EDGAR Y SALÎM: la pedicación

Observación: La pedicación es aquella forma de conducta sexual humana, en la que el pene erecto de uno de ellos se inserta en el recto del compañero por el ano. Vulgarmente se llama sexo anal. Se trata de penetrar al compañero mediante la dilatación del ano, para producirse placer a sí mismo y al compañero debido a la proximidad de la pared de la próstata. La pedicación es trabajosa cuando es una expresión de amor y no se desea hacer daño al compañero. A veces no se tiene en cuenta el bien del otro y todo se limita a un polvo, mediante una especie de violación consentida que produce dolor. En mis escritos transmito ciertamente mis experiencias. No se trata de que los relatos son reales en cuanto a todo lo que se aúna en un solo relato, sino en exponer la experiencia de un forma de realizar el sexo de manera grata. Me interesa que mi compañero sea feliz siempre y me he juntado formando pareja con quien amo con locura que desea que yo sea feliz. Ese es el motivo que nos obliga todo lo posible por no hacernos daño, sino todo lo contrario, buscamos el placer cada uno para el otro.

84bd6608eedf52c7baf74957db98160a50530c4f_encodedFinalmente habían concluido el bachillerato y habían ingresado también en la Universidad, Edgar para estudiar medicina y Salîm para estudiar ingeniería mecánica. Alguien les había dicho que estudiaran lo mismo y así podrían ayudarse en los estudios y trabajar juntos; lo pensaron y cada uno siguió su camino profesional. Edgar quería ser cirujano, como ellos decían: “reparador de motores imparables” y Salîm quería diseñar y fabricar coches, es decir, “reparador de motores irrefrenables”. Lo que no tenía freno y era imparable es el amor que crecía en ellos y no admitieron que nadie les quitara su pensamiento. Cuando alguien se refería a la carrera de ellos, siempre contestaban “lo pensaremos”, jamás “lo pensaré”, pues todo lo tenían de los dos. La mayor ilusión de Salîm era ver convertido a Edgar en un cirujano famoso y la mayor ilusión de Edgar era poseer el primer coche totalmente construido por Salîm. Los padres se iban a encargar de que los sueños de sus hijos se hicieran realidad. Tanto fue así que el día final de los estudios de Serafín, el trabajo final en Arquitectura fue el “Hospital de Medicina Cardiovascular”, dedicado a su hermano Edgar Morales.

Ese día lo celebraron las dos familias en Navacerrada, buscando el fresco de la sierra. Allí ante todos los invitados, familia Morales, familia el Kantar, familia Fernández, unos amigos del señor Serafín Morales y algunos amigos del flamante arquitecto. Después de todas las presentaciones y discursos comenzó la comida todos en perfecta armonía, sin levantar la voz como era costumbre. A los postres, se levantó Edgar, haciendo señas para que le prestaran atención. Hecho el silencio, felicitó efusivamente a su hermano, dándole las gracias por dedicarle su trabajo de final de carrera con aquel precioso hospital, y añadió:

— … puedes darte prisa en construirlo, ya sabes dónde esta el terreno y ya sabes quien tiene el dinero —dijo mirando a su padre, por lo que todos sonrieron—, pero esto mi hermano ya lo sabe, porque dentro de tres años voy a necesitar ese hospital y luego tendrás otro encargo, una fábrica de coches únicos, porque no queremos hacerle la competencia a mi padre…, ahora bien, yo tengo dos encargos que me han hecho el honor para anunciarlo en esta ocasión y no va de broma, sino muy en serio, —silencio total en todos, incluso en los demás comensales del restaurante que nada tenían que ver, pero les gustaba el discurso— es para mí un honor y un privilegio anunciar ante todos ustedes, distinguida concurrencia el matrimonio concertado entre Don Jorge Fernández Pavía y su prometida, la señorita Mariam Nayibah El Kantar Thumala, para el día 23 de septiembre en la Iglesia de san Nicolás, a las 19:30 si Dios quiere que vivamos en aquella fecha, porque para emociones no tenemos suficientes medicamentos en el país —risas a carcajadas de todos los presentes y esperó un rato a que le prestaran atención— y ahora señores… —se silenció todo el mundo y a Edgar se le puso la nuez difícil y se le salieron dos lágrimas con lo que todos prestaron más atención y se pusieron a  mirar a Salîm, que estaba muy serio, pero se levantó y animó a Edgar a hablar, secándole las lágrimas con su pañuelo— tengo que anunciaros, queridos amigos, hermanos y padres —la voz trémula y emocionada presumía algo grave y todos tenían el alma en vilo—  que Salîm, el querido Salîm, mi queridísimo Salîm y yo hemos decidido dejar de ser amigos… —todos se interrogaron su propia vida al escuchar esto— porque hemos decidido que a partir de ahora somos oficialmente novios y prometidos… —ya no se escuchó nada más, porque se desahogaron de la pena que todos comenzaban a tener. Para remediar el asunto Salîm tomó a Edgar en un fuerte abrazo y lo besó y se besaron, inclinándose Edgar casi hasta el suelo, beso largo, beso profundo y todos comenzaron a aplaudir—.

Todos se levantaron y pasaron a felicitar al nuevo arquitecto, y a las dos parejas anunciadas. Cuando se sentaron de nuevo. Serafín se levantó, retiró su silla, se puso de rodillas frente a Adila con una preciosa sortija en la mano y le dijo:

— Adila, querida mía, soy Serafín, el que quiere tu amor, ¿te quieres casar conmigo?

Levantándose Adila de la silla, dijo:

— Sí, quiero.

7d2f8743dba193ce7932a265bc5e6d32017f5cb8_encoded

Le puso el anillo y se besaron. Aurelio y Zareen se cogieron de la mano por debajo de la mesa, pero todos los miraban también, sin decir nada. En el pensamiento de Edgar y Salîm estaba Bashira. Acabó la fiesta, todos cansados y se regresaron a la ciudad. Salîm y Edgar se fueron a casa de Salîm con el pequeño coche que Salîm había arreglado para Edgar. Lo había sacado de un cliente que lo donaba a cambio de la reparación de otro coche y Salîm aceptó para regalárselo a Edgar en uno de sus cumpleaños.

