Caput X: De extrema Nuceriæ pudicitia

Omnes Sulpiciam legant puellae,

Uni quae cupiunt viro placere;

Omnes Sulpiciam legant mariti,

Uni qui cupiunt placere nuptae.

Sed castos docet et probos amores,

Lusus, delicias facetiasque.

Hac condiscipula vel hac magistra

Esses doctior et pudica, Sappho.

Que lean a Sulpicia todas las jóvenes que desean satisfacer a un solo marido; que lean a Sulpicia todos los maridos que desean complacer a una sola esposa. Ésta enseña amores castos y limpios, juegos, encantos y gracias. … Con esta condiscípula o con esta maestra, estarías mejor enseñada y con más pudor; pero, de haberla visto a la par y a la vez que a ti, el duro Faón se hubiera enamorado de Sulpicia.

(Marcial, Epigramas X, 35)

SIGNIFICATIVA Y HERMOSA fue la actitud de Nuceria. Jamás pensé que reaccionaría tan positivamente como lo hizo al presentarle a Salonia. De inmediato dio muestras de amistad fiel y recibió con agrado a Salonia y su familia. Ya le había hablado Numerius de ella, tampoco fue una novedad. Estaba preparada para abrazar y recibir a Salonia como de la Familia. En parte esta reflexión fue de Salonia trasmitida a sus hijos y comunicada a mí por Delvyn. También Delvyn había preparado a su madre para convertirla en buena amiga de Nuceria. Fue bueno por ambas partes esta preparación previa porque ambas iban a tener que trabajar codo con codo entre sí ya que Nuceria ya estaba al cargo de la administración doméstica y Salonia lo iba a estar de la administración y cuidado de todo lo que se refiere a la cocina.

Nuceria iba a poder descansar un poco ya que hasta ese momento se había hecho cargo de todo. No había día que acabara sin que me llegara una alabanza de Nuceria por parte de Salonia. Nuceria era mucho más recatada en todo incluso en alabanzas. Pero no carecía de virtudes. La más significativa de todas era la continencia sexual. Y siendo Numerius y yo muy marcados por nuestra tendencia en lo que al sexo se refiere, encontrábamos grato que nuestra madre fuese extremadamente púdica. Puedo asegurar que no nos hubiera gustado verla en los brazos de otro hombre. No lo estuvo jamás, no lo deseo, no lo buscó, no lo consintió.

— Pero quizá un hombre te protegería si estuvieras casada con él por ese simple hecho.

— No nos engañemos, Aulus, si mis hijos no pueden defenderme, nadie más podrá hacerlo.

— Dejemos que viva su vida.  Ahora está llena de alegría, ocupación y bienestar, —dijo Numerius.

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Cinco días sin ver a Nuceria en el jardín ni por nuestras estancias. Había dado orden a Aliteria para que aseara nuestras estancias hasta nueva orden. Fueron cinco días en los que se nos había olvidado que mi madre estaba gravemente enferma. Nos hizo llamar de modo urgente. Nos pusimos de acuerdo y llegamos juntos. La habitación olía a jazmín, limpia, ordenada y mi madre tumbada en la cama, respirando con dificultad. Nuceria a su lado tomándo las manos, rezando a los dioses y animando a mi madre. En silencio nos mandó acercarnos. Me aproximé al lado de Nuceria junto a mi madre y me puse de rodillas para per mi rostro a su altura. Numerius estaba detrás de su madre. Mi madre murmuro algo ininteligible. Nuceria dijo a Numerius que se agachara y escuchara con atención. Mi madre habló ni Numerius ni yo entendimos. Nuceria tradujo o interpretó o repitió, llevaba mucho tiempo siendo la única persona que le hablaba y con quien mi madre quería hablar. Nuceria comenzó:

— Dice que te pide disculpa por todo lo que te hizo; dice que te agradece todo lo que has hecho por su hijo y por la casa; dice que te pide una cosa, no abandones nunca a Aulus; dice que le pidas a los dioses por tu hermano y le quieras mucho para compensar lo que yo no he sabido querer.

Oído esto le tomé las manos a mi madre y las llené de besos, luego le di un beso en sus labios para demostrarle que la amo y otro en la frente para indicarle que la respeto. Tras esto me dio un fuerte y violento apretón a mis manos y expiró. Numerius se puso de rodillas a mi lado y me abrazó. Nuceria le cerró sus ojos y con lágrimas en los ojos y mucha serenidad y temple comenzó a preparar todas las cosas para los funerales, ungüentos, vendas, perfumes, todo lo tenía a punto y nos mandó salir para que diéramos parte a toda la familia:

— Primero mandadme a Aliteria para que me ayude.

Cuando llegó Aliteria y se lo dije, lloró y se metió de inmediato al dormitorio.

— Haced venir toda la familia a la villa; los que tengan trabajo que recojan lo que se podría perder o malograr y vengan a a llorar a la dómina para aplacar la ira de los dioses. Organícense las mujeres en el plañidero por turnos y que no cese el clamor. Preparen en la cocina comida para las visitas que vengan, comed por turnos y que siempre haya alguien de vosotros, impedid El Paso a los visitantes si pretenden ir donde no corresponde, estad atentos para que nadie nos robe nada, saludad con inclinación profunda a todos los visitantes y dirigidlos al salón de recepción. Ocho hombres, preséntense los más fuertes para vigilar por turnos el féretro. Cualquier otra duda que se os presente, me lo preguntáis. Por último, dejad que Aulus llore a su madre y descargue el dolor que alberga su alma. Cada uno a lo suyo.

Fueron palabras de total decisión de Numerius que me reconfortaban y me abracé a él llorando y le dije:

— Tengo pena, más aún porque recuerdo lo que me alegré cuando murió mi padre y ahora la pena que tengo.

— Ella te llevó en el vientre, te cominicó sus sentimientos y casi todo lo me me ha dicho era que te cuidara. No necesito que me avisen de amar a la persona que más quiero, pero me fortalece. Ahora solo necesito que guardes todo este tiempo la compostura, que muestres a todos el amor a tu madre y que te sientas agradecido por su visita. Ellos quedarán satisfechos porque no faltará ni la comida ni el vino.

