Caput V: De mulieribus quibus defessus

cum suis vivat valeatque moechis,

quos simul complexa tenet trecentos,

nullum amans vere, sed identidem omnium

ilia rumpens

Con sus adúlteros viva y valga,

a los que de una vez abrazada tiene a trescientos,

a ninguno amando de verdad, pero una y otra vez de todos

     los ijares rompiendo

(Catulo, Carmen XI, vv. 17-20

CAYÓ EL EMPERADOR. Era inevitable. No me parece que Claudio lo hacía mal, sino todo lo contrario. No obstante, aguantar casi 14 años en el gobierno de un Imperio tan extenso, con las enormes ambiciones de los inútiles, siempre tiene sus méritos y sus consecuencias. Aparte de la muerte de Claudio, su gobierno tuvo altos y bajos.

Claudio fue el cuarto emperador romano, una vez asesinado Julio Cesar en el propio senado. Le precedieron Augusto, Tiberio y Calígula. A ninguno de ellos conocí. Podría haber conocido a Calígula, pero era tan pequeño cuando fue asesinado que ni me enteré. Mi vida juvenil estaba orientada políticamente con los ojos puestos en el Emperador Claudio como mi padre estuvo con Calígula. Mi padre hablaba del Emperador Claudio, todo el mundo hacía referencias a Claudio el emperador, y finalmente mi padre con su fortuna a cuestas me comprometió con el Emperador Claudio para que yo tuviese un buen porvenir.

Tiberius Claudius Cæsar Augustus Germanicus no era un romano nacido en Roma, sino que fue lugdunense de nacimiento por casualidad. Su padre, Druso el Mayor, más bien, Nero Claudius Drusus Germanicus, que paraba siempre asegurando con notable éxito la frontera germánica, como siempre llevaba a su mujer con él, allí le parió Antonia la Menor, su madre en la ciudad de Lugdunum. Nero Claudius murió del año 9, a consecuencias de una batalla en Germania. Al caer del caballo se desgarró el muslo y se le infectó de gangrena. Antonia, en cuanto pudo ponerse en camino regresó a Roma para criar a sus hijos. Antonia no volvió a casarse, a pesar de las presiones de su tío Augusto para que volviera a hacerlo. Quizá fue Antonia la menor, la mujer cortesana más noble, sensata y prudente de Roma en esos momentos.

La verdad es que se puede decir que de todas las mujeres que nos encontramos en el entorno de los Césares, Antonia fue la más limpia respecto a lo que este libro va dándole vueltas de ingenio. Tampoco es nada extraño que las mujeres de la corte, es decir, las que merodean por la corte sean tan desvergonzadas, en realidad se valen de lo que tienen y lo que tienen es un coño con ansias y un corazón pervertido para meterse por bajo mano en los negocios más sucios del Estado. Ah, y todo lo pagan con su coño y, por supuesto, con su boca, siempre dispuestas a comerse la polla en una fenomenal felación cuando se reciben o prometen sus deseos. La política de Romá en los primeros cinco emperadores viaja desde el sexo a la locura y retorna desde la acumulación de riqueza injusta a la lascivia. Ni media el arrepentimiento en los Césares, sino su resistencia hasta el ridículo. Augusto y Tiberio eran verdaderos tiranos, pero consiguieron morir podridos en su cama. Calígula fue un loco cruel que tuvo que ser asesinado por su propia guardia pretoriana para evitar malos mayores. Con Claudio todavía estamos pensando si las setas eran venenosas o estaban envenenadas. Finalmente Nerón ha sido un escarnio para Roma, loco, cruel, sin alma y hoy que escribo esto cumplimos una semana de su muerte. Se suicidó abriéndose las venas para no caer en manos de los que buscaron su perdición y acabar con la familia Julia-Claudia.

El emperador que se asienta ahora en su poltrona en Roma es Vespasianus Cæsar Augustus, no le va lo de Cæsar, que es un quiero y no puedo, pero el pueblo Romano lo soporta todo. Este emperador era Titus Flavius Vespasianus, que destacó en la invasión romana de Britania al mando de la Legio II Augusta. Comandó las fuerzas romanas que hicieron frente a la primera guerra judeo-romana del año 66. Cuando se disponía a sitiar Jerusalén, La Capital rebelde, el emperador Nerón se suicidó, sumiendo al Imperio en un año de guerras civiles conocido como el Año de los Cuatro Emperadores. Desde Nerón le han precedido tres que han durado lo que cuesta hacerse una buena y satisfactoria paja. Fueron Servius Sulpicius Galba, que solo lo aguantaron medio año. La guardia pretoriana se encargó de exterminarlo. La propia guardia pretoriana proclamó a Otón, Marcus Otho Cæsar Augustus, con un año y poco menos de cuatro meses se cansó y se suicidó, le siguió el más rimbombante de todos, hasta su nombre suena grande, como Aulus Vitelius Germánicus Imperator Augustus. Fue asesinado a poco más de siete meses por los soldados de Vespasianus, actualmente reinante. Así van las cosas en Roma. Abunda el hambre, la desesperación y la pillería, solo pueden hacerse negocios disimuladamente. Ya no vale ir con una bolsa llena de oro y plata para el Emperador, es como delatarse de que van bien tus negocios para buscar la propia perdición. Se pagan los impuestos a regañadientes con la excusa de que los negocios van mal y mejor que te olviden. Pienso vivir más tiempo que Vespasiano, aunque no espero mejor fortuna para Roma, no obstante busco incesantemente la fortuna para mi extensa familia.

Veamos un momento de mi historia qué pasa con las mujeres de Roma, al menos las cortesanas del Imperio. Uniendo las dos casas gobernantes, la familia Julia y la familia Claudia, abundan más las mujeres que los hombres y entre estas dos familias se casaron, se divorciaron  y se volvieron a casar sin parar, nacían más hijas que hijos y ellas se adueñaron de sus familias. Llegó así su perdición.

Veamos las virtudes de que presumían. Como no quieren trabajar se convierten en algo más que malas, son malvadas, pues lo quieren dominar todo, no quieren hacer las cosas sino mandar que se las hagan. De los negocios de mi padre y ahora míos, todas, mi madre, hermanas, las hermanas de mi madre, sus amigas, todas quieren saber y quisieran decidir importaciones y exportaciones. Eso sería la ruina en menos de un año, buscarían las esclavas y esclavos para que les hicieran todo. Pasaría como a Adrianus, un amigo de mi padre, más rico, pero al lado de su mujer le entraba la molicie y ella decidía qué cosas hacer y quién tenía que hacerlas. Hasta los esclavos le traicionaron con la competencia. Tuvo que vender a la propia competencia hasta a sus esclavos para sobrevivir hasta morir de nada, se lo llevaron sus penas.

Mi padre no hablaba nunca de los negocios con mi madre. Yo tampoco. Por la misma razón a Numerius le dejé instrucciones claras. Estando yo ausente por motivo de mis negocios, fue llamado Numerius por mi madre y una de sus hermanas para que les informara ciertos asuntos de los negocios. Por supuesto que Numerius no les dijo nada. A los cuatro días cuando llegué a casa, me lo encuentro triste y serio.  También estaba apenada Nuceria. Me llevé a Numerius a los baños y cuando se desnudó me di cuenta de las marcas de la flagelación brutal que recibió. Avisé en los baños para que le hicieran una cura a las llagas en vivo y un masaje a todo el cuerpo. Estaba en la poza y él se echó al suelo para agradecerme. Y le dije:

— No quiero agradecimientos ni ninguna otra mierda de puta cortesía, quiero saber quien te golpeó y por qué.

Tanto le insistí que me dijo:

— Dómina me ha castigado, me ha mandado al potro y ha mandado cuarenta azotes en presencia de ella, para que fueran contundentes.

— ¿Por qué?

— No quise decirle nada acerca de mi trabajo, tal como mandaste.

No pude sujetarme a mí mismo, me agarré a su cara y le dije:

— Asegúrame que no me mientes.

— Jamás te mentiría, tampoco te lo hubiese dicho si no me lo exiges, pero no te miento, nunca lo he hecho y nunca te mentiré.

Me vio con la cara seria, me brotaban las lágrimas de mis ojos por lo que estaba pensando en hacer y como no hablaba me dijo:

— Aule carisime, mendax non sum, non mentior ego tibi nunquam, fortiter nunc, hodie. Domina, o domina… o Fortuna, adversa mihi es tu, per Iupiter, Aule, iuro. Non mentior…

Iba a gritar para hacerse entender bien y le cerré la boca con un beso. Como él no podía entrar al agua porque estaba recién vendado, nos vestimos y salimos por la puerta:

— Bien hecho, así se hace con los esclavos desobedientes, —dijo uno que estaba en la puerta.

— ¡Maldito! —Dije.

Iba a volverme y responderle adecuadamente, pero Numerius me agarró del brazo para impedirlo.

Llegamos a casa. Llamé al esclavo Plasto, y le pregunté sobre el asunto:

— Domina dijo 40 azotes, al cuarto azote me dijo que fuertes, cuando en uno de ellos sangró porque había una púa, ella salió, entonces di cuatro latigazos en el suelo y dejé de golpear más; sabía, Amo, que no te agradaría. Solo recibió 26 golpes, de los cuales 22 fueron contundentes. Escuchaba todo Numerius y lo aprobaba con su cabeza.

— El mismo látigo que ella eligió tráelo contigo.

— Numerius, llama a toda la familia al salón, libres y esclavos, que no falte ni la abuela Marcia.

— Estará en la cama.

— Que la saquen de la cama.