Ante todos ya eran novios, pero todos esperaban que eso suponía el concepto tradicional de novios, pero sus padre y hermanos sabían que eso significaban que en breve tiempo iban a vivir independientemente de sus respectivas familias. Esa misma noche Bashira habló con los dos:

— No me voy a casar con ningún hombre, quisiera vivir con vosotros y bajo vuestra protección.

— ¿Por qué?, —preguntó Salîm.

Ante esta pregunta, la muchacha se puso a llorar, pensando que no la iban a comprender, pero Edgar dijo:

— Salîm, no preguntes nada y dile que sí, ¿no lo ves?, ¿no lo sabes?

Salîm abría los ojos de par en par, pero no caía en la cuenta. Al rato Edgar dijo:

— Mi querido Salîm, eres listo para los coches, pero Bashira te está diciendo algo muy evidente… ¿no lo ves? te lo digo: Bashira es como nosotros, es lesbiana, y quiere vivir con nosotros no para complicarnos la vida, sino para aclarar la suya y que le ayudemos…

Salîm se levantó, tomó a su hermano de los costados, la levantó de la silla y le dio dos fuertes besos, luego dijo:

— Hermanita, cuenta con nosotros.

IMG_0815

Se fue a su habitación Bashira y ellos a la suya, todos felices. La felicidad que tenían era para gozarla y se dispusieron a hacerlo con el primer abrazo una vez desnudos y echados en la cama. Edgar y Salîm sabían desde muy jóvenes que su felicidad estaba no en sí mismos sino en el otro; en la medida que se daban felicidad el uno al otro, aumentaba la que venían disfrutando. Como decía su hermana Mariam “cada momento trae lo suyo”, ellos esperaron, experimentaron, se amaron, tenían claro como una evidencia que su amor no eran sus gestos, su amor no estaba en sus relaciones sexuales, pero a la vez sabían que sus relaciones sexuales eran manifestación y prueba de su amor. Esa noche sabían lo que iban a hacer, a experimentar y a aprender.

— ¿Quien comienza?, —pregunta Salîm.

— Comienzas tú, yo abajo, y tú arriba, tú activo y yo pasivo, —responde Edgar.

— Pero a mí me va a gustar también recibir alguna vez, —replica Salîm.

— De común acuerdo, cambiamos cuando nos parezca y alguna vez sorpresivamente, de ordinario yo abajo y tú arriba, —concluyó Edgar.

IMG_0813

Se retorció Edgar y estuvo un par de minutos mamando la polla de Salîm, pero este dio media vuelta y, poniéndose en 69, preparó la dilatación de su amante, con su boca y con sus dedos, hasta conseguir que dos de ellos entraran sin dañar, mientras la polla de Edgar estaba suficientemente siendo endurecida y amaestrada, con un poco de lubricante al pene y a su culo, se puso de rodillas como un perrito y regaló a Salîm su ano para ser atravesado. Salîm pasó su pene endurecido por la raja del culo de Edgar para que sintiera el poder del sexo y Edgar suspiró en deseos de ser atravesado:

— ¡Entra ya!

No necesitaba más que una orden para meter la cabeza de su pene en la abertura anal y fue empujando paulatinamente. No costó atravesar, aunque surgiera algún rugido de la garganta de Edgar, pero, sin mucho más que esperar, comenzó un largo bombeo, pues ambos chicos eran lentos en eyacular, lo que hacía que disfrutaran más del sexo. Pero todo lo que empieza, acaba y sintió Salîm que ya estaba a punto. Edgar sentía los espasmos de Salîm y escuchó muy fuerte:

— ¡Aaaagg, me voy, me voy…!

Y el orgasmo fue sentido por Edgar como una caricia de su amante en el interior de su cuerpo. Una, dos, tres, cuatro, cinco chorros notó y los demás ya no importaban porque lo que sentía era un auténtico riego de amor. No permitió Edgar que Salîm se saliera de su culo, le gustaba sentirse lleno de su amado, le gustaba notar el tapón que le demostraba que ambos eran uno. Pero todo llega a su fin y se durmieron abrazados, llenos de besos recibidos.

aef64b7521fc88bd3d81bdb0fbf0d590086f24b0_encoded

A la mañana siguiente, muy temprano, despertaron besándose como por inercia y Salîm sintió deseos de ser poseído por Edgar. Volvieron a comenzar, pero esta vez fue Edgar quien tuvo que preparar el ano de Salîm mientras este llenaba la polla de Edgar de deseos y avidez. Ambos corazones se deseaban infinitamente y comenzaron el nuevo día como habían soñado tantas veces que ocurriría. Edgar derrochó semen para su amado y Salîm derrochó superabundantes besos de agradecimiento.

 

063fdce9ee9a67a6d3d2cfa70577b66704e5618b_encoded

Penetrar y ser penetrado entre dos corazones que se aman es la mayor expresión del deseo amoroso que dos almas gemelas pueden encontrar. Eso será siempre la felicidad de esta pareja que se fueron entregando cada vez más uno al otro y por eso tenían esa dicha en el querer y en el placer.

FIN

DE EDGAR Y SALÎM

Anuncios

EDGAR Y SALIM: «annilingus» en 69

Estaban en la playa. La extensión de la playa del Torn en L’Hospitalet de l’Infant (provincia de Tarragona) es de aproximadamente kilómetro y medio, no tiene ninguna construcción, es un paraje natural, simplemente hay un camping naturista llamado “El Templo del Sol” que se halla en la parte superior de los acantilados. Desde el camping naturista hay un acceso a la playa, esta primera parte, la más al norte es la que está más ocupada, pero hacia el sol va poco a poco convirtiéndose en una playa muy tranquila, con los bañistas nudistas situados de manera aislada unos de otros, por el gran espacio de esta playa con 50 metros de anchura promedio. Se trata de un paisaje salvaje con pinos verdes como contraste a los acantilados rocosos y las dunas. El agua marina es cristalina, perfecto para hacer buceo y esnórquel, tal como le gusta a Edgar.

Edgar había hecho comprar a Salîm y a Jorge y Mariam unos zapatos de agua como los que él tenía, porque, aunque la arena parda es fina, a la entrada del más suele haber abundancia de piedras.