Cuando cuatro fortachones trasladaron el cuerpo de mi madre sobre un catafalco en el salón, la vi guapa, peinada, bienoliente y con la cara pintada como si estuviera durmiendo, fui donde estaba Nuceria con Aliteria y las abracé y llené de besos agradecidos. De repente las plañideras comenzaron sus cantos y sus lamentos y endechas.

Fui a descansar mis emociones y cinco horas me permitió Numerius dormir. Al despertar necesité a mi amor y allí, sentado sobre en tálamo, desnudó y dispuesto espero que mis deseos se pronunciaran y nos unimos en un abrazo que no hubiera tenido fin de no ser porque, al atacar los calores, era necesario preparar la pira funeraria.

Llevamos en procesión el cadáver de mi madre al extremo oriental de mis campos y prendimos la pira guardando un riguroso silencio. Apagado el fuego, nos retiramos a casa, Nuceria se quedó para hacer desaparecer todo rastro de cenizas y trozos quemados.  Solo salvó una vasija para hacer un altar en lo alto del cerro. Acababa una etapa en la vida de la Villa y se iniciaba otra a espaldas de la antigua Roma. Sacamos de casa todos los ídolos y respetando las creencias de cada uno en privado o pequeños grupos en un oratorio que construimos en la colina donde solo hay un ara marmórea para depositar ofrendas y un lugar donde están las cenizas de mi madre. Ella está en compañía de sus dioses, porque puso paz a su alma antes de morir. De las llaves del oratorio está al cargo Nuceria y todos los siervos de la familia pueden ir a adorar a sus dioses y rezar por sus seres queridos. Solo tienen que pedir la llave y al retornar devolverla. Nadie hace preguntas ni se inmiscuye. Hoy seguimos con esta práctica y si los hados nos son siempre propicios, seguiremos haciéndolo mientras yo viva.

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Casi a punto de despedirme de este primer libro, el lector que ha llegado a este momento quizá quede extrañado que elogie el rigor con que Nuceria lleva su castidad y lo poco castos que somos sus hijos. Así es. Numerius y yo no encontramos pausa en el amor. Si estamos juntos en la intimidad, siempre follamos, es una de las cosas que nos mantiene unidos, porque la otra actividad que tenemos es el trabajo y nos separa, porque cada uno tenemos nuestras ocupaciones y con frecuencia alejados físicamente uno del otro.

Hay una diferencia considerable entre nosotros dos. Numerius se parece mucho a su madre, es guapo y la cara algo femenina y el vivo retrato de Nuceria. Su comportamiento sexual es similar también a Nuceria. Si no estoy en casa, lo más que hace y no siempre es aceptar los ofrecimientos de Delvyn y ahí acaba todo. Yo, por el contrario, me parezco en cuanto al sexo a mi padre, nunca tengo suficiente, por eso también me llevo a mi secretario Delvyn para que se acueste conmigo y hagamos el amor y durmamos dándonos calor.

Por otra parte, Delvyn tiene a Aliteria para que le cuide y le haga compañía. La usa más como sirvienta que como compañera. Pero tanto Delvyn como Numerius tienen que procrear y solo deseo que se animen para que las madres de sus hijos puedan criarlos en su juventud. De modo que si no se animan tendré que obligarlos a que lo hagan en mi presencia hasta que las dos mujeres, Aliteria y mi hermana queden preñadas y den a luz un varón, porque han de ser mis herederos.

Luego queda Veiovis, que, aunque está mejorando mucho y madura cada día que pasa con mayor responsabilidad, en cuanto al sexo, abomina como yo la relación sexual con mujer, pero también él ha de darme un heredero, así encuentre una pareja masculina.

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Hecha esta descripción sobre nosotros, nos introducimos a comentar acerca de Scauros. Nos ha salido anteriormente como un siervo fiel y en su momento no os he dicho cómo es y qué hace ahora en la Villa. Vamos, pues al tema Scauros. Scaurus era un esclavo que a los 10 años compró mi padre. Es griego de nacimiento. Lo que sabemos es que la Legión Cuarta Macedónica, fundada por Julio César para perseguir a Pompeyo, la fundación debió ser el septingentēsimus sextus ab Urbe Condita (58). En esa región de Macedonia vivía con más o menos tranquilidad los antepasados de Scauros. Hubo un motín y se desplegaron los legionarios para diezmar la población. Entraron en la casa de la familia de Scauros y  mataron a cuantos allí había a excepción de Scauros que estaba tan pequeño que ni andaba. El legionario se lo trajo a Mediolanum para criarlo y lo puso en brazos de su prometida. Cuando Augusto envío la Cuarta de Macedonia a apaciguar a los cántabros, allí encontró la muerte el propio legionario. La familia de su prometida, para sacar mejor partido de la muchacha, vendió al niño de 7 años y llegó a Roma donde lo compró mi padre que no veía razones para casarse y buscaba compañía. Cuando mi padre se casó Scauros vino a ser un esclavo más. En cierta ocasión para demostrar a sus invitados que el muchacho le era muy obediente, lo hizo desnudar delante de todos y lo violó e invitó a otros a violarlo y lo hicieron, el muchacho se resistió, gritó y lloró. Como castigo por haber dejado a mi padre en ridículo delante de sus amigos lo mandó castrar. Desde entonces Scauros no discute ninguna orden ni se resiste a nada. Mi padre lo follaba cada semana unas dos o tres veces. Scauros, estado custodiando la casa de Roma, se casó, compró una niña que hizo pasar por propia hasta que madre e hija murieron de una rara enfermedad o envenenadas. Ahora Scauros es libre, es mi liberto y quiere permanecer con nosotros, es fiel. Siempre ha merecido la confianza forzosa de mi padre y ahora tiene mi confianza y mi amistad y respeto. Ahora que es libre, trabaja más a gusto y me transmite sus experiencias. En este momento en la Familia tenemos seis libertos y el siguiente será Veiovis, aunque los consideramos libertos y lo que les corresponde se les guarda como propiedad, no podrán legalmente ser libertos y, por consiguiente, propietarios hasta que no cumplan los 30 años. Solo Scauros ha comenzado su negocio que lleva con una señora que tiene como amiga en el día y en la noche. Este es el panorama en una transición en que todos van a ser libres y tendrán la posibilidad de irse o de quedarse. Solo nosotros, los romanos, podemos transmitir al mundo con nuestro Derecho una justicia igual para toda la humanidad, pero tenemos que comenzar nosotros mismos a respetarnos cada uno al otro de modo que todos seamos iguales y lleguemos a ser personas, desprendiéndonos del animal que llevamos dentro.