Se fueron congregando todos. Cuando llegó la abuela Marcia que fue la última comencé a hablar:

«Algo acongoja mi corazón y no lo puedo soportar ni debo pasar por alto. Hace solo unos días, estando yo ausente, la Dómina Ælia mandó ejecutar un castigo de 40 azotes a Numerius. ¿Por qué la dómina castigó a Numerius? Porque Numerius no obedeció sus órdenes. Y la dómina pensó que si un esclavo no obedece, ¿qué merece? Vuestras caras me están respondiendo: que está muy bien puesto el castigo para que sirva de escarmiento a los demás. Esa situación ha supuesto una alteración del orden en la familia y en esta casa no puede haber alteraciones del orden, porque nos volveríamos locos. El padre de esta familia ahora soy yo y no puede haber alteraciones del orden nunca, pero menos cuando el padre de esta familia esté ausente. Provocar alteraciones del orden cuando el padre de familia está ausente es suficiente causa para condenar a muerte al que cometió la alteración del orden. Es un delito grave.

»¿Quién cometió el delito? ¿Numerius? Veo en vuestras caras que reconocéis que Numerius, el hombre de mayor confianza para mí, resulta que lo consideráis culpable del delito. Siendo así, restableceremos el orden entregando a Numerius a la muerte para que pague por su delito.

»¿Cual ha sido el delito? ¿Qué gravedad tiene el delito cometido? ¿Exactamente en qué ha cometido el delito? Estáis pensando que Numerius ha cometido el delito de desobediencia con la dómina y, si esto es así, Numerius merece la muerte. Pensadlo bien, pensadlo mientras me silencio un instante… continuemos, ¿en que exactamente desobedeció Numerius a la dómina? Por vuestras caras descubro que no lo sabéis. Y sin saberlo ya habéis considerado que es culpable porque desobedecer a la dómina es grave, muy grave. ¿En qué desobedeció Numerius a la dómina Ælia? Os lo voy a decir, para que juzguéis vosotros mismos. La dómina Ælia llamó a Numerius para que le diese cuentas de la administración de los bienes de la familia. Pero Numerius no se lo quiso dar. Fue así, ¿no es cierto? Los que sabían el tema no negarán que fue así, ¿no es cierto Numerius?, ¿no es verdad que fue así, madre?, hasta mi tía Orestíades, que estaba presente lo sabe.

»¿Qué hiciste Numerius, hombre de mi confianza, hermano y amigo? ¿Qué hiciste?, se preguntarán incluso los dioses en disputa entre ellos. Si Minerva no les aclara el tema, le diremos a Apolo que lo haga. Lo que hizo Numerius fue obedecerme a mí. Tiene el mandato de que no se le escape ni una sola palabra de su trabajo y que solo a mí debe dar cuentas. ¿Que por las manos de Numerius pasa mucho dinero? Evidentemente, ha hecho crecer los bienes familiares un duplo con respecto a lo que hacía mi padre. Resulta que ahí hay un secreto que él no puede revelar a nadie, solo lo sabemos Numerius y yo. Revelar ese secreto sería la ruina de esta casa, por tal motivo quedará en nosotros dos hasta que esta familia tenga un heredero a quien Numerius y yo le desvelaremos el secreto. Pero Numerius ha recibido un cruel castigo que casi se lo lleva a la muerte. Incluso la dómina que presenciaba el castigo con autosatisfacción tuvo que marcharse por el horror que le produjeron los desgarros en la carne de Numerius. Castigo injusto, exagerado y con alevosía, porque quisiera poder infligirlo sobre mi persona. Ha sido un atentado contra mi persona que han pagado las carnes de mi mejor amigo y además mi hermano por vía paterna. Como Numerius me es fiel y no dice mis asuntos a nadie…, porque Numerius está dispuesto a dar su vida por mí, ha pagado lo que en la mente de la dómina hubiera sido para mí. ¡Ahí está el desorden! ¡¡Ahí está el desorden!!

»Esa mujer, que solo se quiere a sí misma, que nunca ha querido a sus hijos, ha castigado a mi hermano y lo ha llevado al borde de la muerte.

— Plasto, ¿cuántos golpes de látigo te mandaron ejecutar sobre Numerius?

— Señor, cuarenta golpes.

— Más alto, Plasto, que lo escuchen todos

—Cuarenta azotes.

— Suaves, ¿no es cierto?

— No, señor, fuertes.

— ¿Cómo fue, Plasto?, explícanos.

— Después de cuatro golpes suaves, recibí una reprimenda para que le diera más fuerte…

— ¿Qué palabras te dijo?

— Las primeras son irrepetibles señor.

— Lo digo yo, Plasto, lo digo yo; le dijo: “te voy a mandar al retrete de los dioses para que te comas la mierda que ellos hacen”, ¿me equivoco, Plasto?

— No, señor, y luego me dijo: “más fuerte, más fuerte”.

— Y ¿que más?

— La dómina se fue horrorizada, y cuando salía dijo: “cuando acabes te lo follas”. Yo, señor, di cuatro latigazos en el suelo hasta que ella salió.

— No le diste los cuarenta.

— No, era del todo injusto y horrible.

— Pues ahora vamos a decir rápidamente las sanciones porque tenemos mucho qué hacer en este día. La dómina Ælia recibirá, no cuarenta azotes, porque su hijo es comprensivo y clemente sino solo veinte para que aprenda lo que es conmiseración, ¡¡¡sí!!!, para que aprenda esa puta lo que duele. Plasto usará el mismo látigo. Alítera ayudará a tía Orestíades a desnudar a mi madre y atarla a esta columna. Plasto realizará por última vez en esta casa este desagradable oficio. Luego, para vergüenza de ella y para que cunda el ejemplo, Numerius se follará a la dómina. Igual me animo yo después de Numerius. Y aprended todos, cada uno esté siempre en su sitio, haga lo que le corresponda y ayude a los demás si lo necesitan o se lo permiten. Hoy mismo vais a limpiar e iluminar esa habitación de tortura y que os sirva a vosotros, los siervos de la casa para reuniros a jugar, conversar y descansar. Porque a mis siervos no me los toca nadie. El que trabaje bien que lo haga y lo estimaré más que al oro, y a los perezosos los venderé para otras casas. Comienza sin más demora, Plasto».

A los doce golpes suaves aunque dolorosos paré aquello que me horrorizaba.

— Numerius, te toca.

— ¿Es necesario?

— No es necesario, es conveniente. Quiero para ella el desprecio más absoluto. Ser violada por un esclavo le bajará los humos de Vulcano que se le suben a la cabeza. Vamos a deshonrarla los dos.

— Así, sí.

Plasto la desató y estaba tirada en el suelo. Fue un castigo suave que no le dejará huellas en la piel, pero sí en el cerebro que fue mi pretensión. Desde ese día todo el mundo pedía a los esclavos las cosas por favor. Jamás había visto a los siervos sirviendo y trabajando con tanta alegría. Mi madre no podía moverse, así que puse mi ropa en el suelo y me tumbé, mi polla estaba a tope, dura y muy erecta. Numerius le dio la vuelta a mi madre y me la puso encima, me ajusté para meterle mi polla de inmediato en su coño. Tuve que hacer un poco de esfuerzo por el peso sin acción que tenía encima, pero la pude follar. Cuando Numerius le clavó la polla en el culo, comenzamos coordinadamente a follar sin piedad, cuando yo la clavaba, él salía y al revés. Estuve a punto de correrme y saqué la polla, Numerius hizo lo mismo y eché a la dómina a un lado, me levanté y nos pusimos a masturbarnos hasta corrernos y echar todo el maldito esperma de rabia contenida sobre la espalda de mi madre. Alíteria y Orestíades esperaban para llevársela.

Orestíades quiso decirme algo y le dije:

— Si no te ha gustado, ya sabes que la puerta está abierta para irte, no necesitas mi permiso.

— No tiene donde ir —dijo Numerius—, cuando murió su esposo Auritius se dio cuenta que ni la casa donde vivían era propia.

— No sé nada de eso, ahora vamos a cenar con mamá Nuceria, porque ella ha sufrido mucho.

— Es que has soltado una retórica en la que parecía que me ibas a condenar a muerte…

— Nuceria sí, ¿pero tú has sufrido?

— Si no te conociera tal vez sí, pero sé que a ti te da más gusto ir por el camino más difícil.

Entramos a nuestros aposentos, el agua en la bañera estaba preparada. Vino Nuceria a lavarnos y le indiqué que cuidara la espalda de Numerius. Me miró con cariño y se fue a lavar con esponja la espalda de mi hermano.

— Nuceria, ¿has sufrido?

— Al comienzo mucho, luego me alivié, pero lo último no he querido verlo.

— Nuceria, ¿quieres ser mi madre?

— Tú ya no necesitas, porque te tengo como un hijo.

— Gracias, madre, gracias, me has aliviado mi alma.

Contemplaba a los dos, madre e hijo, y sentía agradecimiento a ellos porque me producían calor de hogar.

Caput IV: In Pœnalitate pacate canimus

Mentula cum doleat puero, tibi, Naeuole, culus,

non sum diuinus, sed scio quid facias.

Cuando a tu esclavo le duele el pene, a ti, Névolo, el culo;

no soy adivino, pero sé lo que haces.

(Marcial, Epigramas III, 71)

SON LOS MOMENTOS DEL ADAGIO. A todos nos llega en alguna ocasión. Acobardarse, nunca; en nuestros sufrimientos, mantenemos la calma cantando, porque esperamos el fin de las mismas. Ya lo dice el refrán: «No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista»

Mi padre había sido amigo de Calígula, Gaius Cæsar Augustus Germanicus. A mi padre, contrastando a Claudio con Calígula,  siempre le pareció Claudio muy afeminado. Lo que nunca entendió mi padre es que les daba gusto afeminarse, se impuso la moda. Yo estuve mucho tiempo, más que mi padre, en el entorno del Emperador, hasta su muerte, y siempre tenía sus venumdatæ. No, no eran afeminados, se impuso el afeminamiento de los ricos porque abundaba la vulgaridad y así pensaban diferenciarse del vulgo, que a duras penas tenían agua para lavarse. Con ir al Tiburtino tenía uno bastante para darse cuenta por los hedores el bajo nivel de aquella clase de romanos. Lo más que podían hacer para lidiar con su situación era alistarse en el ejército y quedar adscrito a una de nuestras Legiones, algo que yo no he deseado ni saber cómo es ni cómo se vive en ella.