Habían tomado la costumbre de ir los cuatro en bicicleta acabado el desayuno. Tan solo unos tres kilómetros y ya estaban en la playa. Dejaban la bicicleta junto a la arena conde Mariam plantaba su sombrilla. Ella acudía poco al mar, pero le encantaba recibir las caricias de la brisa marina en todo su cuerpo. Era Mariam, pues la encargada de custodiar las bicicletas y la bolsa donde dejaban su short. Los tres chicos se iban al agua a nadar y a jugar en el agua y Mariam se desnudaba para no convertirse en un mirón. Se amparaba en la sombrilla porque ya consideraba que tenía demasiado color su piel.

Cuando los chicos acababan su primer baño, iban donde Mariam, se secaban un poco al sol y Edgar con Salîm se embadurnaban de crema protectora, pero Edgar, además, hacía poner a todo su cuerpo bronceador, para ponerse un poco moreno de playa y acabar de eliminar la marca solar de su speedo. Salîm no necesitaba, al igual que su hermana de bronceador. Pero a Jorge le gustó esa mezcla y Mariam le ponía de los dos mejunjes como hacía Salîm a Edgar. Los chicos corrían, jugaban, se llenaban de arena, Mariam leía a la sombra de su parasol. Jorge iba al chiringuito y compraba agua o gaseosa para Mariam. Todo llenos de arena se acercaban los muchachos a la ducha para limpiar sus cuerpos de arena y seguir corriendo, otras veces se metían con toda su arena en el mar y allí se ayudaban uno al otro a desprender la arena de todos sus mejunjes con lo que quedaban casi sin protección y volvían a ponerse protector los dos y bronceador Edgar solo. A los tres días ya presumía Edgar de haber emparejado su color con el de Salîm y no le faltaba razón del todo. Algo similar pero con menos fuerza le pasaba a Jorge. Hacia mediodía, aparecían los cuatro padres. Se desnudaban en el coche y las dos mujeres se envolvían con un pareo tailandés cada una. Ellos entraban en la playa desnudos como era el uso común de todos los bañistas. En el chiringuito pedían unas bebidas y tras avisar a Mariam por el móvil, acudían todos para tomar el aperitivo, antes se daban un baño los mayores mientras esperaban a los jóvenes. Esto es lo que ocurría habitualmente. Tras el aperitivo se enfundaban el short y cada día iban a comer a un lugar. Este era el programa general de cada día.

Llevaban ya cinco días y Jorge decidió que ese día se quedaba con Mariam para que no estuviera tan sola. Edgar y Salîm se acercaron al islote del Torn, allí pudieron ver los restos de una torre del siglo XVI, pero les supo a poco y buscaban más distracciones y encontraron que se alquilaban tablas de paddle surf y les explicaron que podían ir hasta la entrada de la Cova del Llop Marí, de la que según se cuenta era el escondite de piratas y corsarios que solían atacar las costas catalanas, lo cual, siendo incierto, es del todo creíble. Pero a los chicos les gustaba descubrir parajes entre el bosque y se adentraron cogidos de la mano y descubrieron una plazuela entre árboles de pino, que les daba suficiente sombra.

Se sentaron, se serenaron de mar, arena y sol y se contemplaron uno al otro sonriendo llenos de felicidad un rato, allí mismo, bajo un cielo azul semi cubierto por las verdes acículas de los pinos. Hacía calor, pero agradable, no era un día excesivamente ardiente y se besaron en la tranquilidad del bosque. Luego se levantaron y apartaron las piedras para poderse tumbar en el suelo y comenzaron con un 69 para calentarse, pero no quisieron llegar hasta el final, por lo que iniciaron un annilingus premeditado, iban a hacerse disfrutar con la lengua hasta eyacular a la fuerza sin tocarse los genitales: un juego de boca, lengua y fricción en las tetillas sin más prisa que la del placer. Inició Salîm y Edgar continuó copiando lo que hacía Salîm. Cuando Salîm se tumbó sobre el suelo para la formación del 69, Edgar se tumbó inversamente sobre su compañero, doblando las rodillas para ofrecer el culo a la altura de la cabeza erigida de Salîm. Entonces Edgar dobló sus piernas para elevarlas y dar paso a la inclinación de Edgar para pu siera su nariz a la altura del ano de Salîm. Solo entonces dobló Salîm un poco las rodillas para cobijar el cuerpo de Edgar. Salîm  abría las nalgas de Edgar para succionar su ano con su boca, mientras Edgar lo imitaba apoyando las manos en el suelo y metiendo su nariz entre las nalgas de Salîm. Cuando Salîm inició sus besos con los labios justo en el redondel del ano, comenzó Edgar la suspirar y enseguida dijo:

— ¡¡Cómemelo!!

Y se puso a comérselo igualmente a su amante. Parecían no cansarse nunca, comenzaron besándose, pero Salîm fue el primero que pasaba su rasposa lengua sobre la parte central y más fina del ano. También Edgar comenzó a lamer y a empujar hacia el interior del culo de Edgar. Los culos de los dos chicos son jóvenes, lisos, los pocos peos que pudiera haber han sido rasurados entre ellos mismos, son culos sin tropiezos, limpios y sanos. Han sabido guardas su higiene y en la mañana han realizado su ducha intestinal. Ahora solo saben a cada uno de ellos y ambos a un poco de sal marina, que hace más sentido el sabor y el placer. Van pasando su lengua desde el centro del surco glúteo a los esfínteres, presionando para penetrar la lengua lo más que se puede al interior. Luego pasan por debajo del ano hasta el escroto, lamiendo suavemente el perineo para producir mayor placer.

Tras un largo rato haciendo esta operación, Salîm aprieta el ano con la yema de su dedo índice, surge un gemido de parte de Edgar y le ofrece a Salîm la misma sensación. Entonces van turnando entre besos, lengua y dedos, hasta que Edgar introduce el dedo pulgar al interior totalmente, y Salîm intenta meter el dedo del corazón con diversidad de caricias y suavizando la dilatación de los esfínteres, poco después mete el pulgar junto con el interior medio dentro de Edgar y Edgar suspirando intenta imitar a Salîm hasta que lo consigue. Pero exclama:

— ¡Cabrón, Salîm, méteme tres y luego cómeme!