En los momentos actuales Roma se granjea más enemigos que amigos y aumentan los enemigos internos por afán de poder. Hemos de revertir esta situación valorizando más el Derecho y apeándonos de nuestras debilidades ancestrales, la falsa gloria de Roma, nuestros inicuos dioses y nuestras enfermedades sociales. Cuando venzamos estos tres enemigos, además de ser grande, Roma legará al futuro un saber y un Derecho que permanecerá más allá de los siglos. Yo mismo me siento grande por ser Romano, pero a la vez, por ser Romano me siento avergonzado. Tenemos Césares que no lo merecen y hombres sabios e ingeniosos que están injustamente desacreditaos, de modo que Roma es el peor enemigo de Roma.

En lo que a mí respecta, más o menos debéis conocerme, después de tanto vómito de letras que os he soltado. Me gusta la sinceridad, no suelo mentir, hay veces que me veo obligado a mentir, son esas ocasiones en las que di es la verdad y nadie te cree, sueltas una mentora y no sólo la creen sino que la pregonen, así de hipócritas somos los humanos, Roma es así y todo es porque a los romanos se nos tiene que exagerar todo para creerlo. Soy leal con mis amigos, quizá por eso tengo pocos. Los amigos se escogen y yo he escogido los que me son leales y procuro corresponder con mi lealtad hacia ellos, para no perderlos. Tengo el corazón demasiado blando, si no me rodeara de gente más inteligente, más lista y más avispada que yo, seguro que ya estaría muerto por cualquier lugar. Necesito tener al lado a Numerius y a Delvyn para decidirme a hacer un negocio en que haya mucha ganancia y del mismo modo riesgo. Me valgo de ellos o me apoyo en ellos. De ahí nuestra relación en la intimidad, no es solo un arte sexual o un arte de amar, es vida en nosotros trae, tenemos que tener los tres una vida que dependa de los otros dos, nos jugamos, el dinero, la felicidad de la familia y nu estarás personas. Cada día necesitamos la exploración corporal, oral y anal, como en otros momentos del día hacemos la exploración mental, intelectual y optativa. Esta última se defiere a la opinión. Si nos la pedimos lo pensamos y a veces es más dolorosa la introspección intelectual que la penetración anal, pero de ambas sacamos provecho para sobrevivir y ayudar a vivir.

Supongamos que un día o noche, por ejemplo hoy en la noche, que nos encontramos los tres en casa, no nos negamos nunca al otro, así estemos reventados, siempre necesitamos acariciar, besar, tocar, eyacular, sentir el cuerpo del otro y que nos invada. Luego dormimos tranquilos, hemos cumplido con el débito, porque cada uno se debe al otro.

Quizá os preguntéis lo que muchos me han hecho, y no solo a mí, también a Numerius y en menos a Delvyn, «a ver, si tienes tu amante, ¿por qué os necesitáis uno al otro? Es sencillo, lo nuestro, lo que compete a nosotros tres es la complementariedad, pero cada uno somos diferentes. Nosotros nos respetamos nuestras diferencias. Delvyn puede hacer el amor el mismo día con un hombre y con una mujer, por eso tiene a Aliteria que, siendo mayor que él, lo cuida como a su hombre que es. No sabemos, bueno, al menos yo no sé qué tipo de relaciones tiene Delvyn con Aliteria, jamás le he preguntado, algo me ha dicho, pero no opino ni cuento al respecto más que lo que se puede contar. Puede hacer con Aliteria lo que él quiera en sentido de bien, porque no estamos para malograr la vida de los demás. Y Aliteria debe corresponder y recibir lo que desea porque ambos son felices. Conociéndolos, puedo afirmar que por supuesto que tiene relaciones sexuales y deben ser buenas y esa felicidad que vemos en ellos como pareja nos hace felices también a nosotros.

Numerius ronda en torno a mi hermana que, como hija de mi padre es hermana suya también. Tiene el compromiso de darle un hijo. Sé que cumplirá. Ama a mi hermana Fulvia. De ella he hablado poco en este primer libro, quizá más adelante le dedique una sección a la personalidad de Fulvia. Ahora solo diré que es feliz con Numerius. A este no le van las mujeres, pero le va la conversación y Fulvia le ayuda en esto y otras cosas más. Sé que su relación no se inclina por el sexo, pero ambos saben que me deben un heredero.

Yo, por mi parte, ¡ay, mi alma! No mezclo los sexos, porque no soporto el sexo con mujer; cuantas veces lo he intentado, tantas he fracasado. No han sido muchas veces para no molestar, pero con una mujer no se me levanta, ni lo paso bien. Soy totalmente amante del mismo sexo. Tengo un problema conocido por Numerius y Delvyn y no hacen nada por remediarlo, viven felices con “mi problema”. El asunto es que siempre tengo ganas, siempre me apetece y son todos los hombres los que me atraen. Ellos me animan a que disfrute esa opción, así lo llaman “opción”, como si yo lo eligiera. En definitiva no soy hombre de un solo hombre. Lo saben y no les importa, más aún, me dicen: «es tu problema, no el nuestro». No necesito esconderme de ellos, saben que lo nuestro vale mucho más que los arrumacos que pueda tener con otros. Por ejemplo, hoy traen un joven, amigo de Delvyn para que se quede conmigo, porque ellos han de salir de viaje en la tarde y Veiovis aún está recuperándose de su salirophilia. Van a ser cuatro días solo de divertimiento, sin amor, pero con alivio psíquico, es decir, diversión con mentira declarada.