Calígula

Roma es una gran ciudad, es la Urbis, la ciudad por excelencia, en Roma, en su Senado y en la Corte del Emperador se conspira por todas las esquinas y rincones. Es el gusto de conspirar, algo que también está de moda en Roma. A los que nos gusta disfrutar de la vida, no debiéramos ni pisar Roma. No sé qué manía hay en nuestro mundo romano que todos se meten en la vida de los demás. Con frecuencia pienso que Roma tiene mucha gente que no trabaja, ni son artistas ni filósofos, son vagos, intrigantes, maldicientes y hacen con el mundo lo que saben hacer en Roma, no dejar vivir a los demás en paz. Y como quiera que eso les produce, honores, bienes, gente para trabajar sin jornal, ni se dan cuenta lo odiados que son por el mundo entero.

Estar junto al Emperador me hizo comprender algo muy importante: yo no sirvo para esto. Hacía mi trabajo bien, pronto y satisfactoriamente. Los interesados me alababan, los envidiosos buscaban mi mal con intrigas que no conducían mas que a la perdición de alguien. Todos los funcionarios imperiales deseaban alargar las manos para llenar sus faltriqueras. Los que eran sorprendidos en aumentar sus arcas en detrimento del Imperio acababan o bien con la muerte y confiscación de bienes o bien en las minas de Sardinia.

¿Sardinia? No pensaba contar nada de Sardinia. Pero allí me envió el Emperador tan solo para hacer una investigación. No se producía adecuadamente lo previsto habiendo enviado gran cantidad de esclavos y prisioneros de los llamados damnati ad effodienda metalla(22). El Emperador, aún teniendo la propiedad de las minas de Hispania y de Britannia, quería sacar el máximo provecho por cuyo motivo enviaba los damnati, antes dichos.

Seis meses estuve en la isla. Me acompañó Delvyn, hacía casi un año que no había visto a Numerius y lo deseaba. Por eso le escribí mi carta antes de partir.

SALUTEM DICIT PLURIMAM AD NUMERIUM MEUS CARISIMUM. IN SARDINIAM ITER NON QUAM DIU, SED QUAM PRIMUM REDIRES VOLUMUS, QUONIAM SINE TE INANIS EST COR MEUM QUOD NON ESSE APUD TE NEQUE TE HABENTEM NOSTRO THALAMO TANTUM QUAM POSSEMUS. DELVYN FIDELIS EST: QUANDO DE OFFICIIS NOSTRIS VESTIBUS EUM MISI GAUDIUM MAGNUM IN OCULIS SUIS BEATUS VENIENS OSTENDEBAT, VIRI MULIERESQUE DOMI OPTIME LABORAVERUNT. AURIBUS MEIS QUANTO FRUENDUM TECUM IN LECTULO. VOLO UT MAIOREM BEATITUDINEM CUM REDIERAM QUONIAM SENSU MANERE TECUM VOLO.  CUM EX SARDINA REDDAM, UT FABRICA SETURÆ SIT IN DOMO NOSTRO ARBITROR. ROMA PERICULORUM PLENA TANTUM QUANTUM TEMPORIS EST VITA SUA. SALUTEN.(23)

Estábamos en el mes de abril del año décimocuarto del Emperador Claudio(24), el octocentésimo sexto de la Fundación de Roma, el nonagentésimoquinto de Iulius Cæsar, a los 38 del Imperio iniciado por Augusto, a los 7 años de la muerte de Sextus Flavus Rubicundus, mi padre, cuando iniciamos la ruta desde el puerto de Ostia. Era mi proyecto apresurarme en la investigación y regresar a casa para la vendimia. El año anterior había estado en la vendimia tras un periodo de ausencia por mi trabajo en la Urbe y resultaron días tan gratos que me quedé añorándolos, sobre todo los momentos pasados en la intimidad con Numerius.

La llegada a Sardinia no fue difícil ni onerosa, la mar estaba en calma y la gente sabía que llevaba a un emisario del Emperador. Al abocar, vimos que una barca a remos se aproximaba hacia nosotros y se paró a cierta distancia hasta que la nave se detuvo y se acercaron. Querían enterarse de la realidad de mi existencia en la nave ya que había una enseña que lo indicaba. Hubo que esperar un día entero en el barco para que organizasen la recepción, un mensajero había sido enviado con ellos mismos para concertar el tiempo y momento de nuestro desembarque. El recibimiento lo habían organizado como acto oficial y, además de las autoridades locales, había una guarnición de soldados. Puro protocolo, discursos, sonrisas, la mitad o mas de esas sonrisas y plácemes eran falsas, tanto como que ya tenía yo el hábito de detectar lo falso de lo sincero.

Hice llamar al capitán para comunicarle que Delvyn iba a bajar del barco, que preparase una barca y un acompañante. Lo hizo de mala gana pero sin rechistar. Yo estaba en la Amura de Babor mirando la operación. Tres hombres iban en la barca, el remero, el custodio armado con espada y Delvyn, que me hizo llenarle la faltriquera de monedas de cobre. La nave estaba atracada no lejos de la costa, con los dioscuros de proa orientados al norte. Desde la proa podía malamente distinguir a las personas, pero agudizando el ojo pude descubrir como se abalanzaron detrás de Delvyn mucha gente. De no tener custodio lo hubieran aplastado. Parecía que todos deseaban limosnas, dineros o favores. La hermosura de Delvyn atrajo a muchas muchachas y no tan muchachas. Lo pude observar hasta que desapareció de mi vista adentrándose en la ciudad. Hablando con el capitán, me indicó que en cuanto yo me apease el seguía rumbo a Massilia, para descargar y volver a cargar. Ese era su trabajo. Y me advirtió:

— No te fíes de los sardos, son orgullosos, pagados de sí mismos y algo ácratas con todo poder externo.

Luego, mientras comíamos, me narró muchas historias y costumbres de los sardos. Cuando ya parecía que no teníamos mucho más que contarnos, apareció uno para dar aviso que los desembarcados regresaban.

Nos retiramos de nuestra conversación y yo recibí a Delvyn que venía contento con un gran fardo a la espalda. Fuimos al camarote y me mostró dos pellejos medianos llenos de vino, un pan enorme, otro pan de queso de cabra y un grueso embutido de lomo de cerdo ahumado. Le dije que preparase un buen plato de todo esto para invitar al capitán con uno de los vinos.

— ¿Yo podré estar?

— Tú lo traes y yo te haré sentar.

— El capitán no se sienta con los esclavos.

— Él cree que no eres mi esclavo, sino mi amante, y si aparenta creerlo, no es problema tuyo. Te invitaré y comeremos lo que nos traigas, para variar la comida del barco. A todo eso, ¿habéis comido?

— He invitado a comer a Aurelius, el custodio, y hemos comido pescado asado a una parrilla. Me parecía rico, solo que Aurelius decía, «come pan que esto es pura agua de mar y se va pronto». Y tenía razón, porque ahora mismo ya tengo hambre.

 — Come, pues, y me dejas probar.

Eso hicimos. Todo se cumplió. El capitán fue moderado y salimos hacia mi camarote. Delvyn cargó con el pellejo y el gran plato vacío. Al llegar, empujé la puerta del camarote con más fuerza de la prevista, me siguió Delvyn con el pellejo. Tomó dos copas y fue llenando las copas de vino cada vez que se vaciaban mientras contábamos cosas insustanciales. Delvyn ha resultado una buena compañía para pasar un rato sin hacer nada, es conversador y siempre tiene chismes que contar para que no decaiga la conversación. Nos acabamos el primer pellejo de vino antes de acostarnos. Y no teníamos ganas de dormir, aunque estábamos con la cabeza cargada por el vino. Me recosté en el subsellium(25) mientras Delvyn limpiaba las cosas y salía a tender el pellejo por si alguien lo deseaba. Vino a donde estaba yo y se detuvo al verme recostado en mi subsellium con los botones de su camisia abiertos, revelando una muestra de pelo oscuro en el pecho que había crecido entre los últimos días antes de emprender el viaje, también le gustaba mi pecho suavemente musculoso.

Se lamió los labios sin pensar y sentí un revuelo en mis bracæ, aunque sé que él estaba peor porque hacía lo imposible para ocultar su polla endurecida, se me acercó y suspiró.

—Gracias, Delvyn.

Se arrastró viniendo medio mareado hacia mí y temblando ligeramente y se sentó a mis pies.

Me sentí incómodo sentado y medio recostado en el subsellium mientras él estaba sentado en el suelo. Ya había pensado lo que tenía que hacer con él, pero no quería un esclavo obedeciendo sino una buena compañía complaciéndonos a la vez.

Podía observar su polla endurecerse hasta el punto de que ahora estaba completamente erecta, pues hacía bulto en sus bracæ. Delvyn en todo el tiempo en la nave nunca se puso ni camisia ni túnica. Se movió para alcanzar una fruta sin levantarse y, al que me la estaba dando se cayó al suelo viniendo a colocar su cabeza entre mis muslos. Fue un mal movimiento porque cuando la alcanzó perdió el equilibrio y se deslizó del subsellium, agitó su mano para  agarrarse a mí y no caerse, pero no le impidió caer. Ahora, sentado en el suelo delante del sofá, se puso de rodillas lentamente y miré abajo dándome cuenta de que lo que su mano había agarrado era la parte superior de mi muslo.

