EDGAR Y SALÎM: la pedicación

Observación: La pedicación es aquella forma de conducta sexual humana, en la que el pene erecto de uno de ellos se inserta en el recto del compañero por el ano. Vulgarmente se llama sexo anal. Se trata de penetrar al compañero mediante la dilatación del ano, para producirse placer a sí mismo y al compañero debido a la proximidad de la pared de la próstata. La pedicación es trabajosa cuando es una expresión de amor y no se desea hacer daño al compañero. A veces no se tiene en cuenta el bien del otro y todo se limita a un polvo, mediante una especie de violación consentida que produce dolor. En mis escritos transmito ciertamente mis experiencias. No se trata de que los relatos son reales en cuanto a todo lo que se aúna en un solo relato, sino en exponer la experiencia de un forma de realizar el sexo de manera grata. Me interesa que mi compañero sea feliz siempre y me he juntado formando pareja con quien amo con locura que desea que yo sea feliz. Ese es el motivo que nos obliga todo lo posible por no hacernos daño, sino todo lo contrario, buscamos el placer cada uno para el otro.

84bd6608eedf52c7baf74957db98160a50530c4f_encodedFinalmente habían concluido el bachillerato y habían ingresado también en la Universidad, Edgar para estudiar medicina y Salîm para estudiar ingeniería mecánica. Alguien les había dicho que estudiaran lo mismo y así podrían ayudarse en los estudios y trabajar juntos; lo pensaron y cada uno siguió su camino profesional. Edgar quería ser cirujano, como ellos decían: “reparador de motores imparables” y Salîm quería diseñar y fabricar coches, es decir, “reparador de motores irrefrenables”. Lo que no tenía freno y era imparable es el amor que crecía en ellos y no admitieron que nadie les quitara su pensamiento. Cuando alguien se refería a la carrera de ellos, siempre contestaban “lo pensaremos”, jamás “lo pensaré”, pues todo lo tenían de los dos. La mayor ilusión de Salîm era ver convertido a Edgar en un cirujano famoso y la mayor ilusión de Edgar era poseer el primer coche totalmente construido por Salîm. Los padres se iban a encargar de que los sueños de sus hijos se hicieran realidad. Tanto fue así que el día final de los estudios de Serafín, el trabajo final en Arquitectura fue el “Hospital de Medicina Cardiovascular”, dedicado a su hermano Edgar Morales.

Ese día lo celebraron las dos familias en Navacerrada, buscando el fresco de la sierra. Allí ante todos los invitados, familia Morales, familia el Kantar, familia Fernández, unos amigos del señor Serafín Morales y algunos amigos del flamante arquitecto. Después de todas las presentaciones y discursos comenzó la comida todos en perfecta armonía, sin levantar la voz como era costumbre. A los postres, se levantó Edgar, haciendo señas para que le prestaran atención. Hecho el silencio, felicitó efusivamente a su hermano, dándole las gracias por dedicarle su trabajo de final de carrera con aquel precioso hospital, y añadió:

— … puedes darte prisa en construirlo, ya sabes dónde esta el terreno y ya sabes quien tiene el dinero —dijo mirando a su padre, por lo que todos sonrieron—, pero esto mi hermano ya lo sabe, porque dentro de tres años voy a necesitar ese hospital y luego tendrás otro encargo, una fábrica de coches únicos, porque no queremos hacerle la competencia a mi padre…, ahora bien, yo tengo dos encargos que me han hecho el honor para anunciarlo en esta ocasión y no va de broma, sino muy en serio, —silencio total en todos, incluso en los demás comensales del restaurante que nada tenían que ver, pero les gustaba el discurso— es para mí un honor y un privilegio anunciar ante todos ustedes, distinguida concurrencia el matrimonio concertado entre Don Jorge Fernández Pavía y su prometida, la señorita Mariam Nayibah El Kantar Thumala, para el día 23 de septiembre en la Iglesia de san Nicolás, a las 19:30 si Dios quiere que vivamos en aquella fecha, porque para emociones no tenemos suficientes medicamentos en el país —risas a carcajadas de todos los presentes y esperó un rato a que le prestaran atención— y ahora señores… —se silenció todo el mundo y a Edgar se le puso la nuez difícil y se le salieron dos lágrimas con lo que todos prestaron más atención y se pusieron a  mirar a Salîm, que estaba muy serio, pero se levantó y animó a Edgar a hablar, secándole las lágrimas con su pañuelo— tengo que anunciaros, queridos amigos, hermanos y padres —la voz trémula y emocionada presumía algo grave y todos tenían el alma en vilo—  que Salîm, el querido Salîm, mi queridísimo Salîm y yo hemos decidido dejar de ser amigos… —todos se interrogaron su propia vida al escuchar esto— porque hemos decidido que a partir de ahora somos oficialmente novios y prometidos… —ya no se escuchó nada más, porque se desahogaron de la pena que todos comenzaban a tener. Para remediar el asunto Salîm tomó a Edgar en un fuerte abrazo y lo besó y se besaron, inclinándose Edgar casi hasta el suelo, beso largo, beso profundo y todos comenzaron a aplaudir—.

Todos se levantaron y pasaron a felicitar al nuevo arquitecto, y a las dos parejas anunciadas. Cuando se sentaron de nuevo. Serafín se levantó, retiró su silla, se puso de rodillas frente a Adila con una preciosa sortija en la mano y le dijo:

— Adila, querida mía, soy Serafín, el que quiere tu amor, ¿te quieres casar conmigo?

