguel y de Jess. La tristeza por la inesperada muerte de Maxi ha calado profundamente en los tres, pero ha afectado en mucho a Antonio. Por tal motivo, Jess y Miguel compraron los dos chalets contiguos a su casa y trasladaron a su padre para que, manteniendo su independencia, viviera tan cerca de ellos que siempre pudiera estar con ellos cuando lo deseara o necesitara. Gracias a esto Antonio va levantando el ánimo, aunque muy paulatinamente.

Lo que más ha alegrado últimamente a Antonio es la llegada de su nieto César que al menos va a vivir con ellos unos cinco o seis años hasta concluir sus estudios universitarios. Durante el verano, todos los días, Jess y Miguel, y ahora también César, pasan a la casa contigua donde reside Antonio para cenar con el abuelo y se van de allí cuando el abuelo descansa la cena y quiere acostarse. Antonio tiene instalado un sistema de alarma con la casa de Jess y Miguel por si necesita algo. Estos días Antonio es feliz de verse junto a él a su nieto cada día.

César es un chico guapo, fiel reflejo de la hermosura de su madre y de la abuela que se le perdió y jamás conoció. Pero César es el vivo retrato de Jess, ha salido a su tío. Las fotos de su tío a su edad podría hacerlas pasar César como propias. Tiene, pues, al igual que Jess, una buena contextura ósea y muscular, si bien Jess la tiene muy trabajada en el gimnasio y César nunca ha ido a gimnasio, solo tiene las características de un chico que en el colegio ha hecho deporte, sobre todo el fútbol que es su deporte favorito, pero no puede presumir de abdomen marcado con la tableta de chocolate, ni tiene potentemente formados los pectorales. A César siempre le ha dejado asombrado ver a su tío Jess con sus pectorales potentes, marcados, duros, con las tetillas voluminosas y puntiagudas que se marcan en su camiseta.

Apenas llegar le pidió a Jess ir al Gym. Jess le respondió que irían los dos a inscribirlo en el gimnasio el 10 de julio. Aunque le fastidió esperar desde el 23 de junio, lo comprendió cuando Miguel le explicó que el gimnasio al que acude Jess es para mayores de 18 años, por eso debían esperar. César quedó fuera de juego porque no entendía un gimnasio para adultos, pero se quedó animoso porque iba a ir al mismo gimnasio que su tío.

Para César lo malo de Jess, es decir, el único defecto que le encuentra, es que no explica, da las cosas como sabidas y César se queda desorientado. El sobrino explica mucho, el tío habla poco y escucha siempre. Es la primera gran diferencia entre los dos, aparte de la edad. Tampoco Roxana, la madre de César explicaba mucho, lo que le calentaba bastante a César, era lo único por lo que discutía algunas veces con su madre.

César se presentó a la selectividad y obtuvo muy buen resultado, como todo lo que hizo en el colegio. César dice —seguro que es verdad—, que no falló ni una sola pregunta del cuestionario del examen. Siempre fue buen estudiante, como su tío y como su madre.

El problema serio de César es que estaba enamorado de sus tíos y no quería hacer amigos, decía:

— Si salen amigos, los tendré, pero con mi tío Miguel y mi tío Jess tengo suficientes amigos.

Por supuesto que a su tío Jess lo quería hasta adorarlo, además de que su madre le había inculcado el amor y el cariño a su tío Jess. Pero Miguel se portaba siempre tan bien con César que desde que se vieron al llegar Miguel de Madrid el 24 de junio, les dio un subidón a ambos por el cariño mutuo. Ocurre que mientras Jess corrige a su sobrino en ciertas actitudes, Miguel lo encuentra gracioso y, aunque no se opone a lo que indica Jess, César lo tiene como un defensor y un orientador para tratar de entender a Jess; no en balde Miguel suele decir:

— Jess es difícil, pero es lo mejor del mundo, solo hay que entenderlo.

En esto se esforzaba César: en entender a Jess y ser feliz.

Su abuelo le dijo a César:

— Al tío Jess nunca le digas las cosas dos veces, ni se lo recuerdes, eso le molesta, piensa él que lo toman por tonto. Y si te dice una cosa, no esperes que te la recuerde o te la repita, si no la haces quedará por hacer, y si está por hacer cuando él la necesite no la tendrá y nunca más te volverá a pedir otra cosa. Se pierdes la oportunidad, pierdes la confianza.

En un primer momento esto asustó a César, pero a los dos días, pensando en sí mismo, se daba cuenta que él mismo es algo así como su tío Jess, más tarde se percató que su madre era igual que su tío Jess.

Tenía la práctica sin saber por qué, pero su abuelo le dio la teoría y Jess estaba cada vez más contento con el sobrino. César decía: “Estar cerca de (tío) Jess es estar siempre en tensión, pero a la larga y a la corta es estar siempre satisfecho de haber hecho bien el propio deber”.