Miró su mano en mi muslo y luego su mirada se movió más hacia abajo, volvió a mirar a mis ojos con tal intensidad y yo seguía impertérritamente serio que adivinaba a saber si le iba a propinar un puñetazo o a guiar su mano un poco más arriba a la entrepierna, al no decir yo nada decidió tomar la adecuada precaución. Me gustaba en ese momento verle sufrir, deseaba esperar a ver su iniciativa

Con sus manos y rodillas gateó hasta mis piernas, se puso encima de mí en el subsellium y, mientras él miraba mis ojos de azul oscuro, me quedé mirando sus profundos ojos de ámbar; todavía no estábamos ni él ni yo seguros quien a quien iba a producir dolor o placer. Se inclinó lentamente hacia delante dándome tiempo suficiente para alejarme, pero como no lo hice y mis labios se cerraron con los suyos con un hambre e intensidad que nunca había sentido antes, supe que el resto de la noche iba a ser muy divertida.

El beso fue duro y un poco doloroso pero no nos importó, nuestros cuerpo gritaban suspirando por algo más intenso, el calor en mi cuerpo me hizo doler al sentir que se la iba a meter dentro de sus agujeros, no para amar, que eso ya lo tenía asegurado, sino para  explorar cada profundidad de su cuerpo y para que yo le devolviera el favor y explorara cada centímetro de mi cuerpo. Rompimos el beso por una fracción de segundo para que ambos tomáramos aire antes de volver a él, su lengua se metió en mi boca y comenzó a explorar mientras yo dejaba que la mía hiciera lo mismo, de repente usó su lengua para empujar la mía de vuelta a mi boca antes de morderme el labio inferior, no lo suficientemente fuerte como para sacar sangre, pero sí lo suficiente como para que yo gimiera de excitación. Es así como enamora el muchacho, me pone en los límites extremos.

Pasé mis manos por su cuerpo mientras él soltaba mi labio de sus dientes y volvió a besarme con fuerza, comenzó lentamente a desabrochar los botones de mi camisia y presionó sus manos contra mis duros pectorales, sintiendo la ligera aspereza de mi pelo del pecho. Todo mi cuerpo se estremeció cuando paseo mis manos sobre mi cuerpo de nuevo, esta vez sin la camisia y mi duro y tonificado cuerpo.

Rompió el beso y se apartó de mí ligeramente para poder observarme bien, se notaba que deseaba comerme con sus ojos primero para llenarse de deseo. Se desprendió de sus bracæ y los arrojó a través de la habitación. Se quedó solo con el subligar, se apoyó en mí y sus labios castigaron a los míos con otro beso salvaje que mantuvo la promesa de la clase de amante que sería y se puso anticipadamente a temblar.

Dejé que sus manos bajaran hasta mis bracæ y empezó a desabrochar el cinturón, pero le detuve con un rápido movimiento que le hizo voltear nuestras posiciones de modo que ahora él estaba sentado en el subsellium y yo estaba encima de él, la acción le hizo jadear antes de que bajara la cabeza y le besara de nuevo. Cuando dejé de besarlo me incliné hacia atrás y le miré de nuevo, una ligera punzada de miedo le golpeó, mis ojos le parecían ahora de fiera salvaje, tan salvajes como si apenas pudiera contenerme y en cualquier momento podría golpearle en lo más profundo de su ser o golpearlo hasta quedar hecho un desastre de mierda, aunque en ese momento  no le importaba, pero yo quería causarle esa sensación.

Me arrodillé con la espalda bien enderezada, con una rodilla a cada lado de sus piernas, mi entrepierna quedaba a la misma altura que su pecho, mi abultada erección me rogaba que la liberara de mis bracæ. Se acercó para intentar desabrocharme el cinturón de nuevo y así poder liberar lo que el abultamiento de mis bracæ prometía que sería una gran polla con más ganas que las veces anteriores. Le permití quitarme el cinturón y desabrochar el botón de mis bracæ pero antes de que pudiera desatar el cordón de la entrepierna le empujé de nuevo al subsellium y le saque las manos de mis bracæ antes de inclinarme y besarle de nuevo.

Mientras ahora mis labios castigaban a los suyos, sentí sus manos que se posaban en mi pecho y luego se clavaban con una dolorosa necesidad que me hizo gemir en su boca. Trató de alcanzarme para sacarme las bracæ y desvelar el maravilloso premio que llevaba dentro, pero le quité la mano de mi pecho y le sujeté la muñeca para que no pudiera mover sus manos.

Rompió el beso para tomar un respiro y, mientras lo hacía, susurró con voz ronca y llena de una desesperada necesidad:

—Te quiero dentro de mí ahora.

Me moví para poder usar una mano ya que tenía sus muñecas sujetas con mis manos y ahora con mi mano libre puse un dedo en sus labios para silenciarlo mientras le susurraba:

— Todavía no.

Lentamente separó mis labios y tomó el dedo que yo había usado para silenciarlo y me mostró la misma atención que esperaba estar mostrando pronto mi verga; envolvió sus labios fuertemente alrededor de ella y dejé que su lengua se arremolinara sobre ella antes de mover lentamente su cabeza hacia adelante de manera que todo mi dedo estaba ahora enterrado en su boca, trató de continuar usando su lengua en mi dedo pero una oleada interna le sobrepasó y en su lugar empezó a mover su cabeza hacia atrás y hacia adelante esencialmente follando su boca con mi dedo.

Jadeó cuando le quité el dedo de la boca con un fuerte chasquido para pasarlo por su pecho dejando un rastro de su propia saliva sobre su cuerpo.

Ronroneó como un gato e intentó de nuevo alcanzarme, pero mi mano prensaba sus muñecas y le sujetaba aunque sabía que no debería poder soltarse, pero cuando moví mi mano libre desde mi estómago hasta sus braca no le importó el amarre sobrehumano de sus muñecas, lo único que le preocupaba era que finalmente iba a ver lo que quería desde el comienzo de nuestro juego de tira y afloja.

—Síiii, —gimió en silencio mientras su mano me daba un lento tirón al cordón que atenazaba la abertura mingitoria de mis bracæ antes de que los deslizara hasta las rodillas con una dolorosa lentitud.

Jadeó cuando vio que mis bracæ habían estado ocultando toda su longitud, debido a la larga resistencia que llevaba. Vi como deslizaba sus pulgares en la cintura de mi subligar antes de bajármelos con la misma lentitud que mis bracæ y cuando mi polla se soltó de mi subligar, jadeó de nuevo. Mi polla es un monstruo de unos  24 cm y medio de largo y también es fenomenal en grosor. Las fantasías anteriores que tenía de llevársela toda a la boca se desvanecieron rápidamente; si lo intentaba probablemente se asfixiaría, también me di cuenta de que su fantasía de que era capaz de estirarse dolorosamente el podex(26) se haría realidad lo cual me hizo sonreír con lujuria y deseo desorbitado.

Intentó inclinarse hacia adelante para tocar mi enorme polla, tenía que sentirla contra sí, en sí, la quería encima de sí mismo, quería perderse en esa parte primitiva de sí que le gritaba que hiciera lo que fuera para asegurarse de que terminara dentro de sí.

Se soltó sus manos y tuve que empujarlo de nuevo al subsellium mientras él luchaba por alcanzar mi gigantesca polla erguida, pero me mantuve firme justo fuera de su alcance.

—Por favor, —todavía se quejó tratando de luchar hacia adelante para alcanzarlo.

Levanta la vista para ver una sonrisa casi cruel en mi rostro mientras me desliza hacia atrás de él escapando sus muñecas al mismo tiempo, me aleja unos pasos del subsellium y me observa embelesado por la subida y bajada de mi magnífico miembro mientras me alejo lentamente de él.

—Ven y tómalo, pues, —dije en voz baja.

Obedeció al instante, se deslizó del subsellium sobre sus manos y rodillas y lentamente se arrastró hacia mí, parpadeando sus ojos entre los míos y mi polla.

Cuando me alcanza, me mira a los ojos mientras besa suavemente la cabeza de mi polla y ve cómo mi sonrisa cambia de esa sonrisa cruel a una que le dice que ha conseguido exactamente lo que quería. Enrolla una mano alrededor de su eje y empieza a moverla lentamente mientras dejo que su lengua trace círculos alrededor de mi glande. Intenta jugar con mi glande para que intente meterme dentro de él. Sé que a Delvyn le gusta la dominación pasiva y eso es lo que quiere, un hombre dominante que sepa bien como usarlo y por lo que he experimentado hasta ahora eso parecía ser exactamente lo que yo era, su macho alfa.

Continúa intentando engañarme durante un par de minutos, pasando sus dedos por el eje mientras besa la cabeza de mi enorme polla. Termina pasando su lengua por cada centímetro de mi polla, invadiéndola con saliva, con la esperanza de que me corra y la empuje dentro de su boca, pero al final es él quien se corre primero, ya que la necesidad de llevarlo dentro de su boca supera el deseo de que le domine.

Tomó la cabeza de mi polla en su boca y pasó su lengua alrededor de ella, siguió moviendo su lengua para excitarme a tope. Quería meterse cada centímetro de mi gloriosa polla en la boca, pero a la altura de la marca de 15 centímetros empezó a atragantarse y tuvo que tirar hacia atrás para respirar antes de volverse a meter mi polla dentro de su boca para obligarme a eyacular.

Escucha entonces que yo ya estoy gimiendo de placer y me mira con los ojos llorosos por las arcadas de su polla, mis ojos estaban cerrados al principio, pero como noté que me estaba mirando, abro mis ojos y miro a los suyos que estaban brillando de placer. De nuevo ve lo que sólo se puede llamar crueldad en mis ojos y en mis labios mientras le sonrío sarcásticamente.