Levantándose Adila de la silla, dijo:

— Sí, quiero.

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Le puso el anillo y se besaron. Aurelio y Zareen se cogieron de la mano por debajo de la mesa, pero todos los miraban también, sin decir nada. En el pensamiento de Edgar y Salîm estaba Bashira. Acabó la fiesta, todos cansados y se regresaron a la ciudad. Salîm y Edgar se fueron a casa de Salîm con el pequeño coche que Salîm había arreglado para Edgar. Lo había sacado de un cliente que lo donaba a cambio de la reparación de otro coche y Salîm aceptó para regalárselo a Edgar en uno de sus cumpleaños.

Ante todos ya eran novios, pero todos esperaban que eso suponía el concepto tradicional de novios, pero sus padre y hermanos sabían que eso significaban que en breve tiempo iban a vivir independientemente de sus respectivas familias. Esa misma noche Bashira habló con los dos:

— No me voy a casar con ningún hombre, quisiera vivir con vosotros y bajo vuestra protección.

— ¿Por qué?, —preguntó Salîm.

Ante esta pregunta, la muchacha se puso a llorar, pensando que no la iban a comprender, pero Edgar dijo:

— Salîm, no preguntes nada y dile que sí, ¿no lo ves?, ¿no lo sabes?

Salîm abría los ojos de par en par, pero no caía en la cuenta. Al rato Edgar dijo:

— Mi querido Salîm, eres listo para los coches, pero Bashira te está diciendo algo muy evidente… ¿no lo ves? te lo digo: Bashira es como nosotros, es lesbiana, y quiere vivir con nosotros no para complicarnos la vida, sino para aclarar la suya y que le ayudemos…

Salîm se levantó, tomó a su hermano de los costados, la levantó de la silla y le dio dos fuertes besos, luego dijo:

— Hermanita, cuenta con nosotros.

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Se fue a su habitación Bashira y ellos a la suya, todos felices. La felicidad que tenían era para gozarla y se dispusieron a hacerlo con el primer abrazo una vez desnudos y echados en la cama. Edgar y Salîm sabían desde muy jóvenes que su felicidad estaba no en sí mismos sino en el otro; en la medida que se daban felicidad el uno al otro, aumentaba la que venían disfrutando. Como decía su hermana Mariam “cada momento trae lo suyo”, ellos esperaron, experimentaron, se amaron, tenían claro como una evidencia que su amor no eran sus gestos, su amor no estaba en sus relaciones sexuales, pero a la vez sabían que sus relaciones sexuales eran manifestación y prueba de su amor. Esa noche sabían lo que iban a hacer, a experimentar y a aprender.

— ¿Quien comienza?, —pregunta Salîm.

— Comienzas tú, yo abajo, y tú arriba, tú activo y yo pasivo, —responde Edgar.

— Pero a mí me va a gustar también recibir alguna vez, —replica Salîm.

— De común acuerdo, cambiamos cuando nos parezca y alguna vez sorpresivamente, de ordinario yo abajo y tú arriba, —concluyó Edgar.

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Se retorció Edgar y estuvo un par de minutos mamando la polla de Salîm, pero este dio media vuelta y, poniéndose en 69, preparó la dilatación de su amante, con su boca y con sus dedos, hasta conseguir que dos de ellos entraran sin dañar, mientras la polla de Edgar estaba suficientemente siendo endurecida y amaestrada, con un poco de lubricante al pene y a su culo, se puso de rodillas como un perrito y regaló a Salîm su ano para ser atravesado. Salîm pasó su pene endurecido por la raja del culo de Edgar para que sintiera el poder del sexo y Edgar suspiró en deseos de ser atravesado:

— ¡Entra ya!

No necesitaba más que una orden para meter la cabeza de su pene en la abertura anal y fue empujando paulatinamente. No costó atravesar, aunque surgiera algún rugido de la garganta de Edgar, pero, sin mucho más que esperar, comenzó un largo bombeo, pues ambos chicos eran lentos en eyacular, lo que hacía que disfrutaran más del sexo. Pero todo lo que empieza, acaba y sintió Salîm que ya estaba a punto. Edgar sentía los espasmos de Salîm y escuchó muy fuerte:

— ¡Aaaagg, me voy, me voy…!

Y el orgasmo fue sentido por Edgar como una caricia de su amante en el interior de su cuerpo. Una, dos, tres, cuatro, cinco chorros notó y los demás ya no importaban porque lo que sentía era un auténtico riego de amor. No permitió Edgar que Salîm se saliera de su culo, le gustaba sentirse lleno de su amado, le gustaba notar el tapón que le demostraba que ambos eran uno. Pero todo llega a su fin y se durmieron abrazados, llenos de besos recibidos.

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A la mañana siguiente, muy temprano, despertaron besándose como por inercia y Salîm sintió deseos de ser poseído por Edgar. Volvieron a comenzar, pero esta vez fue Edgar quien tuvo que preparar el ano de Salîm mientras este llenaba la polla de Edgar de deseos y avidez. Ambos corazones se deseaban infinitamente y comenzaron el nuevo día como habían soñado tantas veces que ocurriría. Edgar derrochó semen para su amado y Salîm derrochó superabundantes besos de agradecimiento.

 

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Penetrar y ser penetrado entre dos corazones que se aman es la mayor expresión del deseo amoroso que dos almas gemelas pueden encontrar. Eso será siempre la felicidad de esta pareja que se fueron entregando cada vez más uno al otro y por eso tenían esa dicha en el querer y en el placer.

FIN

DE EDGAR Y SALÎM

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