EDGAR Y SALIM: «annilingus» en 69

Estaban en la playa. La extensión de la playa del Torn en L’Hospitalet de l’Infant (provincia de Tarragona) es de aproximadamente kilómetro y medio, no tiene ninguna construcción, es un paraje natural, simplemente hay un camping naturista llamado “El Templo del Sol” que se halla en la parte superior de los acantilados. Desde el camping naturista hay un acceso a la playa, esta primera parte, la más al norte es la que está más ocupada, pero hacia el sol va poco a poco convirtiéndose en una playa muy tranquila, con los bañistas nudistas situados de manera aislada unos de otros, por el gran espacio de esta playa con 50 metros de anchura promedio. Se trata de un paisaje salvaje con pinos verdes como contraste a los acantilados rocosos y las dunas. El agua marina es cristalina, perfecto para hacer buceo y esnórquel, tal como le gusta a Edgar.

Edgar había hecho comprar a Salîm y a Jorge y Mariam unos zapatos de agua como los que él tenía, porque, aunque la arena parda es fina, a la entrada del más suele haber abundancia de piedras.

Habían tomado la costumbre de ir los cuatro en bicicleta acabado el desayuno. Tan solo unos tres kilómetros y ya estaban en la playa. Dejaban la bicicleta junto a la arena conde Mariam plantaba su sombrilla. Ella acudía poco al mar, pero le encantaba recibir las caricias de la brisa marina en todo su cuerpo. Era Mariam, pues la encargada de custodiar las bicicletas y la bolsa donde dejaban su short. Los tres chicos se iban al agua a nadar y a jugar en el agua y Mariam se desnudaba para no convertirse en un mirón. Se amparaba en la sombrilla porque ya consideraba que tenía demasiado color su piel.

Cuando los chicos acababan su primer baño, iban donde Mariam, se secaban un poco al sol y Edgar con Salîm se embadurnaban de crema protectora, pero Edgar, además, hacía poner a todo su cuerpo bronceador, para ponerse un poco moreno de playa y acabar de eliminar la marca solar de su speedo. Salîm no necesitaba, al igual que su hermana de bronceador. Pero a Jorge le gustó esa mezcla y Mariam le ponía de los dos mejunjes como hacía Salîm a Edgar. Los chicos corrían, jugaban, se llenaban de arena, Mariam leía a la sombra de su parasol. Jorge iba al chiringuito y compraba agua o gaseosa para Mariam. Todo llenos de arena se acercaban los muchachos a la ducha para limpiar sus cuerpos de arena y seguir corriendo, otras veces se metían con toda su arena en el mar y allí se ayudaban uno al otro a desprender la arena de todos sus mejunjes con lo que quedaban casi sin protección y volvían a ponerse protector los dos y bronceador Edgar solo. A los tres días ya presumía Edgar de haber emparejado su color con el de Salîm y no le faltaba razón del todo. Algo similar pero con menos fuerza le pasaba a Jorge. Hacia mediodía, aparecían los cuatro padres. Se desnudaban en el coche y las dos mujeres se envolvían con un pareo tailandés cada una. Ellos entraban en la playa desnudos como era el uso común de todos los bañistas. En el chiringuito pedían unas bebidas y tras avisar a Mariam por el móvil, acudían todos para tomar el aperitivo, antes se daban un baño los mayores mientras esperaban a los jóvenes. Esto es lo que ocurría habitualmente. Tras el aperitivo se enfundaban el short y cada día iban a comer a un lugar. Este era el programa general de cada día.

Llevaban ya cinco días y Jorge decidió que ese día se quedaba con Mariam para que no estuviera tan sola. Edgar y Salîm se acercaron al islote del Torn, allí pudieron ver los restos de una torre del siglo XVI, pero les supo a poco y buscaban más distracciones y encontraron que se alquilaban tablas de paddle surf y les explicaron que podían ir hasta la entrada de la Cova del Llop Marí, de la que según se cuenta era el escondite de piratas y corsarios que solían atacar las costas catalanas, lo cual, siendo incierto, es del todo creíble. Pero a los chicos les gustaba descubrir parajes entre el bosque y se adentraron cogidos de la mano y descubrieron una plazuela entre árboles de pino, que les daba suficiente sombra.