Llega al mismo punto en mi polla que la última vez antes de que se atragantara y tuviera que sacarla para respirar, los 15 cm, y cuando llega a ese punto le pongo las manos en su cabeza y empujo hacia adelante tratando de forzarlo a meter del todo mi polla en su garganta. El pánico se apodera de él por mis acciones, ya que quedan al menos 6 cm fuera de su boca y ya se está ahogando con casi todo mi pene en su garganta. Continúo empujando en su cogote y trata de relajar su garganta para acomodar el resto de polla que falta por meter, por mucho que le empujo no consigo que entre más.

Me da golpecitos en la pierna para que le deje respirar, pero en vez de eso empiezo a follarle suavemente la garganta, cada vez que empujo la polla otro poco que va entrando. Al cabo de un rato empieza a entrar en pánico y débilmente intenta luchar contra mí para poder respirar.

Finalmente tuve que retirar mi polla deslizándola fuera de su boca y lo miro con una expresión indicadora de que puede, y que hará lo que yo quiero o morirá de una paliza a latigazos.

—Mírate, —digo gruñendo—, sólo eres una Lupa fæcis(27) para una cara bonita y una gran polla, —le escupo en la cara y me estremezco ante la violencia que hay detrás de sus facciones, pero me agarra la cabeza para evitar que me aleje más de él—, ¿qué eres? —pregunto con ira apenas controlada.

— Lupa (una puta), —jadea con miedo de lo que me va a hacer, pero está más excitado que nunca.

—¿Para qué eres una puta?, —continúo gruñendo.

— Soy una puta para una cara bonita y una gran polla, —me contesta sintiéndose humillado.

—Bien, es importante que sepas lo que eres y cuál es tu lugar, — Le hablaba gruñendo y como enfadado, mis palabras le dolían porque nunca me había visto así y se sentía algo sin valor. Mi erección palpitante me hizo saber que, aunque no lo parezca, una parte de mí está enferma, amando esto.

— Quiero que me cuentes lo puta que eres y cuál es tu lugar, —le digo furioso y cuando me mira con lágrimas en sus mejillas pero con mirada inquisitiva en mi rostro le explico—, tu lugar es complacerme de cualquier manera que yo quiera sin cuestionar, —le digo—, todo lo que eres es un recipiente para mi liberación, ahora quiero oírtelo decir.

—Soy una puta —dijo entre sollozos—, para lo único que sirvo es para dar placer a mi tata(28).

—Ah, parece que tenemos algunos problemas con tata, —me río cruelmente—, ¿quieres que tu tata te joda la garganta? —pregunto con maldad.

— Sí, tata, —me dice—, por favor, sí, jódeme la garganta, tata.

Llora cuando le golpeo la polla en la garganta forzando todo lo que puede, haciendo que se ahogue y se atragante con mi enorme polla.

Empiezo a golpear su garganta y todo lo que puedo oír es el sonido de mi polla castigando su garganta y sus propias arcadas.

—Toma toda la polla de tata, —gruño mientras intento empujar toda la longitud dentro de su garganta, ya maneja la mayor parte de ella pero de repente empieza a sentir náuseas se enciende y puedo sentir que el vómito le va subiendo y cuando saca mi polla de su garganta el vómito cubre la mitad de la polla, su barbilla y el suelo.

— ¡Sucia puta de mierda!, —le gruño cuando termina de vomitar—, límpiame la puta polla, —gruño tirando de su cara hacia mi polla.

Lentamente trata de envolver sus labios alrededor de la polla, pero le abofeteo en la cara con suficiente fuerza como para echar su cabeza a un lado:

— No, no, puta perra.

Y gruño con más fuerza:

— ¡Con tu lengua, futue te ipsi!

Veo que se estremece de pensar que ha de lamer su propio vómito de su polla, pero instintivamente saca su lengua fuera de su boca y empieza a lamer mi polla limpiando una mezcla de mi vómito del prepucio de mi polla con lágrimas rodando por sus mejillas y sobre su polla.

— Sí, llora sobre mi polla, las lágrimas pueden ayudar como lubricante cuando te folle mejor, —le digo—, quieres que te folle, ¿cierto? —la pregunta suena más bien como una declaración, pero responde de todos modos.

—Sí, tata, quiero que me folles duro.

— Deja que tus lágrimas caigan sobre mi polla —le digo—, sí, imaginé que amabas a esta pequeña puta.

Gruño mientras le agarro de la garganta y lo levanto antes de darme la vuelta e impulsarme hacia el subsellium con un primer empujón, el segundo empujón le hago caer de cara al subsellium.

Le agarro de las caderas, le levanto el culo y le abro las nalgas antes de escupirle en el culo.

— Mira ese pequeño agujero apretado —gruñí— te voy a destrozar, —dije riéndome antes de volver a escupir en su agujero.

— Sí, tata, castiga a mi apretado culo. Te lo ruego.

— Sabía que eras una maldita puta sucia desde el momento en que te vi —me mofaba de él— quiero que me digas de quién es la puta que eres.

— Soy tu puta, tata querido.

Lloraba mientras le daba unas fuertes cachetadas en el culo y luego otras con mi enorme polla.

— Quiero que me supliques que te arruine el culo —le digo con mi voz llena de violencia apenas contenida.

— Por favor, arruina mi apretado culo con tu enorme polla, tata. Te ruego, por favor, tata, que te folles a tu puta hasta destrozarla.

Me reía y le dije:

— Ya que lo pides tan amablemente… —le digo y me pongo la polla rozando el culo ligeramente antes de retirarla y escupir en su agujero de nuevo, entonces antes de que pueda prepararse, le meto la polla en el culo.

— ¡¡Oh, mierda!! —Grita en una mezcla de dolor y placer mientras le entierro los 24 cm de mi polla en el culo con un salvaje empujón, saco lentamente mi polla hasta que sólo queda la cabeza dentro de él. Mientras aguanta ahí, hago llover un golpe tras otro en las nalgas de su culo haciéndole gritar con cada impacto hasta poner el culo rojo.

— Tu culo se ve mucho mejor todo rojo y dolorido con mi polla dentro, —le digo mientras le empujo mi polla dentro de él otra vez, hasta hacerle gemir en voz alta mientras siente esa mezcla de dolor y placer de nuevo.

Por mi parte hago que mi polla toque fondo dentro de sus entrañas para estirar ese culo hasta el punto de que pareciera que lo iba a destrozar. Lentamente comienzo a mover mi polla hacia dentro y hacia fuera a un ritmo que le hace volverse loco con la necesidad de que le golpee implacablemente como ahora ya sabe que me gusta hacerlo.

—Por favor, cógeme más fuerte, tata.

Llora cuando pierde todo el sentido común por mi lujuria.

— Haré lo que quiera contigo, mi pequeña puta —gruño en su oído mientras me inclina sobre su espalda con toda mi polla dentro de él.

Luego le pongo la mano por debajo, le agarro firmemente su polla y le digo, riéndome:

— Mira que la puta esta la tienes dura; ¿qué debo hacer con ella?

Empiezo a sobar lentamente con mis manos a lo largo de su erección palpitante mientras continúo golpeando su trasero. La degradación acompañada de su trasero, estando completamente lleno con mi polla y mi mano jugando suavemente de la suya dura del todo hace que se vuelva loco y empieza a gritar en voz alta mientras aumenta mi brutal asalto que ataca a sus sentidos, al poner mi mano libre bruscamente en su trasero.

— Sí, grita por mí, mi pequeña puta de mierda —gruño mientras acelero mi follada progresivamente en su culo y en su polla.

— Sí, tata, cógeme más fuerte, tata —grita mientras las implacables estocadas comienzan a ser menos rítmicas y se acerca mi orgasmo.

Al mismo tiempo mi mano que acaricia su polla empieza a acelerarse rápidamente llevándole también hacia un orgasmo que en muy poco tiempo siento mis bolas tensas con el signo revelador de mi propio orgasmo.

— Oh, me estoy corriendo, tata, me estoy corriendo, —grita mientras mi orgasmo golpea causando que dispare carga tras carga de semen en sus entrañas y sobre el subsellium.

— Futuere! (29).

Es decir esto y en la siguiente estocada con toda mi polla dentro empiezo a eyacular disparo tras disparo en su culo, soltando una enorme cantidad de semen guardado tanto tiempo. Me dejo la polla enterrada dentro de él mientras disparo más semen en un segundo turno, y luego la abandono en su interior mientras mi polla empieza a ablandarse antes de sacarla de modo repentino y sin avisar,  dejando su culo abierto y rogándome que le dé más.

—Limpia mi maldita verga.

Se lo ordeno y se mueve rápidamente, pasando su lengua por toda mi polla recogiendo mi semen. Lo cataba y parecía gustarle el sabor, siendo así que estaba mezclado con restos de su culo. Deja mi polla más brillante que la plata. Luego se lleva a la boca toda mi polla y observo con cierta satisfacción que ahora puedo metérsela toda en su garganta sin que vomite.

— Eres una buena putita, ¿cierto?, —le digo en voz baja—, ¿Sabes? Disfruté destruyendo ese lindo culito tuyo. —Se lo digo suave y una enorme emoción se le refleja en su cara, se siente el orgullo que tiene de haberlo conseguido.

— Gracias, tata, —me dice con una sonrisa temblorosa que se extiende por su cara.

Yo me alejo de él, recojo mi ropa y empiezo a ponérmela lentamente comenzando por mi subligar.

— Puede que tengamos que hacer esto alguna vez más —le dije mientras me abrocha la camisia.

— Me gustaría mucho eso, tata, —me lo dice mientras me ayuda a ponerme la túnica.

Caminamos hacia la puerta y me sigue como un fiel cachorrito perdido, abro la puerta, me detengo, me doy la vuelta para mirarle y lo beso con la misma dureza que tenía antes y aún así, poco después de correrse, noto que su polla empieza a levantarse de nuevo.

Mira su polla que está ahora a media asta y cómo sonríe con esa sonrisa viciosa, me agarro a su polla y le doy un par de suaves y lentas caricias antes de soltarla provocando un gemido de pura necesidad en sus labios.