— ¡¡Ahí va!!

— ¡¡¡Aaaagggh…!!! ¡Qué rico!, exclama Edgar.

Edgar no lo piensa dos veces e introduce los tres dedos con mucha saliva que va soltando a la misma boca del ano

— Ese por lo mucho que te amo.

Y comienzan un movimiento de dedos, hacia dentro y hacia fuera, las pollas se han puesto duras, vibrantes y a punto de explotar y ¡explotan!. Todo su semen y en abundancia cae en medio de ellos, salpica ambos cuerpos, pero la mayor parte cae sobre Salîm. Se endereza Edgar y comienza a lamer esa fructuosa mezcla de los dos espermas juveniles y besa a su amante que le corresponde para intercambiar el sabor de dos productos aleados en uno. Quedan quietos, diciéndose en voz bala palabras de amor, de cariño y de agradecimiento. Los restos de semen se han secado, ellos están agotados, necesitan un baño para aliviarse de sus amorosos esfuerzos y luego una ducha para estar listos antes de irse a comer.

— Si esto es así, ¿qué no será cuando decidamos introducir nuestras pollas?, preguntó reflexionando Edgar.

— Cuando nos decidamos, sabremos que es mucho mejor, — respondió Salîm.

Se fundieron en un prolongado beso, se enderezaron, se pusieron de pie. Edgar limpió de tierra la espalda de Salîm y salieron directamente al mar. Desde lejos los divisaron sus padres. Ellos fueron paulatinamente hacia el lugar donde estaban Jorge y Mariam tumbados donde las olas penetras en la tierra y se vuelven a retirar, se tumbaron al lado de ellos. A Jorge, que se dio cuenta al mirarles sus pollas que habían tenido alguna forma de amor, se le erigió la suya y dio media vuelta para enterrarla en la arena y el agua.

Ya sabían cómo hacer todos los días bajo las acículas de los pinos, para mostrarse su amor y complacerse juntos. Ellos sabían que eso lo iban a repetir y comenzaron a fijar la fecha para expresarse plenamente el amor.

Desde L’Hospitalet de l’Infante se pueden realizar excursiones para visitar Port Aventura, a 20 minutos (27, 8 Km), parque temático para pasar un día; Monasterio de Poblet, a 49 minutos (69, 3 Km); Acueducto de les Ferreres, a 25 minutos (38, 1 Km); Tarragona, museos y catedral, Circo romano de Tarragona, a 34 minutos (42, 3 Km). A estas actividades se dedicaban o bien por las tarden o en días alternos, además, visitaron el Arco de Bará, la Villa dels Munts en Altafulla, la ciudad de Tortosa, la Torre de los Escipiones, etc., aprovechando para comer o cenar en alguna de las poblaciones alrededor. Nuestros muchachos, en pleno viaje de vacaciones, acudían a todo para hacer feliz a sus padres, hermana y futuro cuñado, pero pensaban en ellos dos, deseaban que llegase la noche para estar solos y manifestarse sus muestras de cariño.

Uno de aquellos días, Jorge se acercó a Edgar, con quien tenía más libertad que con Salîm y le preguntó tras una extensa conversación hasta aproximarse al tema:

— ¿Vosotros mantenéis relaciones sexuales?

A lo cual contestó Edgar:

— Nosotros nos expresamos nuestro amor, mejor, nuestro cariño, y progresamos en nuestros afectos conforme lo vamos necesitando.

— ¿No tenéis necesidad de sexo?, —insistió Jorge.

— Tenemos necesidad de amarnos, y eso lo hacemos, desde que nos cogemos de la mano, nuestros besos, nadando en el agua, comiendo, sonriendo, tocándonos, etc.

— Pero no hacéis sexo de verdad, es decir, follar, lo que se dice follar…, —decía Jorge.

— Igual no ha llegado el momento, tampoco tenemos prisa, contestó Edgar.

— ¿Pero tú o Salîm no te la mete o se la metes por el culo para follar, penetrar?

— Todavía no, —contestó Edgar.

— Sois raros vosotros, ¿no?, —dijo Jorge.

— Somos como somos, pero todo a su tiempo, —respondió Edgar a Jorge y añadió— y tú, ¿qué haces con Mariam cuando te calientas, como el otro día en la playa que te diste la vuelta cuando nos viste a nosotros empalmados?

— ¿Te diste cuenta? ¿También se dio cuenta Salîm?, —preguntó Jorge.

— Y Mariam también se dio cuenta…

— ¿Cómo lo sabes? ¿Ha dicho ella algo?

— Se rió con nosotros cuando te vimos empalmado y te pusiste boca abajo; además, lo hiciste tan mal…, como si no se te notara por el culo de ver cómo te meneabas…, ¿qué te diría ella si se lo insinuaras?, ¿no duermes en la misma habitación?

Un tanto avergonzado respondió Jorge:

— No, me da un no sé qué, ¿qué pensaría ella?, ¿qué pensarían sus padres?

— Eres idiota y tonto del culo ex profeso, hombre, ¿tú crees que sus padres contratan una habitación para vosotros dos y se chupan el dedo?, ¿crees que Mariam acepta una habitación contigo para nada? Ahora mismo, te vas a una farmacia y te comprar un par de tiras o tres cajas de profilácticos y aprende a excitarla. Pasa luego, a la noche, apenas llegar, por la habitación nuestra y te doy un bote de lubricante del que uso para mis pajas.

— ¿Quieres que me atreva?

— No, yo no quiero nada, pero la chica está sin ganas, porque no le das gusto, juntad la cama y dormid juntos, respondió Edgar.

— ¿Vosotros lo habéis hecho?

— ¡Joder, con si nosotros!, tú eres tú y Mariam te desea, anda y ¡ten huevos para enamorarla! y hazla feliz, no te comportes egoístamente, haz que disfrute.