Todos los días tenemos Veiovis y yo ejercicio de esgrima y luego nos damos una carrera hasta la cascada. Allí nos desnudamos, nos bañamos y dejo que Veiovis juegue con mis genitales. Tiene mi promesa de que cuando su médico diga que ya está bien, podremos ir a la cama juntos. Nos entretenemos jugando entre nosotros y a lo más que llegamos es a masturbarnos, pero de momento no convienen ni las felaciones ni arrumarnos, se le ve más contento y menos caprichoso. Estamos toda la familia alegres por su notable recuperación, ha aumento el peso y su musculatura y cualquier encargo que le encomiende yo, lo hace bien y con prontitud. Está llamado a ser el hombre fuerte de la casa, el vigilante de la Villa y el que debe formar el equipo de defensores. Necesita los músculos y los está consiguiendo. Veiovis, aunque muchas veces se muestra rebelde, descontento, es obediente; le das una espada y no se cansa; le gusta la lucha. Hace unas cuatro semanas que pude tomar los servicios de un sirio luchador y le está dando buenas sesiones de lucha grecorromana. Me divierte verle cómo descarga todo el exceso de energía. Pero durante todo este periodo él ansiaba el día que pudiera venir a mi cama. No sabía él que yo lo ansiaba tanto o más.

Llegó una visita. ¿Os acordáis de Mauritius o Mauri (59)? Venía huyendo de Roma y dio en mi Villa. ¡Mauritius! ¡Cuánto tiempo ya! Me interesé por él, nos retiramos a conversar y me contó, que por las muchas deudas que tenía y el incordio que le hacía acosándolo el prestamista, había tenido una trifulca que fue demasiado notoria. A los pocos días Sólimus, que es como se llama su prestamista, se despeñó y se le había acusado a él de asesinarlo. Por esta razón hacía como un mes que había salido de Roma e iba de lugar en lugar huyendo hasta enterarse de mí y vino a buscarme.

— Te voy a ser sincero, jamás me has dicho el motivo de tu fuga de Roma, buscas trabajo y yo te lo voy a dar. Al menos un año pasarás en alta más en mis barcos, hasta que todos se olviden de ti. Entonces podrás regresar y, si quieres encontrarte seguro, puedes estar en esta casa.

Justo en tres días salía uno de mis barcos hacia Egipto para cargarlo de trigo y estar de vuelta. Mientras le buscaría otro de los barcos que pudiera albergar un hombre más para ayudar en el trabajo.

Mauritius estuvo totalmente de acuerdo. Ese día hicimos un poco de fiesta en su honor, aunque de un modo discreto, estaríamos toda la familia y a puertas cerradas, sin más invitados. Llamaríamos a la fiesta despedida de Numerius y Delvyn que tenía que viajar a Barcino y a Cartago Nova para cargar dos barcos de aceite. Por eso partía cada uno en una nave, para que no se trapicheara con la mercancía.

Ya era la medianoche y las mujeres, bajo las órdenes de Nuceria, se retiraron, algunos hombres se fueron, eran o muy machos o enfermas o ya mayores, todos estos sabían que por retirarse no habría ninguna represalia, porque lo que seguía era voluntario a nadie le obligaba.

En una esquina estaban Laius, Vinicius, Perseótides y Ganímedes. Estos se desnudaron y mostraron sus sexos llenos de pelo. A continuación estaban Fabricius, Lentiscus, Iulius y Boaquides. Estos igualmente mostraron su sexo, pero estaban allí en principio para chupar pollas. El vino preparado a discreción y al frente de ellos estaban, Numerius, Delvyn, Mauritius, yo y Veiovis con todos mis permisos. Empezamos chupando polla. Como la polla de Perseótides era la más larga y gorda nos la dejaron para Veiovis y para mí. Si yo estaba decidido a dar gusto al hombre y hacer que esa polla se desbordara del todo, no menos lo estaba Veiovis que sin decirnos nada nos dábamos de chupetones a la polla y a nuestras lenguas. ¡Cuánto había aprendido Veiovis, mamaba y besaba a la vez! Aquello era una música sin cesar de Shruuuumshifshosss…, pero no nos pudieron ganar, Perseótides, con tener fama de aguante, se corrió el primero y compartimos Veiovis y yo del manjar del griego. Mientras los demás se daban prisa le di oportunidad a Veiovis de elegir la mejor boca. Me destiñó a la boca de lentiscus y él se escogió a Iulius que estando al lado podría dejar al último que llegara. Pero no fue necesario, porque Veiovis se corrió de inmediato en la boca de Iulius y se vino donde yo para comerme el culo. Pronto se acercó Perseótides por detrás de Veiovis para darle gusto metiéndole lengua en el culo y de vez en cuando un dedo. Por curiosidad miré y vi a Veiovis gozando mientras babeaba abundante sobre mi coxis, aunque sin dejar de meterme dedo por el culo. Miré de modo severo a Perseótides y se rió como diciéndome que de vez en cuando hay que hacer la vista gorda. Yo amarré las caderas de Veiovis y me lo empujé hacia mí y comenzó la penetración despacio, pero Perseótides encaró su polla en el culo de Veiovis y este, imitándome, arrastró para sí el culo del griego, le dio una helénica estocada cual Perseótides al Minotauro y a la vez empujó dentro de mí a Veiovis. Yo al menos sí, creo que Veiovis también, porque al bramido del griego respondimos con mugidos de Tauro en el circo. Pero a continuación todo fue placer. Los demás nos iban imitando y quedamos totalmente ensartados todos. Aquello fue una auténtica carnicería amontonada y en acción. Cuando habíamos acabado, lo celebramos con vino y nos despedimos. Nos fuimos Numerius y yo a nuestra estancia para hacer el acostumbrado amor hasta su regreso. Tuvo que madrugar para ir al puerto de Ostia con Delvyn a la empresa que tenían asignada.