Se sentaron, se serenaron de mar, arena y sol y se contemplaron uno al otro sonriendo llenos de felicidad un rato, allí mismo, bajo un cielo azul semi cubierto por las verdes acículas de los pinos. Hacía calor, pero agradable, no era un día excesivamente ardiente y se besaron en la tranquilidad del bosque. Luego se levantaron y apartaron las piedras para poderse tumbar en el suelo y comenzaron con un 69 para calentarse, pero no quisieron llegar hasta el final, por lo que iniciaron un annilingus premeditado, iban a hacerse disfrutar con la lengua hasta eyacular a la fuerza sin tocarse los genitales: un juego de boca, lengua y fricción en las tetillas sin más prisa que la del placer. Inició Salîm y Edgar continuó copiando lo que hacía Salîm. Cuando Salîm se tumbó sobre el suelo para la formación del 69, Edgar se tumbó inversamente sobre su compañero, doblando las rodillas para ofrecer el culo a la altura de la cabeza erigida de Salîm. Entonces Edgar dobló sus piernas para elevarlas y dar paso a la inclinación de Edgar para pu siera su nariz a la altura del ano de Salîm. Solo entonces dobló Salîm un poco las rodillas para cobijar el cuerpo de Edgar. Salîm  abría las nalgas de Edgar para succionar su ano con su boca, mientras Edgar lo imitaba apoyando las manos en el suelo y metiendo su nariz entre las nalgas de Salîm. Cuando Salîm inició sus besos con los labios justo en el redondel del ano, comenzó Edgar la suspirar y enseguida dijo:

— ¡¡Cómemelo!!

Y se puso a comérselo igualmente a su amante. Parecían no cansarse nunca, comenzaron besándose, pero Salîm fue el primero que pasaba su rasposa lengua sobre la parte central y más fina del ano. También Edgar comenzó a lamer y a empujar hacia el interior del culo de Edgar. Los culos de los dos chicos son jóvenes, lisos, los pocos peos que pudiera haber han sido rasurados entre ellos mismos, son culos sin tropiezos, limpios y sanos. Han sabido guardas su higiene y en la mañana han realizado su ducha intestinal. Ahora solo saben a cada uno de ellos y ambos a un poco de sal marina, que hace más sentido el sabor y el placer. Van pasando su lengua desde el centro del surco glúteo a los esfínteres, presionando para penetrar la lengua lo más que se puede al interior. Luego pasan por debajo del ano hasta el escroto, lamiendo suavemente el perineo para producir mayor placer.

Tras un largo rato haciendo esta operación, Salîm aprieta el ano con la yema de su dedo índice, surge un gemido de parte de Edgar y le ofrece a Salîm la misma sensación. Entonces van turnando entre besos, lengua y dedos, hasta que Edgar introduce el dedo pulgar al interior totalmente, y Salîm intenta meter el dedo del corazón con diversidad de caricias y suavizando la dilatación de los esfínteres, poco después mete el pulgar junto con el interior medio dentro de Edgar y Edgar suspirando intenta imitar a Salîm hasta que lo consigue. Pero exclama:

— ¡Cabrón, Salîm, méteme tres y luego cómeme!

— ¡¡Ahí va!!

— ¡¡¡Aaaagggh…!!! ¡Qué rico!, exclama Edgar.

Edgar no lo piensa dos veces e introduce los tres dedos con mucha saliva que va soltando a la misma boca del ano

— Ese por lo mucho que te amo.

Y comienzan un movimiento de dedos, hacia dentro y hacia fuera, las pollas se han puesto duras, vibrantes y a punto de explotar y ¡explotan!. Todo su semen y en abundancia cae en medio de ellos, salpica ambos cuerpos, pero la mayor parte cae sobre Salîm. Se endereza Edgar y comienza a lamer esa fructuosa mezcla de los dos espermas juveniles y besa a su amante que le corresponde para intercambiar el sabor de dos productos aleados en uno. Quedan quietos, diciéndose en voz bala palabras de amor, de cariño y de agradecimiento. Los restos de semen se han secado, ellos están agotados, necesitan un baño para aliviarse de sus amorosos esfuerzos y luego una ducha para estar listos antes de irse a comer.

— Si esto es así, ¿qué no será cuando decidamos introducir nuestras pollas?, preguntó reflexionando Edgar.

— Cuando nos decidamos, sabremos que es mucho mejor, — respondió Salîm.

Se fundieron en un prolongado beso, se enderezaron, se pusieron de pie. Edgar limpió de tierra la espalda de Salîm y salieron directamente al mar. Desde lejos los divisaron sus padres. Ellos fueron paulatinamente hacia el lugar donde estaban Jorge y Mariam tumbados donde las olas penetras en la tierra y se vuelven a retirar, se tumbaron al lado de ellos. A Jorge, que se dio cuenta al mirarles sus pollas que habían tenido alguna forma de amor, se le erigió la suya y dio media vuelta para enterrarla en la arena y el agua.

Ya sabían cómo hacer todos los días bajo las acículas de los pinos, para mostrarse su amor y complacerse juntos. Ellos sabían que eso lo iban a repetir y comenzaron a fijar la fecha para expresarse plenamente el amor.

Desde L’Hospitalet de l’Infante se pueden realizar excursiones para visitar Port Aventura, a 20 minutos (27, 8 Km), parque temático para pasar un día; Monasterio de Poblet, a 49 minutos (69, 3 Km); Acueducto de les Ferreres, a 25 minutos (38, 1 Km); Tarragona, museos y catedral, Circo romano de Tarragona, a 34 minutos (42, 3 Km). A estas actividades se dedicaban o bien por las tarden o en días alternos, además, visitaron el Arco de Bará, la Villa dels Munts en Altafulla, la ciudad de Tortosa, la Torre de los Escipiones, etc., aprovechando para comer o cenar en alguna de las poblaciones alrededor. Nuestros muchachos, en pleno viaje de vacaciones, acudían a todo para hacer feliz a sus padres, hermana y futuro cuñado, pero pensaban en ellos dos, deseaban que llegase la noche para estar solos y manifestarse sus muestras de cariño.