Esta conversación discurrió en un momento en que caminaban por la calle ambos juntos y los demás iban delante en dirección a un restaurante. Pasaron por una farmacia y Edgar, que la vio vacía, agarró a Jorge del brazo y lo arrastró dentro para comprar profilácticos, estaban en un stand de la derecha, tomó tres cajas y se fue a caja, diciéndole a Jorge:

— ¡Hala, toma y paga!

La cajera se sonrió al escuchar la frase de Edgar. Luego pasó este con tres cajas de chicles y le dijo a la cajera:

— Estos son para besar a gusto.

Le subieron los colores a la chica de la caja, Edgar pagó y salieron de allí. Edgar le dijo que los pusiera en la bolsa, que a nadie le importa nada porque no había que ser tan evidentes, y añadió:

— Tienes que hablar con papá Tawfîq, y habla de todo esto con libertad, él te quiere y quiere a su hija, de lo contrario tú no estarías aquí.

— Ya sé que contigo tiene mucha confianza, —dijo Jorge.

— Creo que sí, pero no es él quien ha de tener confianza en mí sino yo en él, es decir, ahora tú has de tener la confianza para hablar con él aquí en estas vacaciones o apenas llegar, has de contarle qué deseas hacer con tu matrimonio, cuánto quieres a Mariam y preguntarle si es momento de tener relaciones sexuales, y si las has tenido ya, y si le parece bien o mal porque te merece todo el respeto del mundo y él te aconsejará, como me aconsejó a mí y seguirá aconsejándome por el amor que le tiene a su hijo; pues por el amor que te tiene a su hija, te amará igualmente a ti.

— Eres genial, —dijo Jorge.

— No, tú has de ser genial, —respondió Edgar.

Sin título

EDGAR Y SALÎM: un beso blanco

Así rubricaron su amor y seguirían rubricándolo del mismo modo con frecuencia. Habían entrado en lo que significa ser novios entre los chicos gays. En los tiempos actuales desde hace poco los chicos gays pueden contraer matrimonio civil y se podría decir que desde ese momento es cuando forman pareja en serio, viven en una misma casa y se organizan como familia. Todo esto en términos generales, porque cada caso es diferente. Lo mismo ocurre entre los heterosexuales. Desde el momento que se casan son esposos y forman un hogar que esperan sea ocupado por otros que son los hijos e incluso algún otro familiar por necesidad.

Pero esta regla general, en los tiempos actuales ha variado ya mucho respecto a no hace mucho tiempo. Las relaciones personales entre dos personas que se aman, sea chica-chica, chica-chico, chico-chico, están ahora en otro ámbito mucho más libre, un ámbito en el que la decisión de los dos es personal y socialmente más importante que la formalidad ante el sacerdote, el alcalde, el juez o el notario. De este modo, dos chicos —vamos a lo que se trata— que antes hubieran guardado un cierto tiempo para tener relaciones sexuales y de modo escondido, casi siempre iguales, sin experimentar posturas diversas, debido a las premuras para no ser sorprendidos o por las inconveniencias y dificultades del lugar. Cuántas veces dos chicos deseaban hacer el amor y quedarse juntos después para saborear los minutos vividos, habiendo preparado sus cuerpos y sus mentes con los “previa” mediante besos, tocamientos, palabras cariñosas, pero tenían que actuar en silencio y rápido, algo que, de no ser por la voluntad expresa, en poco se diferencia de una violación, sin tiempo para despojarse de sus ropas y sin poder pronunciar palabras ni gemir ni suspirar, casi sin disfrutarlo…

“Miraculeusement” estos tiempos no tan lejanos van pasando en la sociedad en general y, aunque todavía quedan algunas fobias contra ciertas conductas —cual es la homofobia—, los chicos son más y mejor comprendidos, amados y deseados en su propia familia. En cierta ocasión, estando reunido con algunas damas que por mediación de una de ellas querían escuchar una defensa de la homosexualidad, comencé a decir que la homosexualidad era tan indefendible como la heterosexualidad, que no era cuestión de defender la homosexualidad como si quisiéramos que todo el mundo fuera homosexual y entonces llegaría un momento en que una minoría sería heterosexual y estaríamos en la misma posición, aunque a la inversa. Lo que iba a defender era la libertad de un homosexual, transexual, lesbiana o pansexual para actuar como desee, cumpliendo las leyes justas y no provocando daños seguros a los demás. «Si ustedes tienen en su casa tres hijos y uno es homosexual —les decía— han de tratarlo como a los demás, pero igual que respetan a los otros dos que les gustan las chicas y buscan enamorarse con una, respeten al chico homosexual que le gustan los chicos y piensa juntarse con uno. Hay muchos beneficios en hacerlo así y pienso que el más importante es que ayudaríamos a la estabilidad en las uniones. Se habla de que los gays son promiscuos y débiles en la fidelidad. Gran error; en general, el ser humano poco formado puede ser promiscuo y quizá sea débil en la guarda de la fidelidad. Si educamos a los chicos en el amor y en las virtudes de generosidad, fidelidad, grandeza de espíritu, tanto heterosexuales como homosexuales estarán más pertrechados para ser fieles…. Puedo asegurarles, señoras, que hay más prostíbulos a los que acuden hombres casados que prostíbulos para gays. Pero los gays lo tienen más fácil que los hombres casados, porque estos están vigilados y controlados y los chicos gays solo espiados. Por ejemplo, un señor casado acude a su casa tarde y en horas fuera de trabajo y la mujer le inspecciona desde los calzoncillos hasta la corbata, mira su tarjetero, su móvil y huele todas las partes de su traje para descubrir olor de perfume femenino. Un chico gay va a casa y nadie le controla más que la hora y él lo escuda todo con los amigos y podría haber estado trabajando de puto o chapero. El exceso de control invita a las mentiras, engaños y mala vida, la tolerancia, el cariño familiar, la aceptación invita a la verdad, seguridad y confianza». Una señora dijo públicamente que le hubiera gustado que sus hijos fueran gays porque los tendría aún en casa, mientras que ahora tiene que ir a verlos, porque ni le muestran los nietos, pues lo peor que le había ocurrido a ella —decía— era tener nueras. Aunque esto me parece exagerado valga un botón de muestra.