Los días que estuvo Mauritius con nosotros durmió con Veiovis y conmigo. Nos despedimos cuando se fue con alguno más de la casa a embarcarse vía a Egipto. Veiovis se quedó conmigo y con Silvias, el muchacho que me propició Numerius. Bueno, no es muy alto, un poco flaco, pero está a la altura de las circunstancias, Silvias me ha pedido hacer esgrima con nosotros. También me lo había pedido hace una semana Palantius. Esto me hace pensar que quizá debiera contratar un equites que haya dejado la legión, porque veo algunos militares que no tienen trabajo. Mañana saldré a la búsqueda y quizá comenzamos a formar una guardia más rigurosa en cuanto a la defensa de la Villa. Tiempo hace que Numerius me lo viene diciendo porque sospecha que alguien ha estado robando aceitunas, según le ha comentado algunas veces el propio Veiovis. Y cuando sospechas que te roban algo, a la postre pueden ser más cosas que ese algo y supone una notoria pérdida. Teniendo tres voluntarios quizá ya va siendo hora de planificar la custodia de la Villa.

NOTAS:

(58) Se trata del 706 desde la fundación de Roma. Legión Cuarta Macedónica fue fundada en el año 48 a.C. por Julio César para perseguir y derrotar a su enemigo Pompeyo en su huida hacia Grecia. Tras conseguir su objetivo, la legión fue acuartelada en la provincia romana de Macedonia, de ahí la denominación con la que ha pasado a la historia. Más tarde, en el 23 antes de Jesucristo, el hijo adoptivo de Julio César, Octavio, convertido en el emperador Augusto, envió a la legión a Hispania, a luchar en la campaña contra los cántabros.

(59) CAPUT VI — DE CLAUDI IMPERATORIS CÆDI: Mauri o Mauritius.

Caput IX: De voluptuosa et oblectata salirophilia

Cum futuis, Polycharme, soles in fine cacare.

cum pedicaris, quid, Polycharme, facis?

Cuando follas, Policarmo, sueles al final cagarte.

Cuando te dan por el culo, ¿qué haces, Policarmo?

(Marcial, Epigramas IX, 69)

VEIOVIS CUMPLIÓ AÑOS. Eran sus 15 años, la edad en que una persona libre podía decidir por sí mismo, emanciparse, enrolarse en el ejército, o dedicarse a lo que más le apeteciera. No era adulto ni mayor, pero ya tenía que saber defenderse. ¡Y sabía muy bien defenderse!, que todo hay que decirlo. No podía ser libre, le faltaba cumplir 15 años más, pero lo consideré libre y como un hermano menor.

Yo recordaba muy bien mis quince años. No tuve fiesta de ningún tipo, a mi padre no le gustaban las fiestas superfluas y como los hijos le éramos superfluos si no servíamos a sus intereses, una fiesta para nosotros era superflua. Mi padre solía decir: «Si los hijos no son mejores que los dioses, no sirven par nada, es mejor matarlos y no producen gastos». Ser mejor que los dioses es producir con seguridad más bienes. Para mi padre los dioses eran un lujo porque producían gastos sin beneficios, una estupidez porque no aseguran que nos darán lo que deseamos aunque hagamos lo que desean y una locura porque son quimeras de lamente, pues en realidad no existen, solo son creados para imponer el miedo. Hasta aquí lo que decía un hombre soberbio, orgulloso y malévolo. No pienso como mi padre pero no ando muy lejos. Si en lugar de tantos dioses con tantos defectos y luchas entre ellos lo redujéramos todo a un solo Dios, pienso que iría mejor.

Veiovis es un muchacho bueno, pero aún caprichosos, débil, buscador de que otros se interesen por él. Con ilusiones en la vida, pero no es consciente de su estado de esclavitud. No ha nacido en un tiempo propicio para él. ¿De qué sirve a un esclavo tener ilusiones cuando probablemente no consiga nunca obtener lo que desee. Si le emancipáramos y le diéramos carta de liberto, aún engañando a las normas legales por falta de edad. arruinaríamos su vida. Un muchacho muelle, con deseos de protección porque lo necesita, lo dejas suelto en la vida y en cualquier momento te lo encuentras acuchillado en el Tíber.

La fiesta ha estado bien, ha servido para que abunde la comida. Su hermano Delvyn me dijo que deseaba tener un collar de piedras preciosas y abandonar el de cuero que lo compré. Me dio las gracias y bailó ante todos para alegrar a todos. Por fin llegó la noche. Yo estaba cansado y toda la familia lo estaba. Habíamos comido, habíamos bebido y habíamos bailado, llegó la hora de dormir. Mandé a Numerius y a Delvyn a otra parte si querían divertirse, que yo tenía el compromiso de desflorar a Veiovis, porque se lo había prometido. No obstante, le había ofrecido a Numerius si quería encargarse él de esta ocupación y me contestó muy natural que el muchacho estaba ilusionado porque era yo quien lo iba a desflorar. También me acordé que un día —no recuerdo que edad tenía yo—, siendo yo un muchacho muy jovencito, mi padre me quiso preparar para la vida desflorándome. Esa misma semana me follaron dos muchachos mayores que yo a los que me ofrecí; como me había gustado, también coqueteé con un vecino que me folló bien con su monumental polla, ensartándomela sin parar, incluso me había emborrachado para que me doliera menos, pero yo no iba a darle el gusto a mi padre de ser el primero, aunque él así lo creyó hasta el día de su muerte. Lo peor para mi padre fue que él había querido “hacerme un hombre” para que me convirtiera en un reproductor de la especie humana. No perdí desde entonces ocasión para dar mi culo al que lo solicitara. Tardó en enterarse de todo lo que yo hacía. La pregunta no es si me gustan o no las mujeres. Claro que me gustan, pero me atraen más los hombres.

Lo de Veiovis fue un gusto suyo, porque no me apetecen tan jovencitos, les hago daño con mi polla. Sé que la gozan, pero he roto algunos culos y decidí no ser como mi padre que, tras romper y destrozar el culo de un niño todavía luego se ponía orgulloso. Aprendí a odiar todo lo que hacía mi padre. Varias veces había visto con sangre el culo de Numerius y otros chicos y me erigía en rebeldía. Ahora tenía una petición formal del muchacho y le pedí a Delvyn que dilatara el ojete de su hermano. Yo mismo hablé con Salonia para que le quitara de la cabeza de su hijo ese deseo. La pena es que, aunque tratemos bien a los esclavos, han de pasar generaciones para que se les vaya de su cabeza su absoluta servidumbre.