— Por favor, tata, —me ruega.

— Tendrás que lidiar con eso tú misma, mi pequeña puta, —le dije con el cruel brillo propio de mis ojos antes de que salgamos, para decirle que se vista un poco.

— ¿Dónde vamos tata?, —me pregunta.

— Delvyn, mi querido Delvyn, vamos a cubierta para apreciar el olor de mar que  tiene el aire; no me digas tata de modo habitual, solo cuando nos dediquemos a jugar, pero yo te considero mi hijo, ya que no tienes a nadie más, así que puedes llamarme pater.

Se viste el sublimar y sale conmigo a cubierta y dice:

— Gratias, pater mi, —dijo en voz baja, le indiqué que quería escuchar sus palabras en voz clara y alta.

— Gratias, pater mi, —repitió de modo muy audible.

Salimos a cubierta. Allí solo estaba el turno de los custodios de la vigilia. Las pocas luces de la ciudad se veían centelleando y las luces del puerto rehilaban en el mar en calma.

Era el momento de besarnos sin juegos, en serio, de padre a hijo y entre amantes, una mezcla que surgió entre juegos y que dura hasta el día de hoy. Si los dioses me ayudan podré acabar un día esta historia y descubriréis el tipo de amor entre tres personas, Delvyn, Numerius y Aulus.

**********

Anoche nos acostamos enseguida que regresamos de Cubierta. Todo estaba en desorden. Mis recuerdos y los de Delvyn ahora eran gozo cierto. Nos fuimos a la cama y nos abrazamos desnudos para dormir muy juntos, afuera quedó el semen de los dos desparramado por toda la habitación.

Esta mañana hemos desayunado tras levantarme yo. Delvyn se ha adelantado, ha limpiado todo y ha dispuesto el desayuno en cubierta. Cuando me ha visto de inmediato me ha saludado:

— Pater mi, el desayuno está preparado en cubierta; han comunicado que a la hora sexta vendrán a recibirte al puerto. Con este mar en calma tenemos tiempo para bañarnos mar adentro fuera del puerto donde el agua es más limpia. Ha sido una oferta del capitán.

Acepté gustoso. Puse todas mis cosas en orden, lo demás lo dejé para Delvyn al regreso de nuestro baño y después del prandium. 

Un remero nos esperaba para llevarnos al lugar indicado por el capitán. Salimos del barco solo con subligar para no pasar calor. Llegados al barco, dije al remero:

— Duc in altum.

Llegados allí, nos quitamos el subligar y nadamos. Cuando nos cansamos regresamos a la nave. Ese día comiendo el prandium en cubierta invitamos al remero a comer con nosotros y a tomar un par de copas de vino.

El remero encontraba extraño la invitación, comiendo le expliqué que podría habernos dejado en alta mar y marcharse, pero al ser fiel es nuestro amigo. Se puso a llorar de alegría por ser tenido en consideración de amistad.

Lloró Delvyn también. Los recuerdos de mi infancia me vinieron todos a una a la cabeza y también me emocioné evitando las lágrimas.

Comenzaba una nueva etapa en nuestra vida. Pero mi pensamiento estaba en Aula pulchra, como habíamos llamado a mi villa tras la muerte de mi padre.

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NOTAS:

(22) Condenados a extraer metales. Los metales más abundantes en Sardinia (Cerdeña) eran el plomo y la plata.

(23) Las cartas escritas con unciales tienen cierta relevancia. El texto dice: Querido Numerius, viajo a Sardinia no sé por cuanto tiempo, aunque deseo regresar lo más pronto posible, porque tengo un vacío en mi corazón al no tenerte cerca y en nuestro tálamo. Delvyn es fiel; vino contento de ti cuando lo envié con el cargamento de ropas de nuestro taller,  que los hombres y mujeres que resguardé en casa  han trabajado muy bien. Me contó que se lo hiciste pasar muy bien en tu cama, venía feliz. Yo quiero tener mayor felicidad cuando regrese, pues siento vivos deseos de estar contigo. A mi regreso de Sardinia pienso instalar el taller en nuestra casa. Roma alberga tantos peligros cuán larga es su historia. Salud.

(24) Claudio inicia su gobierno el año 41 de esta era, tras el asesinato de Calígula por la Guardia Pretoriana, la misma que eligió a Tiberius Claudius Cæsar, y tomó como nombre de Emperador el de Claudius Cæsar Augustus Germanicus, Pontifex Maximus. El año de referencia es el 54 de nuestra era.

(25) Subselliumes un banco ancho sin respaldo y sobre cuatro patas

(26) podex, el conjunto anal; se puede referir indistintamente al ano o al culo como al conjunto. Como no se conocía con exactitud la anatomía del conducto anal, tienen fundamentalmente tres palabras: anus, culus, podex; anus se refiere al agujero anal sin más distinciones, culus designa el conjunto externo, es decir las posaderas o trasero, podex designa agujero anal, perineo y caverna de entrada. Los términos Musculus sphincter ani externus, músculo esfínter externo del ano, y Musculus sphincter ani internus, músculo esfínter interno del ano, son posteriores, cuando la ciencia desarrolla los conocimientos y la moral cristiana los usa en sus documentos. En el tiempo de la escritura de la Vita Auli, hemos de referirnos a los tres primeros términos. En la actualidad el culo y el ano tienen en castellano una jerga de más de 60 palabras cada uno. Pongamos por caso los siguientes: ancas, ano, asentaderas, asiento, as de oros, cachas, cachetes, cardámen, casquete, clavo, cola, común, depósito de un polvo, fin, folladero, fondo, fornicator, jodedera, glúteos, general, grupa, huesito dulce, nalgas, ocóte, ojete, ordinario, pandero, pan dulce, polvo, pompis, posaderas, posas, posterior, poto, puñetero, recto, rulé, suelo, tras, trasero, traste, tuje.

(27) Lupa fæcis, puta de mierda. Vid. Nota 23

(28) Tata es la expresión cariñosa de los niños hacia su padre. Pater es la expresión habitual. No existe en el mundo romano antiguo una expresión similar a mamá.

(29) “futue te ipsi”, Jódete. En latín hay muchos insultos soeces, por ejemplo: 1. Insultos elementales: “faex”, mierda; “cane”, puta, perra, zorra (Sin embargo, esto se refiere a un perro, y no a la hembra en modo despectiva); “deodamnatus”, maldición; “Irrumator”, bastardo, chupapollas; “Bovis stercus”, buey de mierda; “Lupa”, puta; “Leno”, Chulo. 2. Dicciones básicas:  “filius canis”, hijo de puta (literalmente ‘hijo de perro, perra’); “futuere”, follar; “futue te ipsi”, jódete; “ede faecam”, vete a la mierda, comemierda; “Flocci non faccio”, Me importa un bledo; “Stercus accidit”, Lluevemierda, Mierda pasa, mierda cae. 3. Jurar con palabras e insultos: “Es stultior asino”, Eres más tonto que un asno; “Es scortum obscenus vilis”, Eres una perra vil y pervertida; “Te futueo et caballum tuum”, Jódete a ti y al caballo en el que cabalgaste; “Es mundus excrementi”, Eres un montón de mierda“; Es stercus!”  Eres un mierda!; “Moecha Putida”, Puta sucia; “Podex perfectus es”, Eres un perfecto agujero del culo; “Potes meos suaviari clunes”, Bésame el culo; “Futue te ipsum!”, Jodete a tí mismo!; “Perite”, A la mierda!; “Vacca stulta”, YEstúpida vaca; fututus et mori in igni”, Vete a la mierda y muere en un incendio; “Vescere bracis meis”, Eat my shorts, Cómete mis calzoncillos, cómete mis pantalones; “Morologus es!”, ¡Estás hablando como un imbécil!; “Puto vos esse molestissimos”, Creo que eres muy molesto; “Qualem blennum!”, ¡Qué tonto!; “Qualem muleirculam!”, Que tonto. 4. Insulto gracioso: Mater tua tam obesa est ut cum Romae est urbs habet octo colles! ¡Tu mamá está tan gorda cuando va a Roma que tiene 8 colinas!

(30) Futuere!, ¡Joder!

(31) Gracias padre mío. Pater mi va colocado en vocativo, como es costumbre entre los romanos. La palabra gratias ha ahorrado un grupo de términos innecesarios en la locución: gratias ago tibi.

(32) Duc in altum, llévanos a lo más profundo o llévanos a alta mar.

Caput III: De amissa dignitatis meae

Mentitur qui te vitiosum, Zoile, dicit.

Non vitiosus homo es, Zoile, sed vitium.

Miente el que te dice vicioso, Zoilo.

No eres un vicioso, Zoilo, sino el vicio.

(Marcial, Epigramas XI, 92)

HABÍA LLEGADO EL AVISO del Emperador que tanto deseaba mi padre. Él pensaba que, dado que no servía para la milicia, que tenía que dedicarme a la política en el Imperio, es decir, ser al menos gobernador de algún lugar. Mi padre había gastado mucho dinero para adquirir influencias a favor mío. El no lo pudo ver pero yo hice honor a su deseo. Realicé los preparativos necesarios y partí a la presentación. Me habían dicho que vería al Emperador, que era un Dios e hijo de los dioses, encargado por los dioses para hacer grande a Roma. A Roma me llevó Antípoulos, un avezado auriga de cuadrigas. Como no estábamos lejos llegué en medio día y el sol daba de lleno, no salí de mi pequeña casa que al menos tiene un jardín lleno de umbrosos árboles. Esta fue la casa que mi padre compró para que cuando mis hermanos regresaran de sus campañas pudieran dejar el campamento que se quedaba siempre a las afueras de la ciudad y ellos pernoctaban en molicies camastros. Scauros, un esclavo que merecía toda nuestra confianza, me estaba esperando de dos días ya desde que le llegó el aviso. Lo vi solo y le pregunté si había recibido el encargo de mi llegada.