Lo que venimos diciendo se refiere a nuestra pareja. Edgar y Salîm han decidido ser novios en la actualidad, no en la prehistoria o historia pasada. Y la atracción sexual que sienten entre sí es remedio de sus apetitos, como aquello que han dicho siempre los moralistas: “remedio de la concupiscencia”. No están siempre “tirándose”, pero sienten los mismos deseos que puede sentir cualquier otro chico de su edad, solo que no tienen un condicionamiento que preocupa a otros chicos que son heterosexuales, el embarazo de la chica y el consiguiente aborto. Esto puede hacerles más intrépidos en el uso del sexo. Edgar y Salîm se dan placer uno al otro, se tocan, se besan, se masturban juntos, piensan que esto y lo que pueda venir más adelante son los entretenimientos y expresiones para manifestarse lo mucho que se quieren en la intimidad, junto con otras muchas acciones que realizan ante cualquier otro de sus familiares, muy comunes a todos. En sus casas son totalmente aceptados y piensan que es normal que los chicos tengan pasiones y se ayuden a descargarlas y que es normal que se quieran y se expresen el amor. Saben que de ahí no deben pasar ni desear saber más. De hecho ellos mismos ponen sus ropas a la lavadora, tanto las de cama como las de vestir, la tienden, la planchan y la guardan. Son ellos los que limpian sus baños. Van proyectando su vida sin la mujer en casa, por eso —entre otras cosas más— no tienen principios machistas —lo que en tiempo no tan lejano se interpretaba como afeminados u homosexuales. Los primeros secretos de los chicos gays es que a nadie le importa su intimidad y esto procede a que prescindan de sus mamás y hermanas para tareas domésticas, es otro índice de reconocimiento de la propia orientación sexual, van poco a poco dejando a la mujer fuera de su intimidad fisiológica y sexual, pero la mantienen en lo intelectual, es decir, las mamás primero y las hermanas y primas después se convierten en consejeras al comienzo y en cómplices más tarde. Por eso las primeras en darse cuenta de que un chico es gay son sus mamás y sus hermanas mayores. En la medida que estas mujeres actúan dentro del marco permitido por el hijo o hermano, están aceptándolo, amándolo y quizá deseándolo como hermano gay. Para el chico heterosexual, la mamá y/o alguna hermana mayor va siendo sustituida por la novia paulatinamente, una vez casado, la mamá y/o hermana es desplazada. Para el chico gay, no existe la sustitución de su mamá ni hermana, él mismo sustituye tareas de la mamá, pero no los amores ni propiamente la mamá; la mamá interpreta esto como debilidad del hijo y está más cerca del hijo, pero el hijo está cada vez más lejos de su madre y busca a otro chico para rellenar el espacio de amor maternal que se va vaciando. Son cosas y remedios de la naturaleza.

Un caso raro o extraño o poco común ocurre con Edgar y Salîm. Ellos no pueden escapar del marco que hemos diseñado, pero quizá por la necesidad del padre de Salîm, que no quiere dejar su puesto como padre y quiere estar en el corazón de su único hijo varón y gay, tiene más cuidado de estar cerca de él. Ha conseguido con maña paternal penetrar en el corazón de Edgar, de modo que en lugar de un hijo, ahora tiene dos y sabe que ha de tratarlos de modo diferente a cada uno, pero sin descuidar el referencial de cada uno de ellos, que es el otro. El señor Tawfîq los distingue bien, pero no trata con ninguno de ellos nada sin referirse al otro, de esta manera asegura su permanente paternidad y el agrado de los muchachos, en los que, por supuesto, se complace. No entramos a preguntar ni el señor Tawfîq se preguntaría cómo le gusta que fuera o hubiera sido su hijo. Él no se interroga este asunto, su hijo es el que es y eso le basta; se interroga cada vez cómo ha de tratar a su hijo Salîm sin chocar ni con Edgar ni con el propio pensamiento de Salîm. Por eso algunas veces cuando quiere hablar con su hijo, pregunta a Edgar su parecer. El señor Tawfîq sabe que intelectualmente Edgar es superior a Salîm, pero no hay manos en el mundo que puedan sustituir las de su hijo. Pero Edgar piensa lo mismo, incluso Salîm piensa del mismo modo. He aquí tres hombres que se entienden perfectamente, a veces con solo mirarse. Para el señor Tawfîq Edgar es lo mejor que le ha ocurrido a su hijo. Quizá, haber tenido cuatro hijas puede haber puesto al señor Tawfîq en una especie de custodia y predilección hacia el menor de todos, un varón muy peculiar, con ideas muy varoniles, físicamente muy varonil, incluso en su voz, y con orientación sexual varonil. Es la perfección del macho alfa gay, que además se ha encontrado con otro macho alfa, aunque ambos son del todo versátiles y todo les agrada, aunque lo primero es complacer al amante.

Están en pleno verano, no son juguetones, quieren ambos trabajar en el taller para estar juntos cuanto más tiempo mejor; tienen una tarea marcada por el señor Tawfîq, la sustitución del técnico y su ayudante que salen de vacaciones durante el mes de julio. Así que piensan tener todo el verano trabajo, lo cual implica de lunes a viernes, desde las 8 de la mañana a las 6 de la tarde, excepto las tres horas de almuerzo, desde la una a las cuatro de la tarde. Pero cuando el trabajo urge disminuirán una hora, dos o todas para el almuerzo y se comerán un bocata que su padre les conseguirá. Pero el señor Tawfîq no es un sátrapa y sabe el tesoro que tiene. Cuando ocurra eso, esa noche cenarán en un restaurante y él departirá con “sus hijos”, tal como los llama siempre y presume ante los demás.

Una de esas ocasiones en que no interrumpieron para almorzar porque un coche daba mucho trabajo —desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde—, mientras Salîm trabajaba Edgar le sujetaba el bocata para que le diera mordiscos y luego Edgar daba un mordisco a su bocata. El señor Tawfîq los observaba desde su despacho. Edgar se encargó de que Salîm no parara el trabajo y le daba conversación, le mostraba el bocata con la mano derecha y Salîm mordía, luego Edgar mordía el suyo que lo tenía en la mano izquierda. Al mismo tiempo comenzaron, al mismo acabaron. El señor Tawfîq disfrutaba de verlos y a la vez sufría de verlos empeñados en su tarea. Levantó el teléfono y reservó para cenar. Avisó a su esposa si quería que pasaran por ella, pero tenía que atender a las chicas.