— Aulus, yo sé que no eres un romano normal como los demás, que tienes consideración con nosotros, pero nosotros sabemos que los dioses nos han destinado para nuestros amos y no hay frenos, estamos para lo que deseen, no hay otro modo de ser entre nosotros. La total sumisión de nosotros es lo que desean nuestros dioses.

— Pero yo, Salonia, no deseo hacer daño a tu hijo, pienso que el puede obtener un mejor destino y futuro.

— Si tú no deseas montarte a Veiovis das a entender que no cuentas con él y que en cualquier momento puedes disponer de él y enajenarlo de ti con lo que también lo apartas de mí.

No pude hacer nada para impedir lo que sobrevenía. Me parecía una barbaridad, sobre todo conociendo cómo me pongo en estas circunstancias que me hacen actuar de modo feroz. Lo sentía por mí y lo sentía por Veiovis. Había decidido hablar con Numerius y Delvyn para que hablaran con la madre y el muchacho. Ambos contestaron que ya lo habían hecho y era más que inútil.

— No sé si te has dado cuenta que estos últimos días has estado imposible, Delvyn y yo lo hemos comentado y averiguamos la razón. No entran en razones ninguno de los dos. No tienes escapatoria, vas a tomar este extracto de hierbas para serenarte y cuando llegue el momento estarás más serenado y podrás evitar tu modo violento de proceder habitualmente.

— Si resulta efectivo, lo tomaré siempre para evitar la violencia.

— ¡¡¡NUNQUAM!!!, —contestaron los dos a coro.

Me quedé perplejo y me dijo Numerius:

— Lo tuyo no es violencia, corresponde a tu natural, y eso es lo que quiero.

— Lo mismo digo, —añadió Delvyn.

En el cumpleaños de Veiovis habíamos bailado mucho. Todos habían bailado, pero Veiovis no me dejó en paz. Cada vez me solicitaba el baile y él bailaba muy eróticamente. Por momentos pasé apuros porque para nadie pasó desapercibido. Cansado, sudado, casi desnudo, con sólo mi subligar me retiré del baile para darme un baño. Salí de casa y me fui poco a poco caminando pensativamente a la cascada. Llego allí y allí estaban mis amigos, Numerius, Delvyn y Veiovis, me habían hecho una encerrona. Ya estaban desnudos, esperando que yo llegara. Me sorprendí al verlos y no lo disimulé. Intenté entrar a la cascada con el subligar y entre los tres me lo sacaron.

— Aulus, vamos a ser testigos, —dijo Numerius.

— ¿Quién va a ser testigo?, —pregunté.

— Delvyn y yo vamos a ser testigos del desfloramiento de Veiovis, —respondió Numerius.

— Ah, no, de ninguna manera, —objeté.

— Esta noche celebramos a Veiovis y lo vamos a hacer aquí los cuatro, vamos a divertirnos y no queremos que seas el aguafiestas, —añadió Numerius, señalando la luna llena y grande que alumbraba el lugar.

— Si lo que estáis pensando es en una orgía entre los cuatro, que Baco os ampare, pero no tenéis vino, —dije para hacerles fracasar.

Entonces Delvyn levantó del suelo el pesado cuero sin abrir aún. No pude esquivarles y sonreí antes de meterme en la cascada. Me siguieron todos y nos bañamos, pero Numerius, que tenía más ganas que nadie, se puso a besarme. En cuanto lo vio Veiovis lo separó de mí diciendo:

— Hodie mihi est, ecce Delvyn, ille bene fotuit, vide.

Admirablemente Numerius le hizo caso al mocoso y se fue donde Delvyn y se tumbaron dentro de la charca en la parte menos profunda y, mientras pude ver, supe que estaban revolcándose dentro el agua, se lo pasaban bien frotando mutuamente sus cuerpos. Por su parte Veiovis se había agachado con los pies dentro del agua mostrándome su culo con las piernas abiertas y en cuatro. No quise hacerle esperar. Me arrodillé sobre el barro dentro del agua y me puse a comer su culo. No tardó en gritar:

— O dii inmortales, hoc est valde iucundum, quam dulcis et quam suavis hoc sentire mihi est; æternitatem sic mihi date.

Yo me reía, pero el muchacho tenía toda la razón, con unos dioses que, cual hombre cualquiera, se follan hombres y mujeres, lo que hay que pedir es que nos hagan participar de sus beneficios. De inmediato sentí como si los dioses me hubieran escuchado, sentí un escozor en mi culo que reclamaba una polla. Entonces, me levanté y le dije:

— Voy a hacer mierda tu virginidad, te romperé el culo y sabrás lo que es placer, pero ruega a tus dioses que me pongan una polla ardiente en mi culo.

— Iam feci!, —respondió.

Metí mi polla tocando el agujero palpitante de deseo y empujé. Sé que hice daño, pero no protestó. Seguí empujando y sentí sus estremecimientos y pensé que debía retroceder. Pero he aquí que sentí una polla divina en mi culo que empujó fuerte y la inercia hizo que me metiera de golpe dentro de Veiovis, este abrió la boca y gritó:

— Stultus, asinus, idiota, tranquillus sis, mitesce.

Fue entonces, mientras pensaba que sus dioses le habían escuchado, que vi aparecer a Delvyn por delante de su hermano y le ensartó su polla en la boca. Me volví y dije

— Bésame, Apolo.

Y la cabeza del Dios se inclinó sobre mi hombro, me volví a verlo y besé a Numerius, mi Dios, mi Apolo y mi vida.

— Fóllame, Apolo, y le daremos duro a este gato remilgado.

— Mira como disfruta Delvin con su polla remojada por la lengua del gatito, —me dice Numerius.

En verdad es que el que estaba disfrutando era yo, enganchado por delante y por detrás, le dije a Numerius:

— Estoy de fantasía, solo me falta una polla en la boca para estar al completo.

Delvyn escuchó y dio un salto por encima de su hermano, apoyando sus pies en la espalda de Veiovis volvió a saltar y con su extrema agilidad se sentó el el aire poniendo sus muslos sobre mis hombros, se agarró fuerte de Numerius y quedó mi cabeza escondida y su puños bajo su abdomen, obligado a comerme se polla.

Mientras su hermano le gritaba:

— Fututor, furcifer!.