Uno de aquellos días, Jorge se acercó a Edgar, con quien tenía más libertad que con Salîm y le preguntó tras una extensa conversación hasta aproximarse al tema:

— ¿Vosotros mantenéis relaciones sexuales?

A lo cual contestó Edgar:

— Nosotros nos expresamos nuestro amor, mejor, nuestro cariño, y progresamos en nuestros afectos conforme lo vamos necesitando.

— ¿No tenéis necesidad de sexo?, —insistió Jorge.

— Tenemos necesidad de amarnos, y eso lo hacemos, desde que nos cogemos de la mano, nuestros besos, nadando en el agua, comiendo, sonriendo, tocándonos, etc.

— Pero no hacéis sexo de verdad, es decir, follar, lo que se dice follar…, —decía Jorge.

— Igual no ha llegado el momento, tampoco tenemos prisa, contestó Edgar.

— ¿Pero tú o Salîm no te la mete o se la metes por el culo para follar, penetrar?

— Todavía no, —contestó Edgar.

— Sois raros vosotros, ¿no?, —dijo Jorge.

— Somos como somos, pero todo a su tiempo, —respondió Edgar a Jorge y añadió— y tú, ¿qué haces con Mariam cuando te calientas, como el otro día en la playa que te diste la vuelta cuando nos viste a nosotros empalmados?

— ¿Te diste cuenta? ¿También se dio cuenta Salîm?, —preguntó Jorge.

— Y Mariam también se dio cuenta…

— ¿Cómo lo sabes? ¿Ha dicho ella algo?

— Se rió con nosotros cuando te vimos empalmado y te pusiste boca abajo; además, lo hiciste tan mal…, como si no se te notara por el culo de ver cómo te meneabas…, ¿qué te diría ella si se lo insinuaras?, ¿no duermes en la misma habitación?

Un tanto avergonzado respondió Jorge:

— No, me da un no sé qué, ¿qué pensaría ella?, ¿qué pensarían sus padres?

— Eres idiota y tonto del culo ex profeso, hombre, ¿tú crees que sus padres contratan una habitación para vosotros dos y se chupan el dedo?, ¿crees que Mariam acepta una habitación contigo para nada? Ahora mismo, te vas a una farmacia y te comprar un par de tiras o tres cajas de profilácticos y aprende a excitarla. Pasa luego, a la noche, apenas llegar, por la habitación nuestra y te doy un bote de lubricante del que uso para mis pajas.

— ¿Quieres que me atreva?

— No, yo no quiero nada, pero la chica está sin ganas, porque no le das gusto, juntad la cama y dormid juntos, respondió Edgar.

— ¿Vosotros lo habéis hecho?

— ¡Joder, con si nosotros!, tú eres tú y Mariam te desea, anda y ¡ten huevos para enamorarla! y hazla feliz, no te comportes egoístamente, haz que disfrute.

Esta conversación discurrió en un momento en que caminaban por la calle ambos juntos y los demás iban delante en dirección a un restaurante. Pasaron por una farmacia y Edgar, que la vio vacía, agarró a Jorge del brazo y lo arrastró dentro para comprar profilácticos, estaban en un stand de la derecha, tomó tres cajas y se fue a caja, diciéndole a Jorge:

— ¡Hala, toma y paga!

La cajera se sonrió al escuchar la frase de Edgar. Luego pasó este con tres cajas de chicles y le dijo a la cajera:

— Estos son para besar a gusto.

Le subieron los colores a la chica de la caja, Edgar pagó y salieron de allí. Edgar le dijo que los pusiera en la bolsa, que a nadie le importa nada porque no había que ser tan evidentes, y añadió:

— Tienes que hablar con papá Tawfîq, y habla de todo esto con libertad, él te quiere y quiere a su hija, de lo contrario tú no estarías aquí.

— Ya sé que contigo tiene mucha confianza, —dijo Jorge.

— Creo que sí, pero no es él quien ha de tener confianza en mí sino yo en él, es decir, ahora tú has de tener la confianza para hablar con él aquí en estas vacaciones o apenas llegar, has de contarle qué deseas hacer con tu matrimonio, cuánto quieres a Mariam y preguntarle si es momento de tener relaciones sexuales, y si las has tenido ya, y si le parece bien o mal porque te merece todo el respeto del mundo y él te aconsejará, como me aconsejó a mí y seguirá aconsejándome por el amor que le tiene a su hijo; pues por el amor que te tiene a su hija, te amará igualmente a ti.

— Eres genial, —dijo Jorge.

— No, tú has de ser genial, —respondió Edgar.

Sin título

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