A las 6 de la tarde habían pasado la nota de reparaciones por contabilidad y se fueron a la ducha, allí dejaron todo el sudor, suciedad y cansancio. Salieron contentos y felices y a pesar del bocata, tenían hambre de presidiario.

Sentados a la mesa, el señor Tawfîq había pedido tres whiskys para hacer boca. Tampoco les dio a elegir la cena ya que era el menú de degustación. Ellos, que ya lo habían hablado antes entre sí, comentaron con el señor Tawfîq —que se había convertido en su confidente para casi todo—, si siendo tan jóvenes y con el serio compromiso para ser siempre uno del otro podían realizar cualquier tipo de relación sexual entre ellos.

Con la paciencia, mesura y lentitud habitual les preguntó por los resultados de sus respectivos análisis.

— Estamos limpios los dos, —dijeron a coro.

— Me lo imaginaba, —dijo su padre con la misma mesura.

— ¿Entonces?

— Vosotros, hijos míos, no vais a hacer lo que yo os diga, ni yo debo pretenderlo; yo no puedo pensar en cualquier momento ahora mis hijos están haciendo esto o lo otro (pausa larga). Me convertiría en un malpensado o alcahueta…, no; para mí, que os quiero, que os veo trabajar, estudiar y vivir, sois dos amantes como esposos, haced el amor y amaos; si de vez en cuando no hacéis el amor u os cansáis de manifestaros el amor, habréis matado vuestra vida. No preguntéis a nadie qué manera, qué posturas, qué tenéis que hacer, solo os recomiendo la higiene, que vuestros actos íntimos no sean solo placer sino expresión de amar y discutid alguna vez que eso no es malo.

— No podemos discutir, papá, —dijo Edgar.

— ¿Por qué?, —preguntó papá Tawfîq.

— Estamos de acuerdo en todo, —respondió Salim.

— Cuando llegue alguna discusión entre vosotros, no os preocupéis, es bueno, pero hacédmelo saber.

— ¿Cuando tomarás vacaciones, papá?, ¿cerrarás un tiempo el taller?, —preguntó Salîm.

— ¿Por qué preguntas eso?, ¿te ha dicho algo mamá?, —dijo papá Tawfîq.

— No; nosotros estábamos pensando que te fueras con mamá y las chicas de vacaciones que nosotros abriríamos el taller, respondió Salîm.

— Estos chicos…, ¿queréis matarme? Vosotros habéis hecho un año de esfuerzo inconmensurable y ahora me sustituís al que se va a quedar en el taller cuando cerremos. Él se quedará por si hay una emergencia rápida y uno de los contadores que quiere las vacaciones en Navidad se quedará con él. Ellos dos van a estar la primera quincena de agosto, nosotros nos iremos todos de vacaciones y el taller cierra para todos la segunda quincena de agosto, —concluyó papá Tawfîq.

— ¡¡Quéeeee!!, —exclamaron los dos muchachos— ¿nos quedamos sin trabajo? —añadió Edgar.

— Edgar, ¿te acuerdas cuando hace un año tu papá quería llevarte a Tarragona un fin de semana y que no fuisteis porque Salîm se puso enfermo repentinamente?

— Sí.

— Pues tu papá me ha dicho que vamos a ir este año los ocho.

— ¿Qué ocho?, —exclamaron los chicos.

— Tus papás, Miriam y Jorge, vosotros dos y mamá Nadir y yo.

— ¿ Y mis hermanas qué?, —preguntó Salîm.

— Tus hermanas se van de campamento con Aurelio, y Serafín se va de voluntario como tutor al mismo campamento.

— Papá Tawfîq…, Serafín no se va de voluntario, no, es un granuja —decía Edgar con mucha sorna—, hace tiempo peleó con su novia y está viniendo por el barrio y se ve con Adila; ¡ah!, y a mí me da que Aurelio se está enamorando de Zareen… —se quedó sonriendo con sorna— pienso que eso es lo que pasa…; pronto tendremos que buscarle un novio para Bashira…

— ¿Y tú sabías eso y no me has dicho nada?, —protestó Salîm.

— Sí te dije, —respondió Edgar.

— ¡No recuerdo que dijeras nada!, —volvió a protestar Salîm.

— Me dijiste que no quieres saber nada de los novios de las chicas, —se quejó Edgar.

— Sí, sí recuerdo, qué tonto soy, ¡si son mis hermanas!, —dijo Salîm muy arrepentido de no quererse enterar.

— A Tarragona, ¿dónde?, —preguntó Edgar.

— A un lugar que tú has pedido muchas veces a tu papá, idea que le gustó a Miriam y a Jorge, los mayores iremos para que no os hagáis daño…, —contestó papá Tawfîq.

— ¿Dónde es, Edgar?, —preguntó Salîm.

— La playa del Torn, en L’ Hospitalet de l’ Infant, —respondió sonriente y muy contento Edgar.

— ¿Te gusta, verdad?, —preguntó papá Tawfîq.

— Claaaaarooooo que síiiiii, —exclamó Edgar.

— ¿Qué hay allí?, —preguntó Salîm.

— A la noche te cuento todo, hace años que no he ido, antes mis padres iban, pero te contaré, —dijo Edgar mientras socarronamente se sonrieron papá Tawfîq y Edgar.

— Te gustará, te gustará, —dijo papá Tawfîq a Salîm.

Edgar se levantó, besó a papá Tawfîq y luego a Salîm. Cuando estaban de regreso hacia casa, llamó a su mamá para decirle que estaba bien y cómo habían quedado tanto tiempo en el taller y que habían ido a cenar casi a las 8 de la tarde, pues solo habían comido un bocata y cómo había estado la comida. Le contó todo menos lo del viaje programado. Preguntó por su papá, calculando que casi eran las 10 de la noche, aunque era aún de día. Su mamá le pasó el móvil a su padre.

— Hola, dime, ¿cómo estás?

— Yo, bien papá, ¿y tú?