Esto aceleró mi orgasmo, porque Delvyn ya estaba a punto de correrse y nos vinimos los dos a la vez, yo casi atragantado y Delvyn dando fuertes gritos. El gatito de Veiovis aulló como el aullido de un lobo seguido del rugido de un león:

— ¡¡Auuuuuuuu… grrrrrrounggggg…!

— Oh, gatito, ¿te ha gustado?, — pregunté a Veiovis mientras le daba un beso largo e iba sacando suavemente mi polla de su culo.

— Has estado bueno, todavía me vibra mi cuerpo y cuanto me golpeabas en donde e dabas mayor placer, —contestó Veiovis.

Cuando saqué mi polla se volvió, se puso de rodillas y mamaba mi polla con chupetones como si deseara extraer todo mi jugo. Delvyn saltó a tierra y se puso detrás de su hermano, fregando su polla en el culo de su hermano para reanimarla. Mientras tanto, Numerius que me había estado bollando todo el tiempo se desbordó totalmente en mi interior. Cuando sacó su polla de mi culo, dije a todos:

— Vamos a tumbarnos ahí junto a la cascada para descansar.

Veiovis se apresuró para tumbarse a mi lado y me preguntó:

— ¿Hemos de ir a casa a dormir?

— ¿Ya te has cansado?, le pregunté.

— ¡Noooooooooooooooo!

Dijeron a coro Numerius y Delvyn:

— ¡Noooooooooooooooo!

— No les hagas caso, ¿por qué lo preguntas, gatito?

— Porque quiero dormir contigo y que me folles más, —inclinó su cabeza entre el cuello y el hombro y acariciaba mi pecho dando pequeños pellizcos a mis pezones.

Numerius se tumbó al lado de Veiovis y Delvyn junto a Numerius.

— Gatito, esta noche no sé si dormiremos; después de aquí nos iremos a dormir los cuatro juntos al desván. Hemos de follar hasta cansarnos todos con todos, una o más veces hasta reventar o nos acabemos el vino.

— Eso es imposible porque hay mucho, es vino de Ibérico de Tarsis, es fuerte y nos caeremos espatarrándosela antes de agotarlo, —afirmó tajante Numerius.

— Entonces, Delvyn, sirve vino de Tarsis y continuemos, que ahora quiero perforar tu culo, —ordené.

— Yo me pido turno con el gatito, a ver si es tan bueno como dicen, —añadió Numerius.

Veiovis se dio la vuelta y abrazó tumbado a Numerius. Comenzamos la segunda ronda al claro de la luna con el sonido de la cascada de fondo. Casados, decidimos continuar en el desván, una zona que Numerius se había reservado en exclusiva para que nadie le molestara en su trabajo archivador de documentos, recibos de pagos y cobros, propiedades, negociados y otros.

Entramos. Yo mismo entré por primera vez en toda mi existencia. Tanto tiempo viviendo en esa casa y como esa parte era gallinero, nada tenía que hacer allí. Numerius puso el gallinero en otra parte más alejada para aliviar los olores de animales de la parte residencial. Para la ocasión preparó una sala con colchones llenos de paja picada para que no se resultara molesto. Una decoración del cielo de Júpiter y los dioses en su entorno, todos desnudos y en actitudes obscenamente eróticas. Ignoraba yo la capacidad de Numerius en la pintura ni sabía cómo había aprendido, pero el ambiente formado invitaba ar ardor sexual desenfrenado.

Cuando lo vimos, pensé que necesitábamos al menos unas frutas y unas bebidas. Dejamos dentro a Veiovis y cada uno fuimos a una cosa. Yo me fui por un licor griego que tenía guardado en la zona de las mujeres, Delvyn a pedirle a su madre comida para los cuatro y Numerius le pidió a su madre unos dulces. Dos mujeres que nunca preguntaban para qué, si lo imaginaban o no lo guardaban en su interior. Eso mismo indicaba que no eran mujeres romanas, están lo preguntan todo y opinan sobre todo aunque no sepan nada, ni para eso tienen pudor. La prueba es que los tres, sin pensarlo ni quererlo salimos desnudos, ellos fueron vistos por sus respectivas madres. Pero a altas horas de la noche, una de las hermanas de mi madre deambulaba por la casa, la miré y le pregunté:

— ¿Qué haces Estigia por aquí? Creo que no son horas.

— ¿Qué haces tú desnudó a estas horas?

— Voy buscando a quien follar.

— ¿Una esclava? Ellas ya no te obedecen

— No buscó a una esclava, sino a la hermana de mi madre, Estigia, para follarla.

— Ni te atrevas.

— ¿No?

Le di el zarpazo rompí su ropa, empalmado que estaba ya, la puse de cara a la pared, le metí violentamente la polla en el culo y comencé a forzar. Ponía resistencia y gritaba por cada embestida que le daba. Con sus gritos llegaron Numerius y Delvyn que dejaron sus cosas en el suelo y se acercaron para ver quien era la mujer.

— Está puta me folló a mi con un palo y me hizo sangre.

Yo había descargado y le dije:

— Toma es tuya, forcejéala como y cuánto quieras, que ha venido a robar lo que tanto te cuesta obtener.

— ¿Yo también puedo?, —preguntó Delvyn.

— También ha venido a robar lo tuyo, —le respondí.

Ella gritaba de dolor, Numerius la estaba forzando duro y acabó sacando su polla para dar paso a Delvyn, mientras Numerius fue a echarle sus restos a la cara y la llenó de esperma cara y cabeza.

Con los vestidos rotos y por tres veces sodomizada la sacamos a la calle para que se fuera y jamás volviera.

Jamás la he vuelto a ver.

Una vez mi madre dijo:

— Quisiera ver a mi hermana Estigia, me han dicho que está muy enferma y los médicos no aciertan.

Fue Nuceria quien dijo:

— Me temo, dómina, que voy a tener que darle una mala noticia, Estigia no vendrá nunca más porque ya está en el Hades hace una semana.

Corrió por los oídos de las romanas que su esposo quiso tener sexo con ella que no se lo permitió, que la obligó y descubrió cómo estaba de malherida y, pensando que vendía su cuerpo como otras muchas matronas romanas, la forzó tanto que la pobre se desangró, enfermó y poco a poco se iba pudriendo en su pena.