— Sí, amo, lo recibí hace dos días, es el tiempo que llevo esperando.

— Pero no veo ningún preparativo, y después de comer ¿voy a hacer mi siesta aburrido?

— No necesariamente, amo, solo me falta saber que tipo de mujer deseas, porque eso no venía especificado, a no ser…

— Sí, Scauros, a no ser…, sabes que las mujeres romanas no se lavan, parecen tener miedo al agua y se ponen perfumes baratos encima de sus sudores que apestan aún peor.

 Scauros no pudo contener su mueca de risas y rompió su risa con una fuerte carcajada.

— ¿Por qué te ríes, Scauros?

— Porque yo sé los buenos gustos de mi amo, y mientras comes voy y te traigo lo que deseas.

— Ah, por cierto, desde antes de la muerte de mi padre que no nos hemos visto, y veo que no te han dicho las nuevas costumbres de tratamiento.

— Sí, amo, sí me lo han dicho, pero no sabía si creerles o no, porque tu padre, con un mínimo error, nos descalabraba el lomo.

— Yo no te voy a descalabrar, prefiero el amor de mis siervos al miedo, solo quiero que hagamos la familia grande entre todos y que seamos felices y, si alguno no gusta de estos términos o sigue con las viejas costumbres, lo mando a vender para que se arrepienta de por vida e irremediablemente. Por consiguiente, soy Aulus y merezco tu respeto como tú mi confianza. Ve y acierta.

Comí algunas cosas como aperitivo, me entretuve con los pajaritos asados con miel que estaban en su punto y con un vino no tan bueno que había preparado Scauros. No había transcurrido ni media hora, ya estaba Scauros frente a mí con un sujeto que tenía cubierta la cabeza con un gran capuchón. Scauros echó para atrás el capuchón y apareció un rostro bello, con pelo rizado, rubio, tez romana, mentón pronunciado y gruesos labios.

— Este es el joven Glamorganius, —cantó Scauros.

— ¿Glamorganius? ¿No tienes otro nombre?, —pregunté de cara al muchacho.

— Glamorganius se llamó mi padre, Glamorganius me pusieron al nacer, —respondió el muchacho con firmeza y nada humillado.

— ¿Qué nombre tenía tu padre antes de ser capturado?, —pregunté.

— Me contaba historias de nuestra patria…

— ¿Siluria, en Britania?

— Sí, amo, Siluria, —respondió—, mi padre pertenecía al clan de los siluros y fue capturado. Su nombre, según él me decía, era Delvyn que significa «bello».

— Te gusta ese nombre?, —pregunté.

— Amo, disculpa si te digo que no solo me gusta, sino que lo amo, fue el nombre de mi padre.

— Scauros, ¿dónde encontraste a este muchacho?

— Tu padre me dio la licencia para que comprara en el mercado de esclavos un muchacho joven y guapo, para que me ayudara en las tareas de este enorme jardín. Me costó encontrar. Hace justo seis días que lo he adquirido, pero no podía traerlo hasta mañana, pero he suplicado y me lo han entregado hoy mismo. He pagado el alquiler de un día.

— A ver, a ver, vamos a ponerle nombre a este muchacho, acercaos los dos. Ahora Scauros te pone la mano sobre tu hombro y Delvyn es tu nombre. Yo soy Aulus, tú me obedeces y eres atento a lo que yo necesite, haz las cosas como te diga Scauros y serás feliz.

El muchacho sonrió de alegría. 

— Delvyn, ahora te quitas tu ropa y la dejas ahí en el suelo; Scauros trae ropa para el muchacho. Mientras tú, muchacho, vete a lavarte a la fuente del jardín, que apestas, y no tardes en venir.

Se volvió y, mientras se iba, miré su bonito trasero y vi la espalda marcada por el látigo. Al rato, Scauros me presentaba la ropa para el muchacho. Esperamos un rato conversando, fue cuando Scauros preguntó:

— ¿No debemos romanizar ese nombre?

— Está bien así, —dije sin dar importancia al asunto.

Delvyn llegó todo mojado y limpio. Scauros le dio una toalla. Se secó. Me pareció aún más guapo. Y se le veía contento.

— Tienes la parte delantera bien; flexiona los brazos —lo hizo—, flexiona tus rodillas —lo hizo, miré su rostro y no noté dificultad. Scauros, mira y asegura que tiene testículos.

— Aulus, ya lo comprobé en la compra.

— De nuevo, han pasado cinco días.

Scauros se agachó, miró, tocó, el muchacho reaccionó positivamente y noté que iniciaba una ligera erección.

— Perfectamente, —dijo Scauros.

— Vuélvete de espaldas —lo hizo—, mira Scauros su espalda, examina si esas marcas son anteriores a la compra o posteriores. Scauros examinaba una a una las señales del látigo. Tocó dos y se estremeció Delvyn.

— Aquí hay dos marcas que son recientes.

— Delvyn, ¿cuando te golpearon por última vez?

— Ayer dos golpes con el látigo y el día que me compraste el resto. Ese día dolió, —respondió Delvyn.

— ¿Te han violado estos últimos cinco días?, —pregunté.

— Quería hacerlo un visitante invitado y me escapé fuera de la casa. Cuando regresé el amo me castigó. Esta mañana me ha dado dos golpes de látigo para que aprenda, creo haber oído que venía un invitado y pienso que me golpeó para que no me volviera a escapar, —explicó detenidamente el muchacho sus sospechas.

— Scauros, te vas a invitar a cenar esta noche al vendedor, no necesita que le expliques nada, pero le daremos una lección.

Cuando llegó la noche, el vendedor de los esclavos que se llamaba Theodulos, un griego de mirada torva, fue recibido con muchas sonrisas y plácemes por mí, mientras Scauros cerró las puertas de la casa con llave. Cenamos y entonces actué yo:

— Scauros, ayuda a Theodulos a quitarse la ropa.

— No es necesario quitarme la ropa, —dijo Theodulos.

— Theodulos, te vas a quitar la ropa, toda, toda la ropa. Ya sabes quien soy y el cargo que ocupo, voy a conseguir tu muerte legalmente, por los engaños que realizas.

 — ¿Cómo es eso?, ¿por qué? Si en algo te he defraudado, dímelo y te restituiré, aunque no es el caso, porque ni te conocía.

— ¡Delvyn, Delvyn!, —acércate.

Salió de una puerta con sus bracæ y el torso desnudo. Lo puse de cara a Theodulos, diciendo:

— ¿Te acuerdas de este muchacho?

Como guardaba silencio, insistí:

— Responde, Theodulos, porque de aquí no vas a salir hasta que no llegue la guardia del Tribuno; Dime si lo conoces…

— Un puto esclavo de mierda, ¿qué pasa que no te gusta?, ¿qué ha hecho?

— No es lo que ha hecho, sino lo que has hecho.

Le di media vuelta para que viera la espalda. Delvyn estaba temblando y me miraba con cara de pena y angustia.

— Hace cinco días que compré este esclavo, era mío y le has pegado dos veces en este tiempo. A mis esclavos nadie mas que yo tiene el poder de golpearlos, ¿no te enteras? Ya me estás devolviendo antes de media hora, la mitad del dinero que te dio Scauros en la compra, más retribuirás el doble de lo que le has hecho pagar. En la puerta está tu esclavo, tú no has de salir de aquí vivo si no cumples esta petición. Llama al esclavo de Theodulos, Scauros, que le va a dar una indicación, escribe en la tablilla la cantidad que ha de devolverte, la mitad de la compra y el doble por lo último que le has dado.

Entró el esclavo, y yo me quedé fijo mirando a Theodulos mientras pronunciaba:

— Tráeme lo que indica en esa tablilla, sabes donde encontrarlo.

Añadí:

— Corre veloz, si tardas más de lo debido, te aseguro que verás la muerte esta misma noche.

Llegó el esclavo antes de lo previsto. Entregó todo y lo dejó sobre la mesa. Scauros contó el dinero y estaba de acuerdo, acaricié y arrimé a mi pecho la cara de Delvyn, y dije a Theodulos:

— En dos días estarás en apuros, no amenazo, te digo la verdad, escapa de Roma ahora que aún puedes, en dos días no podrás moverte y tu camino será la muerte con seguridad. Has arruinado la vida de mucha gente, libres y esclavos y lo vas a pagar. Te recomiendo que te largues lejos, tan lejos donde no alcance el águila imperial. Todas las legiones tendrán noticias de ti y no tendrás descanso dentro de los límites del Imperio. Puedes irte.

A media noche despertaron los rumores de la gente. Se había declarado un incendio en una casa. Delvyn me acompañó y resultó ser la casa de Theodulos. Todos los que pudieron salvarse, estaban en la calle. Se personó el Prefecto de la Urbe, a quien me presenté indicándole donde estaba mi casa. Mientras apagaban el fuego, el propio Prefecto me preguntó si podía albergar en alguna sala de mi casa a los esclavos que no se habían fugado para asegurarse que se les tratara bien. Accedí y le pedí a Delvyn que los llevara a casa y los acomodara en el salón más grande. Que avisara a Scauros para darles de comer algo al que tuviera hambre:

— Cuando los dejes allí, regresa, puedes ser útil cuando apaguen el fuego para indicar detalles sobre la casa. 

Cuando regresó ya se había apersonado también el Præfectus Vigilium. Este último se interesó en que Delvyn le contara cómo llegar hasta el fondo de la casa. Allí encontraron el inicio del fuego, el cuerpo de Theodulos y en las dependencias de esa zona varios cadáveres calcinados.

Al salir de la casa, yo esperaba en la calle, Delvyn vino hacia mí y el Prefecto con sus ayudantes los siguió. El Prefecto me preguntó:

— ¿Conocías a este hombre griego?