— Bien, bien, un poco cansado, pero bien, sí, gracias, hijo…

— ¿No vas a tener vacaciones este año tampoco?

— Bueno, ahí te quería decir, pues sí, voy a tenerlas, sí, hijo…

— Ah, ¿sí?, y… ¿qué vas a hacer?

— ¿Qué quieres que haga?

— Ah, que descanses tú y que descanse mamá…

— Y tú ¿no?

— No sé, como estoy con Salîm, pues… ya sabes, ¿no, papa?

— Te entiendo, hijo, ¿cuando nos vemos?

— Puessss…, ¿qué te parece el domingo?

— El domingo os venís y hablamos, pero pregúntale al señor Tawfîq y mañana me cuentas.

— Vale, papa, un beso para ti y otro para mamá, pero dáselo de verdad que yo te lo devolveré…

Se puso a llorar de emoción y Salîm se incorporó y lo abrazó. Fue entonces cuando, una vez animado, le dijo a Salîm que el viaje a Tarragona era para darle gusto porque su padre sabía que le encantaba ir a una playa naturista. Irían a un hotel en L’Hospitalet, alquilarían bicicletas y se irían a la playa, los mayores no irían o irían alguna vez, si no hacía mucho calor, paseando o en coche lo más cerca que pudieran.

— ¿A Mariam le va el nudismo?, preguntó Edgar.

— A Mariam, si no ha cambiado ahora, no mucho, pero a Jorge sí —respondía Salîm—, seguro que ella lleva biquini, pero él sí se va a desnudar y nosotros también.

— Por supuesto, es delicioso bañarse y tomar el sol desnudo. Van a ser quince días de puta madre, dijo Edgar.

— Pues eso hemos de prepararlo desde esta misma noche. Comenzaron a desvestirse uno al otro. Edgar se le echó al cuello a Salîm y se puso a besarlo apasionadamente. Le daba unos besos profundos, con lengua incluida, entre besos mezclaba mordisquitos en los labios, lóbulos de las orejas, cuello, pechos, pezones…, Salîm le secundaba, claro. Expresaban un cariño hermoso y desesperado que fluía y manaba de sus cuerpos con sensualidad y ternura, con unas ganas locas de amar y ser amados y además muy novedoso. Se acariciaron, se besaron y se lamieron, en un común temblor de ilusión por la noticia de tales vacaciones… Edgar se sorprendió al notar que Salîm tenía muy duros sus pechos, muy fuertes sus abdominales, muy varonil y sensible que se manifestaba… Salîm metió sus manos por debajo de las nalgas de Edgar y le sobó el culo, Edgar hizo lo mismo. Entonces le dijo:

— Al fin…, al fin vamos a estar pública y oficialmente de novios haciéndonos el amor desnudos.

Se tumbaron y se pusieron a frotar una polla contra la otra. Salîm sobre Edgar y las caras juntas aliviándose con un permanente e inquietante beso. De inmediato, se pusieron a hacer el 69, y Edgar devoraba el mástil de Salîm que olía a semen ya, lechada limpia de chico inocente y majo. Él también chupaba la polla de Edgar, de principio a fin. 

Entonces Edgar le dijo a Salîm que realmente ya la tenía muy dura y se la tocó con las manos; en realidad, se la agarró. Sorprendentemente Salîm no solo es que no se resistió, sino que incluso le gustaba que Edgar se la agarrase, así que este empezó a pajearle lentamente. Salîm respondió de la misma manera. Como si fuera una novedad y nunca hubiera visto una polla, comenzó a jugar con el prepucio de Edgar para ver si podía cubrir totalmente el capullo para luego soltar y dejar que saliera nuevamente. A Edgar eso le excitaba mucho. Cada vez se iba poniendo más morbosa la situación.

Así que, tomando Edgar la iniciativa, le sugirió a Salîm que se hicieran una paja mutua y a la vez ya comenzó a pajearlo. Salîm se reía muy feliz porque se cumplía un deseo suyo. Desde el principio se notaba que quería hacer algo más. Salîm y Edgar se estaban pajeando uno al otro, lo cual no era novedad, sino que en la mente de los dos no había final. Agarrando uno la polla del otro con ganas de competir a ver quién se correría antes, estando Edgar más empalmado y excitado que Salîm parecía que Edgar se correría primero. Cuando no podía aguantar más dejó de pajear a Salîm y le dijo que ya se iba a correr, que iba a lanzar su leche a la desesperada. Le agarró la mano a Salîm que estaba sobre su polla y le ayudó a acabársela, tirando toda su leche encima de Salîm, le llegó a la cara, al pecho, pues estaba un poco inclinado hacia él.  Luego se la acabó Edgar a Salîm. No se extendió la corrida de Salîm, porque Edgar ahuecó el glande para que la leche se quedara en su mano y apretaba el pene para que se fuera derramando poco a poco, sin apenas disparar ningún chorro a cualquier parte. Se miraban la polla el uno al otro y riendo con complicidad por lo que acababa de pasar, se metió Edgar un dedo en su boca y Salîm se metió otro, luego Edgar lamió su propia lefa del pecho de Salîm, y al que iba a recoger la que este tenía sobre sus labios, debajo de la nariz, Salîm le dio un beso corto con lengua y le pidió la mano, lamió, igualmente Edgar y recogieron todo rastro de ambas eyaculaciones y las metieron en la boca degustando. Se dieron un beso y degustaron sus propias lefas mezcladas.

— ¡Qué bueno estás!, exclamó Edgar.

— ¡Qué sabroso eres!, exclamó Salîm.

— Todo lo tienes bueno, mi amor, dijo Edgar.

— Tú eres mi bondad, respondió Salîm.

Y así, entre ternuras cada vez más susurradas y otras cursilerías, se durmieron, hablándose quedamente y olvidando la ducha.

Se despertaron pegados uno al otro y con restos de semen entre ambos cuerpos unidos a la piel de cada uno de ellos. No se habían movido en toda la noche o los cuerpos de los chicos, amparados en su propia inconsciencia, habían reaccionado impulsivamente a la continuación del placer hasta que se durmieron, hablando susurros de amor y con las bocas en un beso cruzado.