Nosotros tres fuimos a lo nuestro. Entramos y encontramos a Veiovis metiéndose objetos por el culo. Le dijimos que no lo hiciera más. Lo prometió pero no cumplió, entonces lo dediqué a aplicarse a la lucha, parece que paulatinamente fue dejando su salirophilia. Había llegado al extremo de meterse comida, maderas, hierros y se iba destrozando su ano. Su madre me pidió que lo tuviera muy entretenido. Tenía lucha y esgrima por la mañana y durmió tres meses atado a mi pie. Conseguimos devolverlo a la sensatez.

Esa noche, comimos, bebimos, nos divertimos, tuvimos sexo todos con todos, pero con una determinación:

— Veiovis, ya no volverás a tener sexo con nosotros y con nadie hasta que no sanes de ese mal.

Así comenzó su reeducación y toda la casa se acercaba para ver la lucha a espada que manteníamos Veiovis y yo. Eso le alivió mucho de la sensación de castigo y favoreció su hombría. Además, las humillaciones que recibía por no poder vencerme en lugar de enterrarse le hacían superarse.

Una cosa tenía Veiovis que me parecía que no estaba funcionando bien. Cuando fallaba en algo y nuestro maestro lo corregía mo aceptaba el parecer. Solo después, estando los dos a solas, me preguntaba que me parecía y entonces si aceptaba la corrección. Concluí que aquello que no iba bien era algo muy grave. Pretendía apartar de mi lado u Erie’s y ocupar él su lugar. De vez en cuando me decía que Numerius y Delvyn se entendían bien y eso podría ser traición. Muchas veces me dijo cosas similares. Un día lo agarré por los hombros y le dejé sin mover para nada mi cabeza y sujetando sus hombros:

— Mira, gatito, vas a dejar de pensar en eso. Me estás hablando de traición y eso podría suponer la muerte de Numerius, mi hermano, y la muerte de Delvyn, tú hermano. Dos muneressufrirían mucho por la injusta muerte de sus hijos y más tarde, en cuanto a mi me apeteciera te daría la muerte igualmente. Yo sería para siempre un desgraciado por haber dado muerte a mis mejores amigos por los celos de un pretendiente. ¡No agaches la cabeza y mírame a los ojos! Así, ¿quieres que comencemos? Comenzamos: Unus, declaró tu deslealtad conmigo y te llevas el despreció de todos. Duo, pongo en conocimiento de tu madre tus aversiones hacia Delvyn y te despreciará definitivamente. Tres, regresas a la condición común de esclavitud sin derecho a nada y menospreciado por tu amo. Quattuor, dejas tus entrenamientos y lecciones para dedicarte siempre a servir y si no sirves bien a probar el látigo sobre tus carnes, que no me temblaría el pulso. Quinque, venderte como esclavo y te aseguro que no te tratarían como en esta casa. Dime ahora que piensas.

Se impuso un largo silencio. Tampoco dije nada. Iba a dejarle con las lágrimas en los ojos e hice el ademán de levantarme para irme.

— No me quieres, ¿verdad? Por favor, dime la verdad.

— ¿Tú quieres la verdad? La verdad tendrás. Atiende bien: Numerius es mi hermano y mi amante, el único hermano que tengo y el único amante, nos hemos criado en los brazos de la misma madre y hemos crecido juntos en las buenas y en las malas os hemos querido siempre y nos amamos desde el uso de razón. Delvyn es mi secretario fiel, que no me engaña nunca, que averigua qué piensan los demás y me advierte para que no me engañen, tú eres un muchacho, el más joven al que todos queremos tanto que buscamos procurar para ti una vida buena para tu felicidad. Los cuatro somos amigos, pero cada uno estamos en nuestro sitio. Yo soy el jefe de la familia y llevo los negocios ayudado por Numerius, por Delvyn, por Scauros, tu madre y Nuceria llevan adelante y con buena armonía la casa. Tú estás considerado para llevar adelante todos los asuntos agrícolas con un montón de siervos y debes aprender para saber más que ellos y gobernarlos para que sean felices trabajando duro. Cuando a un esclavo le pegas te tiene miedo y cuando no lo ves no trabaja, cuando los tratas con amor y amistad, trabajan duro para acabar pronto y volver a casa para estar con la familia. Los esclavos son nuestra riqueza y la riqueza se trata bien para no perderla. Yo no quiero esclavos enfermas y famélicos, sino trabajadores y alegres. Quiero que corran a decirme que su mujer ya ha parido a su hijo, y tomarme con él un par de vinos mientras me lo cuenta. No me olvido que me regala un niño para que lo informe de modo que me sea leal. Me conviene quereros, y además os quiero, sois mi familia. A Delvyn lo queremos y él ha elegido servirme, le hemos dejado participar de nuestra intimidad, pero ha querido una mujer y le hemos regalado a Aliteria para que sean felices. Queremos que seas nuestro amigo, nuestro fiel colaborador y te elegirás una muchacha o muchacho para tu compañía; si no quieres a nadie de la casa te compraremos uno para que seáis felices. Pero tu comportamiento no puede ser la envidia y la traición, piensa todo esto por amor a tu madre.

Al cabo de dos horas fuimos todos a cenar y antes de comer se levantó Veiovis y dijo:

— Quiero de e iros algo. Sé que no merezco estar aquí con vosotros, por mi culpa habéis sufrido, yo os he mentido, os he traicionado…

— Ahórrate la lista de acusaciones que las conocemos todos y dinos qué vas a hacer, dije tajante.

— Quiero pediros disculpas y que me ayudéis a ser leal y fiel, si consideráis que no merezco estar en esta mesa, os comprendo…

— Todos te disculpan y pasan por alto los errores, siéntate y comamos y que los hados nos sean propicios.

Todos comenzamos a cenar y a hablar. Esa noche estuvimos Numerius y yo solos, incluso Nuceria hizo compañía a mi madre que se indispuso y estaba grave. El médico no daba augurios sino malos presagios. Numerius y yo pasamos unas dos horas haciendo el amor hasta dormirnos cansados.