— Lo conocí anoche porque vino a cenar a mi casa, el fue quien me vendió este muchacho.

Luego preguntó a Delvyn: 

— ¿Cuantos esclavos han ido a casa de tu amo?

— Dómine, duo de quadraginti sunt.

Se dirigió a mí el Prefecto:

— ¿No será una molestia?, porque esto puede tardar en aclararse como dos semanas.

—Ninguna molestia; sólo que si no tienen amo y se los adjudica la Administración del Imperio, yo los compro todos, ya que voy a necesitar gente para lo que me encomiende mañana el Emperador Claudio, nuestro señor.

— Tomo noto mental y ha sido un placer conocerte y encontrar un joven tan ordenado y con visión de futuro. Hasta pronto.

— Nos vamos a descansar, Delvyn, que llevo el día entero y algo más, desde la segunda vigilia de anteayer.

Nos dirigimos a casa, en la puerta esperaba Scauros:

— Duro inicio en Roma, no ha sido necesario matarlo.

— El destino de los malvados es suicidarse. Otra cosa, ¿dónde va a dormir Delvyn?

— No había previsto un lugar para hoy, mañana tiene el granero.

— Viene a dormir conmigo porque debe estar tan cansado como yo. Desde ahora, Scauros, eres el jefe de todo este movimiento. Los revisas, mira quién ya es apto para trabajar y quien necesita atención médica, si conoces un galeno lo llamas para que los vea a todos, comenzando por Delvyn.

— Se hará como mandas.

— Ah, si alguien cocina bien y le gusta…

— Mi madre, —dijo Delvyn.

— Mañana quiero conocerla y haremos que se quede aquí.

— Gracias, amo.

— Los dioses son los amos y los que rigen nuestros destinos, para ti soy Aulus, pequeño Delvyn. Per… ¿qué hacemos? ¿Desde cuando no has comido?

— Llevó dos días sin comer, es que…

— Ve a la cocina, tráete tu comida y una manzana para mí. Busca donde esconde Scauros el vino y lo traes con dos vasos.

— Aulus, nunca tomo vino, nadie me da nunca, no sé si me gustará.

— Así estás que da lástima verte. Yo necesito alguien que pueda manejar una espada y sepa luchar conmigo, para eso has de comer y beber. Vas a comer lo necesario y muy despacio y lo mezclas con sorbos de vino.

Le gustó el vino y nos fuimos a la cama, me ayudó a desnudarme, luego se desnudó él y se iba a mis pies a dormir. Le invité a dormir conmigo.

— ¿Me vas a violar?

— No; estamos cansados, mañana, si deseamos los dos, ya nos violaremos, hoy a dormir.

Me abracé al muchacho para darle calor, estaba muy flaco y seguía temblando; abrazado a mí, dijo, susurrando a mi oído:

— Aulus…

— ¡Habla!

— Eres muy valiente y resuelto, solo con palabras le has metido el miedo en su alma.

— Duerme, pequeño, duerme.

* * * * * * * * * * *

Me desperté porque sentí un extraño placer y ni siquiera sabía dónde estaba. Lo primero que noté es que Delvyn me estaba mamando mi polla y me daba mucho placer.

— ¿Qué haces?

— ¿No te gusta?

— Sí, pero, no quiero maltratarte.

— Sé que tú no quieres maltratarme, pero tú polla es grande, gruesa y bonita, además sabe bien, ¿cuando me violarás?

— Yo no te violaré, porque no me gusta hacer daño a nadie, si tú no quieres no necesito follar contigo.

— ¿Que diferencia hay entre violar y follar? Los dos amos que he tenido siempre decían violar y me violaban hasta hacerme mucho daño.

— Violar es tener sexo con alguien que no lo desea o no se puede esquivar. Follar o “copulare vel pedicare” es hacer el sexo de común acuerdo, que siempre haya saludable pasión y se cuide de no hacer daño, el sexo puede ser violento algunas veces, pero jamás ha de golpear el fuerte al débil sin consentimiento y se ha de concluir amando un poco más al amado.

— Y como puede ser posible eso si uno es amo y el otro es esclavo.

— Por ejemplo, me estás produciendo mucho placer, lo has hecho porque te gusto o porque lo deseas…

— Por ambas cosas.

— Muéstrame tu culo.

Lo miré había rajaduras, hinchazones y heridas cicatrizándose, luego le dije mientras apretaba suave con el dedo:

— ¿Duele aquí?

— Mugg… 

— ¿y aquí?

— ¡Aaagg, sí!

— En una semana se sanará, entonces podremos follar si nos apetece.

— A mí, sí, pero contigo.

— Bien, sin prisa.

— Entonces, ¿ya no vendré aquí hasta después de la semana?

— De aquí tú ya no te mueves, cuando venga Numerius, dormirás con los demás o ahí a mis pies.

— ¿Quién es Numerius?

— Mi hermano y mi amante.

—  ¡Ah!

— Cuando lo conozcas, te gustará más que yo, ya lo verás.

— ¿Qué trabajos voy a tener que hacer yo?

— Vas a ser mi ayudante en todo, me ayudarás a vestirme, a lavarme, a llevar mis cosas y, cuando estemos sin invitados, te sentarás conmigo a la mesa y comeremos hablando.

Se quedó un tanto asustado con cara de alegría. Ese día desayunamos juntos y previamente me presentó a su madre. La hice sentar a la mesa y le dije que se pusiera de acuerdo con Scauros para dedicarse a la cocina, que eligiera a dos o tres mujeres más para ayudarle en los fogones y en la cocina.

— Si no es molestia, amo, mi hijo menor puede preparar lo fogones y…

— Luego le explicas a tu madre cómo ha de tratarme —le dije a Delvyn, luego continué hablando con su madre—, y estoy de acuerdo con lo de tu hijo, le enseñaremos a servir y ha de aprender a leer y escribir, y no sufras más por ellos que no te los voy a separar, ¿tienes esposo?

— No, lo mató el amo, y luego me violó y me dejó un hijo, Glaucos, —y se puso a llorar.

— Es suficiente por hoy, vamos cada uno a su tarea, vete con Scauros a comprar telas para vestirte con dignidad tres o cuatro bracæ para ejercer el oficio de secretario. Luego buscáis una costurera…

— Aquí estamos cuatro que sabemos coser e hilar, si tú, amo, lo consideras conveniente, podemos coser todo lo que necesites.

— Como prefiero que estés en la cocina y Glaucos contigo, piensa cuál de ellas puede organizar el taller de costura.

A la hora décima tenía la entrevista con el Emperador Claudio. Me pareció que todo fue una frivolidad. Todo el tiempo estuvo Claudio conversando conmigo y a la vez con su venumdata de turno. Al final me concedió el documento donde estaba mi nombramiento de Subprefecto Canciller. Casi todos los días tenía que despachar con los Prefectos y con el Emperador. Fue un cargo y un trabajo muy oneroso, porque todos me preguntaban cosas de otros. Me hice el difícil para que pronto me cambiaran. Era demasiado recto para semejante función.

Pasó la semana en la que todas las noches y al levantarnos curaba con aceites y hierbas picadas el culo de Delvyn. Me iba diciendo donde ya no le dolía.

— Aulus, has sido muy bueno conmigo y con mi familia, no sé cómo retribuirte, me tratas como a tu hermano menor, pero deseo que me ames, como tú dices, ut pedicāre tecum desídero.

— ¿Te has lavado?

Me puse a comerme su culo. Entonces descubrí lo que contaba un esclavo griego en el mercado:  «En el sexo hay que ponerse antes que nada como dos peces invertidos», continuaba diciendo que eso es lo más efectivo para no hacerse daño y calentarse para realizar el acto sexual con más pasión. Me di la vuelta y mientras yo le comía el culo, Delvyn lo hacía estupendamente sobre mi pene. Cuando ya estábamos los dos gimiendo con sonidos de boca ocupada:

—Mugrrrgggbof…. 

Sonidos ininteligibles pero indicadores de que estábamos en su punto, me enderecé, me puse en la cama de rodillas, tomé sus tobillos con mis manos y me los cargué a los hombros. Me miraba extrañado y ajusté su agujero a mi polla. Como el apretaba sus pies por detrás de mi cuello, lo tomé por sus caderas y me lo acercaba poco a poco a mi polla. Inicié lentamente la penetración. Delvyn cerraba por momentos los ojos y apretaba la boca. Descansé un momento y me sonrió. Continué echando saliva sobre mi polla y la hice penetrar. Delvyn soltó:

— ¡Ah!, ya…

Esperé un momento más para que se acomodara y apreté un poco más para meterla del todo:

— ¡¡Aaaayyy!! 

Volví a parar y él se acomodaba y noté que le daba gusto moverse porque sus piernas se estremecían cada vez que mi polla tocaba fondo.

— ¡Esto es maravilloso!, —dijo con cara alegre y la boca llena de saliva.

Entonces comencé a follar, hasta que llegué a sacarla del todo y meterla de golpe. De pronto sentí que Delvyn se estremeció y se corrió abundante, hasta mi cabeza llegó. En vista de eso entré en cadena con él y me corrí en su interior, no sé cuánto, pero me quedé como vacío de cuerpo y alma y me tumbé sobre él para besarle. Me besaba sin parar. Me hizo disfrutar. Cuando saqué mi polla de su culo nos abrazamos con nuestras pollas juntas hasta que cobraron vigor y nos corrimos de nuevo casi simultáneamente.

— Delvyn, dile a tu madre que has de comer más y mejor, que así no aguantas y a la hora de mis ejercicios te quiero ver conmigo y aprenderás a manejar espada y lanza. Además, has de ir a comprar un par de subligares.

— Me vas a vencer…

— No; no te voy a vencer, te voy a enseñar para que sepas defenderte y defenderme.

— Lo haré, aunque con ello vaya mi vida.